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PATRICIA HIGHSMITH o el crimen desde el lado opuesto del espejo.
Carlos Yusti (Nota biográfica)
A Patricia Highsmith (escritora nacida en Texas y fallecida el año 1995 en Europa) le resultaba insufrible lo que escribían los cagatintas culturales. Le fastidiaba que escribieran en sus crónicas que le gustaban los gatos, que era una persona amargada y algo huraña. Que era una fiera con eso de su privacidad. Pero sobre todo no compartía en lo absoluto que la encasillaran como una escritora más de novelas policiales o como ella misma lo afirmó en alguna entrevista: "…no siento la menor atracción por la novela policiaca. Alguna vez las hojeé, y no me fue fácil. Debo haber leído a Raymond Chandler y, si la memoria no me falla, dos o tres obras de Agatha Christie. Pero sería incapaz de contarle a usted de qué trataban." Y en verdad las novelas de la señora Highsmith se apartan ostensiblemente de las novelas negras tradicionales, con un detective que se enfrenta a un homicidio, o cualquier otro problema que involucre un delito, y atraviesa, en el transcurso de su investigación, por infinidad de contratiempos. La señora Highsmith desecha dicha formula por completo. En sus historias los asesinos y malhechores son los protagonistas. No hay buenos ni malos, todos son juguetes de sus instintos y obsesiones más profundas. Highsmith hurga en la psicología de sus personajes, los describe en lo profundo de su alma al punto tal que el lector llega a compenetrase con ellos, a solidarizarse con sus inhumanas acciones.Su primera novela, "Extraños en un tren", la cual fue llevada al cine por Alfred Hihtcock, era para Raymond Chandler, maestro indiscutible del género policiaco, "una historia algo sosa cuya intriga descansa en un absurdo". La novela narra la historia de un hombre dipsómano que se encuentra en un tren con un joven arquitecto y le hace la insólita propuesta de asesinar a su esposa, a cambio él hará lo propio con el padre del arquitecto. Enrique Serna ha escrito: "…el gran hallazgo de la Highsmith fue su compenetración con los personajes neuróticos y perversos que en las novelas de Chandler y Hammett sólo aparecen tras bambalinas." Los personajes creados por la escritora texana son egoístas, ambiciosos, insolidarios y calculadores. Están deseosos en alcanzar buena posición social y no les importa llegar al asesinato para lograr sus objetivos. Además, presenta sin máscaras a sus personajes y uno como lector cae en la cuenta de los defectos propios, que uno posee como ser humano. A medida que avanzamos en la lectura de alguna de sus historias, la escritora, con gran sutileza, va llevándonos por los laberintos más íntimos de los personajes, por sus sueños, sus ilusiones y sus anhelos, no enfrenta sin empacho alguno con una patología
que perfectamente puede afectarnos a cualquiera de nosotros.El personaje más sugestivo creado por la escritora es sin duda Tom Ripley. En la primera novela de la serie ("The talented Mr Ripley"), traducida al castellano como "A pleno sol" (el mismo nombre de la versión cinematográfica y con Alain Delon como Ripley), nos presenta a un joven encantador, despreocupado, inseguro e insatisfecho que planea, casi por azar y como un juego un asesinato. La novela termina cuando Tom Ripley queda libre de toda sospecha y recibe como recompensa la herencia de su víctima más una casa a las afueras de París. A esta primera andanza de Ripley le siguieron otras novelas no menos brutales como "El amigo americano", de la que Win Wenders realizó la versión fílmica, "Tras los pasos de Ripley". En toda estas historias urdidas por Highsmith el encantador Ripley sigue asesinando y escapando sin un asomo mínimo de piedad y a pesar de que se ha casado y ha refinado en grado sumo sus gustos prosigue en su afán de éxito sin tener la intención de esforzarse mucho.
Este tratamiento poco sutil que hace la escritora sobre el crimen la fichan como un apologista solitaria del mal. No obstante con respecto a esto ha tratado de alegar, con más amargura que sentido común, lo siguiente: "La pasión del público por la justicia me resulta aburrida y artificial, porque ni a la vida ni a la naturaleza les importa que haya o no justicia."
Más que genios del mal los personajes de Highsmith son seres comunes con aspiraciones más bien mundanas y materialistas. No tienen una vida espiritual plena y se conforman con el bienestar material, sólo les interesa su esfera privada de existencia.
Otras novelas de la autora rastrean las obsesiones de individuos a quienes sus sentimientos le juegan una mala pasada y los conducen al crimen. El protagonista de "Mar de fondo", asesina a los amantes de su mujer en su mente que poco a poco no distingue ya la fantasía de lo real y comienza a eliminar en verdad a los amantes de su esposa. En la novela "Ese dulce mal", una de mis preferidas, pero que no he podido releer de nuevo, el protagonista está enamorado. Sólo que todo ocurre en su mente, ya que la mujer a la que brinda todos sus desvelos ni se
entera hasta que es muy tarde.Su novela "Diario de Edith" se aparta bastante de la formula que Highsmith ensayó en otras novelas. En dicha novela el lector asiste a la relación sadomasoquista de una madre con su hijo. Novela psicológica donde la escritora
subraya de manera profusa (y hasta cansona) más la patología de los personajes, su mundo interior y las tira tes relaciones entre Edith y su hijo.Para Patricia Highsmith el público sólo estaba interesado en la brutalidad, sólo estaba interesada en alimentar su morbo. Ella con sus libros trató de colmar esosraros apetitos y apostó por el mal sin alternativas posibles. Intentó escribir el crimen desde el lado opuesto del espejo: buscaba reflejar el espíritu de una época entregada a la violencia sin medida. El desamor que se respira en sus libros es un poco ese desamor que ella misma sintió, como una maniática solitaria se entregó a escribir el crimen desde la óptica del criminal sin pasión alguna, pero con un
estilo limpio, sobrio y sin sobresaltos estilísticos.
Me hice una prescripción: no escribir una jodida línea sobre José Rafael Pocaterra durante un largo tiempo. Tan incongruente imposición surgió a raíz de la publicación de mi libro sobre el escritor, "Pocaterra y su mundo". En realidad estaba hastiado y saturado del político, del intelectual a contracorriente, del guerrero solitario que estuvo arando en el mar de las posibilidades éticas de la literatura. Pocaterra a la postre me resultó más un personaje de novela, un viejo boxeador siempre a la defensiva. No obstante me sedujo de este escritor su férrea
disposición de jugarse el pellejo por esos ideales, un tanto ajados por el uso, de libertad y justicia.En mi breve travesía con Pocaterra, estuve alrededor de dos años leyendo sus novelas, sus cuentos y recolectando material crític-bibliográfico para el libro; intenté descifrar más que el eje estético de sus libros su pasión por el combate, su frenesí por intervenir el devenir histórico y político del país, sin dejar por ello de escribir una prosa escueta y directa como un recto a la mandíbula de la barbarie del poder. Como yo tenía deseos de escribir necesitaba un ídolo urgente, necesitaba "maestros", figuras a quien respetar. Por esa razón trataba de comprender los parametros del compromiso y del arte del escribir. ¿Por qué un escritor deja de lado el mundo virtual de sus ficciones literarias para hacerle frente a los desmanes sangrientos del poder? ¿En que momento el escritor se
percata de su responsabilidad cívica?.Mi pesquisa, más detectivesca que académica, sobre la vida de Pocaterra, me condujo a constatar que su compromiso lejos de ser una pose de esteta fue la razón de su vida y de su escritura. Pocaterra atravesó varios periodos políticos, turbulentos y decisivos para el país, y se mantuvo fiel a sus preceptos. A pesar de que tuvo unas relaciones envolventes con el poder, una veces combatiendo absurdas atrocidades y otras como funcionario, no bajo la guardia en ningún momento.
El defecto que le endilgan sus destractores es que utilizó la literatura como un medio. Sus novelas, sus escritos periodísticos, sus libros testimonios y sus cuentos más que piezas formales del arte literario son abiertas tribunas para ladenuncia y la disidencia política. Como cuentista son pocos quienes le regatean sus enormes cualidades de narrador preciso. Es en el género cuentístico donde Pocaterra despliega su genio intelectual, llamarlo maestro no es un elogio facilista, sino un poco de justicia poética.
En lo personal me sentí arropado por su múltiple personalidad. De todos los roles que asumió a cabalidad en su vida (cuentista, novelista, gobernador, preso, político, humorista, editor, secretario, congresante) me atrajo de manera especial el de columnista. Los textos de su "Cartas hiperboreas" (columna periodística escrita para "El Heraldo de Cuba) son un compendio de crítica, política, humor y buena literatura. En dichas cartas Pocaterra, aborda los temas más variados sin dejar al margen la crítica feroz y contundente a los convulsionados momentos por los que atravesaba el país. Más que permanecer con sus escritos Pocaterra buscaba estar cortante en la hora presente, no le interesaba la posteridad pétrea como la de su busto, que se encuentra en la actualidad, a las puertas del Ateneo
en Valencia o como él lo escribió: "Pueden los superficiales y los que tienen por profesión un panglosismo permanente juzgar como les plazca de estas palabras…yo quedo en paz con mi conciencia; y si mi espíritu ha reflejado todas
las frases que la luz de mis reflexiones a transparentándole en el curso de las horas, es muy sencillo expresárselo: yo soy un hombre y no un adoquín. Creo que entre "pensar" y "permanecer" sea preferible lo primero. Porque lo segundo
lo hacen hasta los postes de teléfono". Sus "cartas" son extensas reflexiones, un balance agrio de su peregrinaje de cárcel, exilio y arriesgado activismo político.La ciudad donde nació (Valencia) lo ha odiado y amado póstumamente por igual, pero jamás le ha ignorado. En vida gozó del respeto de sus enemigos y de la admiración de otro escritor tan fortachón como él llamado Blanco Fonbona. Pocaterra como buen autodidacto tuvo que trabajar por partida doble para hacersecon el arte de la escritura. Al final de su vida se quejaba con sequedad de haber sacrificado la literatura por la política.
La mejor manera de conocer a Pocaterra es leer su obra, descubrir en ella la enseñanza de un maestro de la lucha abierta, del aplomo para la resistencia ante todas las adversidades de la vida tanto políticas, sociales y culturales. Quizá esa cualidad de intelectual atrapado en la reseda del devenir histórico pueda hoy parecer superflua, no obstante en el tiempo que le tocó a Pocaterra escribir las condiciones políticas requerían mucho más que herméticas metáforas (Ramos Sucre), mucho más que prosa proustsiana en pobre y femenino (Teresa de la
Parra), más que servilismo intelectual (Gil Fortoul y compañía).Mi apego a la vida del escritor que a su escritura llena de moho negro es definitiva. Su obra, sin embargo, posee el toque exacto de una literatura hecha con jirones de vivencias. Recorrer sus libros es caminar por corredores donde lo grotesco lo ilumina todo con una luz polvosa, opaca en metáforas. Pocaterra másque un creador parece un boxeador. No escribe sólo lanza golpes. Sus libros son extenuados asaltos. No tiene gracia, no tiene estilo a la hora de golpear/escribir, recurre a lo panfletórico (o sea, retórica panfletaria sin ningún atisbo de poesía).
La fama literaria de Pocaterra ha sido austera como su vida. A pesar de haber ensayado la poesía toda su escritura, incluso la poética, carece de belleza y de música. Su prosa es chirriante y hasta cansona. Escribí su biografía más como una provocación que como un homenaje. Su gran lección de escritor (y que aprendí a
regañadientes): escribir y darse integro por lo que se cree. Su obra testimonial sigue siendo hoy un gran desafío. Murió en el exilio, creo que voluntario. Sus restos reposan en Valencia. La tumba esta perdida entre la maleza y el abandonocomo tratando de ahogarlo en el olvido, pero su obra le mantiene en vilo, lo hace permanecer y no precisamente como adoquín. Leerlo (o releerlo) es casi obligatorio.
Carlos Yusti
Un escritor español escribió que los dos mayores inventos, legados a occidente, por los griegos fueron el mediterráneo y la democracia. La democracia desde sus comienzos, la historia registra a Clístenes como su propulsor primigenio, en Atenas fue siempre cambiante y tuvo, como cualquier propuesta revolucionaria, sus destractores de rigor.
Por supuesto que el concepto lingüístico y filosófico también ha cambiado sustancialmente en nuestros días. Ian Hackign ha escrito que lo normal es que un concepto, una categoría o un modo de clasificación, pueda no sobrevivir invariable a una revolución. Aun cuando conservemos la misma palabra, ella podrá expresar un concepto nuevo que reemplaza a una anterior. La palabra Democracia en su viaje a través del tiempo y a pesar de muchos cambios y revoluciones parece mantener intacta su esencia de participación de las mayorías. Quizá en un futuro se hable de ciberdemocracia, es decir, un sistema político donde todos los interesados en votar, reclamar, formular denuncias, o propuestas, sólo tengan que navegar en la red y participar activamente en la política desde la comodidad de su casa.
Entre los primeros destractores de la democracia podemos mencionar a los déspotas oligofrénicos y una buena hueste de filósofos. La tesis fundamental de su rechazo residía en eso de la mayoría decidiendo el destino de la república. Para algunos filósofos los hombres comunes y corrientes, alejados del fortalecimiento espiritual que proporcionaban las ideas, poseían un conocimiento burdo del mundo que los rodeaba, mal podrían asumir los asuntos relevantes del estado. Esta idea sobre el bajo nivel de la mayoría se mantiene intacta en nuestros días. No obstante la democracia no deja de ser una creación estética y política de gran sutileza. Savater ha escrito: "Los griegos fueron grandes artistas; la
democracia fue la obra maestra de su arte, la más arriesgada e inverosímil, la más discutida. El invento de que cada cual tiene derecho en la comunidad a que nadie viva por él, a acertar o engañar por sí mismo, a ser responsable—aunque sea una mínima parte— de los éxitos y los desastres que le
conciernen".La democracia inauguraba con su creación una manera novedosa de relacionarnos unos con otros, estableciendo un pacto, un contrato tácito, donde todos nos comprometíamos a trabajar por el bien colectivo. El poder dejó de ser un proyecto exclusivo de personas que vivían entre las paredes del palacio maquinando a capricho lo que era conveniente para los demás. Con la democracia el poder dejó de ser un engranaje siniestro, como ocurre en algunas obras teatrales de Shakespeare, para devenir en campo abierto que podía ser allanado por cualquier hijo de vecina.
Con la democracia las virtudes y los vicios, de quienes ostentan el poder, nos salpican a todos, a unos por omisión y a otros por comisión. Ese es el otro gran aspecto de la democracia: no es un sistema infalible ni perfecto, pero sí perfectible. Dentro de sus estructuras también se dan sitio los males y vicios que pueden destruirla.
La democracia esta repleta de baches e imperfecciones por la sencilla razón de ser una creación
humana llevada adelante por los hombres. Las sociedades donde prospera la democracia esta llena de individuos acomplejados, prejuicios, individualistas, de pocas luces y muchas ambiciones. Aunque claro también hay individuos honestos, inteligentes, inconformistas, bobos, etc. Como semejante caldo cultivo de emociones, pasiones e ideas fijas es ganancia cuando la democracia logra imponerse por encima de otras maneras de organización política que consienten el terror y la fuerza para hacer valer a sus
seguidores. De esto se desprende que un requisito que debe privar en todos aquellos que hacen llamar demócratas es la excelencia del régimen democrático. Para alcanzar la excelencia es necesario expandir los parámetros de la tolerancia y darle un buen uso a nuestros derechos y deberes.Pensar que la democracia no es más que el consenso de lo unánime es restringir sus verdaderos
alcances. La democracia es ante todo la conjunción de las diferencias, es por encima de todo dialogo, discusión y sobre todo polémica. Savater a este respecto es clarificador: "Tanto la democracia como la filosofía se basan en sujetos (a la vez instaurados por ellos mismos) que no se dedican a profetizar, dar órdenes o guardar silencio sino que discuten y, lo que es aún más importante, discuten de igual a igual".Como era inevitable la democracia no podía escapar a ese fenómeno espiritual y cultural, promocionado con un sospechoso énfasis, denominado postmodernidad.
Después que el Muro de Berlín se desmorono, que la guerra fría llegó a su fin y que el mapa de Rusia se volatilizó, a muchos convencidos de la utopía al día siguiente se les hizo un vacío ideológico bajo los pies. De pronto la acción política, como camino seguro de carrera política, dejó de tener sentido. Debajo de los adoquines no estaba la playa. La contracultura hizo aguas. Las vanguardias artísticas ya no atemorizan a nadie y con razón Lipovetsky asegura que la crisis cultural conduce a la inestabilidad política.
La individualidad, el narcisismo y el hedonismo de estos tiempos se confabulan contra las enormes concentraciones urbanas. En vez de surgir más participación el individuo se repliega a su esfera privada.
Los procedimientos democráticos y las instituciones tradicionales sufren su cuota de cuestionamientos y en eso llega Gilles Lipovetsky: "A medida que crece el narcisismo, triunfa la legitimidad democrática, aunque sea de manera cool; los regímenes democráticos con su pluralismo de partidos, su derecho a la oposición y a la información se parecen cada vez más a la sociedad personalizada del autoservicio, del test y de la libertad combinatoria. Aunque los ciudadanos no utilicen su derecho político, aunque
disminuya la militancia, aunque la política se torne espectáculo, ello no afecta al apego a la democracia".La indiferencia corroe a una buena parte del colectivo y según Lipovetsky, las contradicciones corren parejas: no se vota, pero se exige poder votar; nadie se interesa por los programas políticos, pero se exigen que existan partidos; no se leen periódicos ni libros, pero se exige libertad de expresión.
No es casual que la política aceite sus enmohecidos engranajes. La política deja de ser ciencia para convertirse en un circo de advenedizos patrioteros: cantantes, actores y reinas de belleza sustituyen a los protagonistas tradicionales del quehacer político. La gente se ha cansado de los politicastros de siempre, los cuales impunemente han transformado nuestra democracia en unas cleptocracia.
Hoy la accidentada democracia puntufijista que hemos vivido/padecido conoce nuevos actores políticos.
Se oxigena. Se deslastra de un buen número de lacras politiqueras. Este proyecto democrático donde estamos embarcados no ha dejado de ser, con todos sus inconvenientes y sus abusos de poder, un impulso de organización política vital. Por eso que siga el jaleo democrático, que siga la pluralidad de opiniones en torno a un proyecto político común, en torno a una obra de arte que todavía necesita muchas modificaciones para alcanzar el sitial digno de la equilibrada belleza.
Carlos Yusti nació en Valencia, Venezuela, 1959. Participó como fundador de las experiencias literarias ZIKEH y EL AMATEUR, en Valencia.
Colaborador permanente de los diarios El Universal, del Suplemento Cultural de Últimas Noticias, El Sol de México, Letrainversa del Diario Notitarde, Artes y espectáculos del Diario El Carabobeño. Tiene una columna permanente en los diarios Correo del Caroní y Nueva Prensa de Ciudad Guayana. Articulista y colaborador permanente de la revista literaria "Predios" de Upata, también edita la hoja literaria LECTURA.
Ha publicado los libros "Pocaterra y su mundo"(Ediciones de la Secretaría de Cultura del Gobierno de Carabobo, 1991), "Vírgenes Necias" (Fondo Editorial Predios,1994). Merecedor del premio de ensayo (1996) de la Casa de la Cultura" Miguel Ramón Utrera" de San Sebastián de los Reyes (Estado Aragua) con el libro "Cuaderno de Argonauta". "De Ciertos Peces Voladores" (Fondo Editorial Predios). Se encuentra en imprenta el libro que recopila sus textos sobre artes visuales "La Mirada Impertinente".Como pintor ha realizado 15 exposiciones individuales y 8 exposiciones colectivas. Sus cuadros conforman la colección pictórica de la Galería de Arte Tercer Milenio.
En la actualidad reside en Ciudad Guayana, al Sur de Venezuela. donde se desempeña como Director de las Bibliotecas Municipales de la Alcaldía de Caroní.