Enrique Caballero

Probado sobre fuego
 

Evidencia de entusiasmo, efusión y arrojo de latinos

        latinoaméricanos tan sinceros

           somos el fuego que abraza la tierra en su folklore

               somos hermanos de sangre, autóctona, aborigen

      exótica raza consanguínea

     buscada por meridionales o norteños

        para enaltecer sus hordas rancias, vetustas, gangrenadas.
 
 

          Por eso estamos siempre

           en cognición de fuego o ciencia de los magos

     entre juicios, indelebles o esparcidos

            alejados de una sociedad implantada por mugrientos

           sin embargo a pesar de las cicatrices del desprecio

               ellos no tienen lo que nosotros si tenemos:

 Tatuamos con pinceles del cabello la imagen auditiva y exquisita, de las
aguas

   vibramos con sabor, cadencia soberana, plenos de música, y amor por
 dentro

  llenamos el espacio real con albor de poesías y candor de aristocracia

      estirpe sana, pura y sin fronteras, somos amplios y abiertos

            como dijo aquel hombre en su novela

             “El mundo es ancho y ajeno...”,

               el beso es mío y se lo doy a quien yo quiero

             el linaje de mi raza esta rebosante de riquezas

           de sangre roja color de pomagás frutal enflorecido

      probado entre los fuegos, sangrante entre refriegas y cruzadas

       el indio es valeroso, patrio, y no se iguala con cualquiera

             herencia de casta en coyunturas

                 herencia a los hijos; mestizos obligados

                  pero en ellos está “Una sola esencia”

         y que el singular

                de nuestro Dios nativo sabe cual es ella;

              nosotros la tenemos insertada entre los poros

       en la humedad del sudor que se ha quedado entre las piedras

           como así también en el sopor del sueño entre rejado.
 
 

                    Y no podrán al Indio emborrachado

             Mestizo bronceado o Negro tostado de mi tierra,

       enjaular cual fiera en un pecado o error sin culpa de ellos

             sin que la revolución “De aquello”

                   hagan romper las cadenas del esclavo

     y demostrar hostilizados que la verdad del amor se lleva adentro

              que la libertad del ser humano es tan bonita

               y es de cada una de las razas

             con la credibilidad de tal pasión que aquí...,

        llevamos.
 
 

                ¡Entre las miradas negras de sus ojos!...,

                  de mis ojos,

           de aquellos ojos que se cerraron en pasados tiempos

            con el mismo sufrimiento, pero con la imaginación

              de la esperanza altiva

       y el instinto inverosímil, sobrehumano, entre las vidas.-

                  Escrito por Querrién 28 Nov.´00, desde Caracas, Venezuela

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