ÁLAMO.

No sabía que la vida era,

manantial de risa, pena

e ilusión.

Los ojos inocentes

al arrullo;

la cabeza reclinada

al aroma;

ese aroma que sólo

se percibe sí estás

cerca de la piel amada

y comprensiva.

No sabía que la vida

era corta,

ni que las noches

terminaban.

La quietud poblaba

mi conciencia,

y elevaba mi inquitud.

Luego, vi que había

álamos blancos, endrinos,

temblorosos y alargados,

que los sueños se terminan

alimentando tal vez

la desdicha que solapada

irrumpe.

No sabía que las hojas

se van con el viento;

ni que la ternura

no es eterna,

y acaso tú envejecerías.

Hay más que quisiera decir,

eso es cierto,

pero todo acaba,

eso también lo es,

aunque sólo quede

la sombra del álamo.
 

                                      RAMONA YANES.
 
 
 

   AÚN.

Aún quedan nuestras cosas,

están en el tiempo,

en  la brisa los aromas,
 

Todo está ahí,

sin romper los días.
 

Calladas, solitarias,

no dicen nada.
 

Y pueden deshacer

la angustia,

que  provoca la nostalgia..

                                              RAMONA YANES.

Poesia Narrativa Ensayo
La tertulia
Avisos escritura
colectiva
Concursos enlaces E-group