La puerta

Aquella puerta, entornada, le produjo un sobresalto .
 Desde que había llegado a la casa, a servir a la Señora Irene hacía ya cuatro años, la puerta había permanecido cerrada. Se había propuesto no preguntar, ignorarla, olvidarla. Ciertamente no era secillo; la puerta cerrada al final de la escalera que llevaba al ático se le había transformado en obsesión.
 Algunas veces, en el silencio de la noche intuía que escuchaba, quizá un pestillo muy suave cuyo sonido alucinante descendía las escaleras y penetraba en su dormitorio a través del agujero de la cerradura. Entonces se desvelaba inexorablemente. Allí comenzaban sus dudas. Vacilaba entre levantarse o sumergirse en su cama. Esta lucha entre el miedo y la curiosidad vestía su rostro maduro de ojeras aún más profundas en las mañanas.
 Lo había intentado todo. Desde preguntar a la Señora si no hacía falta limpiar el altillo hasta acumular trastos recolectados en los ángulos más ignotos de aquella casona, para producir una sensación de desorden tal que fuera imprescindible recurrir al archivo más o menos inmediato de todos los objetos. La Señora Irene no parecía darse por enterada de sus intrigas y recurría una y otra vez al cotolengo para deshacerse de los trastos.
 Pero aquella puerta entreabierta impulsó su obsesión a delirio. ¿Por que la habrían dejado sin clausura luego de tanto celo? ¿Era sólo un descuido o una solapada incitación a que pasara el límite? ¿Y si un oscuro peligro la esperaba?
 Con mano temblorosa empujó el picaporte.
1-El mundo se detuvo, lo real se rajò; la mano el picaporte, mi boca, porquè mi boca?, el viejo que sonrie, la ropa que no me puse,la cabeza de mi madre, los pies de los niños,lo oscuro, lo siento,dificil es recomponer lo que no comprendo.
2-Con dificultad consiguió respirar, la densidad del aire apenas lo permitía. Paredes sin pintura, techo altísimo, todo a la altura de lo que estaba viendo. Jamás lo hubiese sospechado, ni en las mas largas noches de insomio, aquella puerta, la que despertaba todo su interés se había abierto y delante de ella el misterio se había develado.
 3-Frente a la puerta estaba el espejo.
Sostenido por un pie de madera, era de esos antiguos espejo  ovales , reclinables. La luna del espejo estaba  opaca por el polvo depositado sobre su superficie. Al acercarse pudo admirar el notable trabajo del marco de madera tallado. Sin embargo le llamaron la atención las figuras que surgian entre los barrocos relieves ; eran  caras grotescas, casi inhumanas. Encontró un trapo con el que empezó a limpiar la superficie opaca del extraño espejo.
Un rugido atronador inundo la habitación, luego el silencio.
4- La señora Irene busco las llaves en la cartera, abrio la puerta y entró, camino resultamente hasta la escalera que llevaba al ático. Subio despacio , la puerta estaba abierta. Sin dudar la cerro con llave, mientras sus labios esbozaban una sonrisa engmática . Luego saco un block de anotaciones de un cajón de la cocina y mientras mordisqueaba una galletita, escribió:Se necesita muchacha para todo servicio, buen sueldo.

                                                        Fin

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