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Carlos Barbarito
ArgentinaCarlos Barbarito nació en Pergamino, Argentina, en 1955. Publicó, en poesía: Poesía quebrada,Teatro de lirios, Éxodos y trenes, Páginas del poeta flaco, Caballos y otros poemas, Parte de entrañas, Bestiario de amor, Viga bajo el agua, Meninas/Desnudo y la máscara, El peso de los días, La luz y alguna cosa y Desnuda materia; en ensayo: Acerca de las vanguardias. Obtuvo, entre otros, los premios de la Fundación Alejandro González Gattone, del Fondo Nacional de las Artes, de la Fundación Argentina para la Poesía y Bienal de Crítica de Arte Jorge Feinsilber. Sus poemas y textos aparecieron en revistas y páginas web de su país y de Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, Venezuela, México, Estados Unidos, España, Nicaragua, Costa Rica y Puerto Rico. Además de todo esto ha sido uno de los primeros colaboradores en participar en la Tertulia Literia, y uno de nuestros autores preferidos.(Mi Valéry, 1)
No hay figuras, hay palabras.
Y aquí despunta tanto el misterio
como el vicio que, para siempre, somos.
Y somos orgullo, pero de llave
que cree abrir y se miente a sí misma
y miente al que la usa.
No hay cabal
comprensión, resuelta
nebulosa de géometra,
hay estigma, sinrazón, magia
barata, que falla en el instante
de extraer flores del sombrero.
Quizás haya algún tipo de nobleza,
de fe, pero torpe y ciega,
animal pequeño que teme al fuego
y no huye, permanece
con los ojos fijos en las llamas.
Tal vez haya una piedra luminosa
en el otro extremo de la soga.
Un mar más o menos puro.
Un esbozo de cuerpo, al menos,
y no una sombra.
Palabras,
sonidos que se oponen
unos a otros, que pugnan,
que chocan unos contra otros
produciendo chispas.
o se funden, copulan,
tienen precaria descendencia.
Acaso sólo sea esencial la oscuridad
y no la luz, el devenir
y no lo que guardamos entre las manos,
lo que abandonamos a un costado,
residuo, aserrín, viruta,
lo que se calla y no lo que se habla,
lo extraño y no lo afín,
el casco que golpea la grava
y no la música, o lo que creemos música,
que al ganar el alma pierde la carne.
(Mi Valéry, 2)
Pero, ¿qué es nuestro, verdaderamente
nuestro?
Tiene
que haber algo más allá del silencio,
el olvido, el manto de cenizas,
los restos que arrastra el agua de lluvia.
Algo más allá del frío,
del ripio, de la fatiga,
de la fiebre sin mal aparente,
de las lágrimas sin objeto
ni razón.
Ahora,
mientras afuera hay tormenta
y el viento sopla,
me pregunto, le pregunto:
¿hubo un tiempo en que fuimos
actos y formas, cuerpos nuevos,
seres mezclados por el azar,
entre fluidos y vértigos?
(Mi Valéry, 3)
Que se comprenda o no,
no importa. Que
se entienda por límite
lo que es superficie,
o viceversa, no importa.
Que sea infiel,
esquivo, contradictorio,
incierto, no importa.
Críptico, escondido,
pendular, oscilante,
que en vez de hablar gima,
mumure, tartamudee,
sea ininteligible,
incomprensible,
tarot, hechizo, conjuro.
No importa.
Que exorcise y no medique,
fermente cuando todo le exige reposo,
contenga y no expulse,
expulse materia ambigua,
indeterminada,
no importa.
¿Importan la náusea,
el relámpago, el horror,
el caos, el desierto,
el error, la demora,
la prosa, la lastimadura.
la fonética?
(Mi Valéry, 4)
Mañana, una estrella
alumbrará para sí misma.
Todo lo escrito se borrará.
Ningún remedio sanará
porque será un mal sin causa,
todo efecto.
Quien
coma encontrará
salobre el pan y amargo el vino.
Polvo sobre la mesa,
en el suelo, en las paredes.
Moho.
Pensará vanidad el animal acostado.
El cobre será cobre
y no amor, soplo, chispa.
Mañana uno de los dos se quedará ciego.
(Noche del 15 de abril, 2002)
(de "Cenizas del mediodía", inédito)