Para nadie es un misterio que el fútbol chileno se debate desde hace mucho tiempo entre la ambición personal, desmedida, de algunos torpes figurones dirigentes que motivados por tener sus quince minutos de fama han logrado a través de los años que las instituciones, que en algún minuto condujeron, muestren agónicos signos de no tener ya fuerzas que los convoque a una existencia más duradera, y otros que en algún minuto de su administración lograron llevar al pináculo del éxito a los clubes de fútbol que por diversos avatares debieron administrar en momentos complicados, y se han quedado en ellos más de los que muchos desearan al amparo de otros que se sienten ampliamente favorecidos con su presencia.
Este último es el caso de Universidad de Chile, un club de fútbol mono disciplinario cuyos dirigentes a nuestro pesar se han establecido en la cúpula administrativa más de lo que cualquier mortal futbolero pueda aguantar, convirtiéndose en los hombres que por más tiempo han ostentado el bastón de mando desde la creación de la Corporación de Fútbol allá por mil novecientos setenta y cinco. Es cierto que periódicamente asumen como ejercicio democrático el convocar a elecciones para renovar la mesa directiva, sin embargo, cuando la seguridad del recinto está entregada a la barra corporativa y no a Carabineros de Chile y el acto eleccionario lo organiza y ejecuta el mismo conglomerado que se presenta a la reelección en vez de un organismo estatal, impersonal y distante como Chile Deportes, ¿que garantía real y objetiva se puede asumir de los resultados de aquella convocatoria?
Después de once años como portero titular en los cáñamos universitarios Sergio Bernabé Vargas fue convocado por los dirigentes a abandonar la institución por término de contrato, lo paradójico del caso fue que días más tarde que el arquero azul dejara el club, en una cena de desagravio que convocó a figuras políticas y sociales provenientes de todas las veredas como así también a socios al día, hinchas y barristas en un afamado centro de comidas capitalino quedó meridianamente establecido que aquella reunión de agradecimiento a Vargas juntó a más personas, cerca de 400 comensales, que los votos que sacó el actual presidente azul y su lista en la última elección del año dos mil. Muchos con certeza y razón tienden a preguntar ¿ A quienes representa entonces Orozco y acompañantes? Sabemos que Universidad de Chile tiene una plantilla societaria cercana a los diez mil individuos y que la última elección más arriba referida convocó un universo electoral no mayor a doscientas personas siendo elegido con el setenta por ciento, ciento cuarenta, de los votos el actual presidente azul, en otras palabras, el 1.4%, que en la práctica fría y trasparente se traduce en la nada misma.
Con una deuda global cercana a los cinco millones de dólares Universidad de Chile corre el serio riesgo de que en cualquier momento cualquiera de sus acreedores haciendo uso de un derecho legal se anime a solicitar la quiebra de la Corfuch, siendo éste el segundo club de alta convocatoria de nuestro balompié en caer en aquella figura jurídica, no lo deseamos, hoy la "U" cuenta con patrimonio del cual puede echar mano para solucionar la controversia económica, eso sí, previamente deberá solicitar, a nuestro juicio, del Servicio de Impuestos Internos un tasador que evalúe el precio real de la propiedad conocida como "Ciudad Universitaria Azul", con el fin de conocer cuanto valen realmente las 127 hectáreas de Lampa, sabemos que no tienen ni la cuarta parte del valor de una propiedad de similares características en huechuraba u otro sector de Santiago oriente, por tanto, hacer creer al hincha común que tenemos un patrimonio apetecido por grandes e importantes empresas a la hora de enajenar es no conocer el valor de la inteligencia de ese mismo hincha azul, algo tenemos y con ello podemos pagar pero a no olvidar tampoco que un gran sector de ese patrimonio se inunda, poseemos nuestras fuentes de información independientes, mucho más confiables que las de Campos de Deporte 565, las cuales están motivadas por un real afán de informar fehacientemente la situación azul en razón de un valor irrenunciable e inherente a toda sociedad, el valor de informar la verdad y ser informado con ella.
Nuestro deseo es ver una pléyade de jóvenes dirigentes que no utilicen en forma permanente la descalificación, la injuria y el descrédito hacia quienes surgen como adversarios, no es ese ni ha sido jamás el estilo de los Dirigentes de Universidad de Chile, la ofensa continua ha sido en los oídos de muchos hinchas el pan nuestro de cada día por más de una década, cansados de todo eso es que sin pretender que los actuales directivos cesen en forma inmediata en sus cargos, exigimos que acaben su periodo, creemos que la próxima elección azul debe contar con los estamentos nacionales que garanticen una elección limpia informada y real, donde no solo la renovación sea de nombres sino que en pos de recuperar aquél viejo estilo azul, ese que hicieron famoso Eugenio Velasco, Víctor Sierra, Emilio Torrealba, Agustín Litvak, Raúl Rettig, Antonio Losada, y tantos buenos presidentes y connotados dirigentes azules, un estilo que se iniciara allá por mil novecientos treinta y siete con Arturo Flores Conejeros, un estilo que fue orgullo y razón de toda la familia azul y que hoy yace en el rincón más oscuro del arcón de los recuerdos, eso, nada más que eso queremos.