SONRÍE, SONRÍE.


Sonríe, sonríe, Telma, no seas tímida. La seriedad de tu cara me da  mala  espina. Inténtalo haz el favor. No, muecas  no,  resultan demasiado  relevantes. Se notan ficticias, desordenadas  basculantes.
¿No querrás que té  mate? La tristeza no me gusta, en cambio la sonrisa... Es maravillosa, maravillosa.

Pero, ¡ bueno! ¿Cómo quiero que sonrías? Seré pardillo, si tienes lamordaza puesta. A ver, déjame que te la quite, pero me has de prometer  que sonreirás al menos. No creo que estuviera muy acertado anoche;
 ir a secuestrar a una seria. Pero ahora que hago. ¡Escúchame, son ríe, Telma, ¿te gusta el nombre que te he puesto? Creo que te va fenomenal. Tienes cara de Telma. Sí  te digo la verdad no sé qué  sígnifi ca, pero me satisface pronunciarlo. Telma, sonríe, no hables sino quieres pero no reprimas la sonrisa. A veces me creo enemistades, sé que núnca me vas a perdonar por mi osadía. Secuestrarte, amordazarte, y encimapretender que sonrías, pero, ¿sabes una cosa? No me gusta “liquidar”a nadie serio, no, me deprime en demasía.

_Oye una cosa, ¿no estarás haciéndolo a dredes para librarte? Te aseguro que aunque tenga que hacerte cosquillas te reirás, y yo aprovecharé la ocasión para matarte. Siempre me lo dice mi madre,_Ósculo, (me llama así porqué  tengo cara de beso) _no pretendas nunca que la gente se ría; todo el  múndo es serio. Con decirte querido hijo que tu padre no llegó nunca a reír.

Ósculo, la vida es triste, muy triste._ Y yo le pregunté.

-Mamá, ¿porqué lo dices?

_Hijo, ¿no me ves? Nunca sonrío.

Ya ves Telma, hasta te he contado un poco de mi vida. Di algo, una palabra, si no creeré que ya estás muerta.

¿O eres muda? !Claro también podría ser! Hay muchos mudos en él múndo. Vamos, vamos, que agotas mi paciencia. O te ríes o acabo matándote seria; tu  presencia ya me molesta. Apenas tienes color y tus ojos son vidriosos. No, si al final me harás sentir culpable. Telma, mira esta flor de papel que tengo en la solapa.¿Verdad qué es de risa? Flor de  papel... Soy excéntrico, rarito en una palabra. Telma, Telma...Cuando acabarás  de darte cuenta de mis intenciones, de mis ideas sobre ti.

Te secuestré querida, no sé por qué. Tu cajita era amplia, sonrosada y  atractiva, en una palabra, te hacías querer.

Lo que más me costó fue darle aire a tu cuerpo, eres alta y necesitas bastante. !Ya me cansé! Te mataré seria pero, ¿y si me quedan secuelas?

No miraré tus ojos cuando clave mi daga en tu cuerpo, y luego te sacaré el aire restante,  te quedarás en nada al fin y al cabo careces de  alma, eres un trozo de plástico repugnante, creo que no vaís a quedar ninguna. Ahora te daré un beso, así sabré que no eres de verdad.

_Osculo, ¿qué haces?

_Nada mamá, estoy jugando.

_ ¡Hijo mío! ¿A qué juegas?

_A nada interesante mamá.

-Pues ya va siendo hora de que dejes los trenes eléctricos, a tu edad cincuenta años tu padre ya estaba casado conmigo.

_Mamá, yo no quiero casarme tan viejo.

-Pues haberlo hecho antes. No puedo contigo. Los años te hacen deprimirte. Mírame a mí, ochenta bien llevados y sin prisas.

_Mamá, ¿para qué no tienes prisa?

_Hijo, para qué va a ser, para morirme.

-Claro, claro.

_Anda Osculo,  pon la mesa que se va a enfriar la sopa.

_No, hoy no quiero poner la mesa, estoy triste.

_Y, ¿qué tiene que ver tu tristeza para comer?

_ Mamá,  todo. Telma no quiere  sonréir.

_Déjala Osculo, ya lo hará no tengas prisa.

_¿Tú crees mamá?

_Naturalmente.

_Siendo así...

_Anda hijo, deja de imaginar cosas, y pon la sopera al fuego. Creo adivinar que se enfrió la sopa.

-¿Qué sopera mamá?

-Cual va a ser, la única que tenemos.

_Mamá, está vacía.

_sé la habrá comido Telma, pero ya se llenará. Tú hazme caso. Deja  de soñar ya veras que rica está la sopa.

_Si tú lo dices mamá... Pero luego no me llames  villano.

_¿Porqué he de llamártelo?

_Eso pienso yo, pero siempre lo haces.

_Será que no me acuerdo de una vez para otra.

_Mamá, ya va siendo hora de que me llames por mi nombre.

_Sí, Osculo.

_Eso está mejor, casi me olvidé de Telma.

-Te lo he dicho más de una vez, déjate de cosas que no merecen la pena. Anda y calienta la sopa, y luego   sigues jugando con los trenes.

Ay... Señor... creo que no te vas a hacer mayor nunca.

                                                                                                            RAMONA YANES.

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