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Probado sobre fuego
Evidencia de entusiasmo, efusión y arrojo de latinos
latinoaméricanos tan sinceros
somos el fuego que abraza la tierra en su folklore
somos hermanos de sangre, autóctona, aborigen
exótica raza consanguínea
buscada por meridionales o norteños
para
enaltecer sus hordas rancias, vetustas, gangrenadas.
Por eso estamos siempre
en cognición de fuego o ciencia de los magos
entre juicios, indelebles o esparcidos
alejados de una sociedad implantada por mugrientos
sin embargo a pesar de las cicatrices del desprecio
ellos no tienen lo que nosotros si tenemos:
Tatuamos con pinceles del cabello la imagen
auditiva y exquisita, de las
aguas
vibramos con sabor, cadencia soberana,
plenos de música, y amor por
dentro
llenamos el espacio real con albor de poesías y candor de aristocracia
estirpe sana, pura y sin fronteras, somos amplios y abiertos
como dijo aquel hombre en su novela
“El mundo es ancho y ajeno...”,
el beso es mío y se lo doy a quien yo quiero
el linaje de mi raza esta rebosante de riquezas
de sangre roja color de pomagás frutal enflorecido
probado entre los fuegos, sangrante entre refriegas y cruzadas
el indio es valeroso, patrio, y no se iguala con cualquiera
herencia de casta en coyunturas
herencia a los hijos; mestizos obligados
pero en ellos está “Una sola esencia”
y que el singular
de nuestro Dios nativo sabe cual es ella;
nosotros la tenemos insertada entre los poros
en la humedad del sudor que se ha quedado entre las piedras
como así también en el sopor del sueño entre rejado.
Y no podrán al Indio emborrachado
Mestizo bronceado o Negro tostado de mi tierra,
enjaular cual fiera en un pecado o error sin culpa de ellos
sin que la revolución “De aquello”
hagan romper las cadenas del esclavo
y demostrar hostilizados que la verdad del amor se lleva adentro
que la libertad del ser humano es tan bonita
y es de cada una de las razas
con la credibilidad de tal pasión que aquí...,
llevamos.
¡Entre las miradas negras de sus ojos!...,
de mis ojos,
de aquellos ojos que se cerraron en pasados tiempos
con el mismo sufrimiento, pero con la imaginación
de la esperanza altiva
y el instinto inverosímil, sobrehumano, entre las vidas.-
Escrito por Querrién 28 Nov.´00, desde Caracas, Venezuela