Sobre la traducción


                                                                                                     Octavio Paz
 

       Cada texto es único y, simultáneamente, es la traducción de otro texto.  Ningún texto es enteramente original porque el lenguaje mismo, en su esencia, es ya una traducción: primero, del mundo no- verbal y, después, porque cada signo y cada frase es la traducción de otro signo y de otra frase.  Pero ese razonamiento puede invertirse sin perder validez: todos los textos son originales porque cada traducción es distinta.  Cada traducción es, hasta cierto punto, una invención y así constituye un texto único.
        El texto original jamás reaparece (sería imposible) en la otra lengua; no obstante, está presente siempre porque la traducción, sin decirlo, lo menciona constantemente o lo convierte en un objeto verbal que, aunque distinto lo reproduce: metonimia o metáfora.  Las dos, a diferencia de las traducciones explicativas y de la paráfrasis, son formas rigurosas y que no están reñidas con la exactitud: la primera es una descripción indirecta y la segunda una ecuación verbal.
        La condenación mayor sobre la posibilidad de traducción ha recaído sobre la poesía.  Condenación singular si se recuerda que muchos de los mejores poemas de cada lengua de Occidente son traducciones y que muchas de esas traducciones son obra de grandes poetas.  La razón de la incapacidad de muchos poetas para traducir poesía no es de orden puramente psicológico, aunque la egolatría tenga su parte, sino funcional: la traducción poética (... ) es una operación análoga a la creación poética, sólo que se despliega en sentido inverso.
En la prosa la significación tiende a ser unívoca mientras que, según se ha dicho con frecuencia, una de las características de la poesía, tal vez la cardinal, es preserva¡ la pluralidad de los sentidos.  En verdad se trata de una propiedad general del lenguaje; la poesía la acentúa peto, atenuada, se manifiesta también en el habla corriente y aun en la prosa.

        El poeta, inmerso en el movimiento del idioma, continuo ir y venir verbal, escoge unas cuantas palabras o es escogido por ellas.  Al combinarlas, construye su poema: un objeto verbal hecho de signos insustituibles e inamovibles.  El punto de partida del traductor no es el lenguaje en movimiento, materia prima del poeta, sino el lenguaje fijo del poema.  Lenguaje congelado y, no obstante, perfectamente vivo.  Su operación es inversa a la del poeta: no se trata de construir con signos móviles un texto inamovible, sino de desmontar los elementos de ese texto, poner de nuevo en circulación los signos y devolverlos al lenguaje.  Hasta aquí la actividad del traductor es parecida a la del lector y a la del crítico: cada lectura es una traducción, y cada crítica es, o comienza por ser, una interpretación.

        Para el crítico el poema es un punto de partida hacía otro texto, el suyo, mientras que el traductor, en otro lenguaje y con signos diferentes, debe componer un poema análogo al original.  Así, en su segundo momento, la actividad del traductor es paralela a la del poeta, con esta diferencia capital: al escribir, el poeta no sabe cómo será su poema; al traducir, el traductor sabe que su poema deberá reproducir el poema que tiene bajo los ojos.

        Traducción y creación son operaciones gemelas.  Por una parte, según lo muestran los casos de Baudelaire y de Pound, la traducción es indistinguible muchas veces de la creación; por otra, hay un incesante reflujo entre las dos, una continua y mutua fecundación.  Los grandes períodos creado res de la poesía de Occidente han sido precedidos o acompañados por entrecruzamientos entre diferentes tradiciones poéticas.  Esos entrecruzamientos a veces adoptan la forma de la imitación y otras la de la traducción.

        Los críticos estudian las "influencias" pero ese término es equívoco.  Todos los estilos han sido translingüísticos.  Los estilos son colectivos y pasan de una lengua a otra; las obras, todas arraigadas a su suelo verbal, son únicas... Unicas pero no aisladas: cada una de ellas nace y vive en relación con otras obras de lenguas distintas.

        En cada periodo los poetas europeos - ahora también los del continente americano, en sus dos mitades- escriben el mismo poema en lenguas diferentes.  Cada una de esas versiones es, asimismo, un poema original y distinto.

        Cierto, la sincronía río es perfecta pero basta alejarse un poco para advertir que oímos un concierto en el que los músicos, con diferentes instrumentos, sin obedecer a ningún director de orquesta ni seguir partitura alguna, componen una obra colectiva en la que la improvisación es inseparable de la traducción y la invención de la imitación.  A veces, uno de los músicos se lanza a un solo inspirado; al poco tiempo los demás lo siguen, no sin introducir variaciones que vuelven irreconocible el motivo original.

                                                                                                            Febrero de 1975
 

OCTAVIO PAZ, poeta y ensayista mexicano, es una de las figuras capitales de la literatura hispánica Contemporánea.  Su obra poética ha sido recogida en volúmenes tales como Libertad bajo palabra, Salamandra y Ladera este.  De su e'xtensa obra ensayística destaquemos libros ya clásicos como El laberinto de la soledad, El arco y la Lira, Corriente alterna y Los signos en rotación hasta sus más recientes Tiempo nublado.  El ogro filantrópico y Sor Juana Inés o las trampas de la fe.
Octavio Paz, premio Cervantes 1981 y premio Nobel de Literatura 1990, falleció en México D.F. el 20 de abril
de 1998, a los 84 años de edad.

Bibliografía

Obra poética:
"Luna silvestre" (1933)
"¡No pasarán!" (1936)
"Raíz de hombre" (1937)
"Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España" (1937)
"Entre la piedra y la flor" (1941)
"Libertad bajo palabra" (1949)
"¿Águila o sol?" (prosa, 1951)
"Semillas para un himno" (1954)
"Piedra de sol" (1957), después incluida en "La estación violenta"
"La estación violenta" (1958)
"Libertad bajo palabra: obra poética 1935-1957" (1960)
"Salamandra: obra poética 1958-61" (1962)
"Viento enter" (1965)
"Blanco" (1966)
"Topoemas" (1968)
"Ladera este: obra poética 1962-68" (1969)
"El mono gramático" (prosa, 1970)
"Pasado en claro" (1974)
"Vuelta: obra poética 1969-75" (1976)
"Poemas 1935-1975" (1976)
"Árbol adentro: obra poética 1976-87" (1987)
 

Ensayos:
"A la orilla del mundo" (1939)
"El laberinto de la soledad" (1950)
"El arco y la lira" (1956)
"Las peras del olmo" (1957)
"Cuadrivio" (1965)
"Puertas al campo" (1966)
"Corriente alterna" (1967)
"Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo" (1967)
"Marcel Duchamp o el castillo de la pureza" (1968)
"Conjunciones y disyunciones" (1969)
"Posdata" (1970)
"El signo y el garabato" (1973)
"Apariencia desnuda" (1973), versión ampliada de "Marcel Duchamp o el castillo de la pureza"
"Los hijos del limo" (1974)
"El ogro filantrópico" (1979)
"In/mediaciones" (1979)
"Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe" (1982)
"Tiempo nublado" (1983)
"Sombra de obras" (1983)
"Hombre en su siglo" (1984)
"Primeras letras" (1988)
"La literatura hispanoamericana por un testigo de vista" (1988)
"Pequeña crónica de grandes días" (1990)
"La otra voz: poesía y fin de siglo" (1990)
"Convergencias" (1991)
"Al paso" (1992)
"La llama doble" (1993)
"Itinerario" (1994)
"Vislumbres de la India" (1995)
 

Traducciones:
"Sendas de Oku" (1957), de Matsuo Basho
"Versiones y diversiones" (1973), reúne traducciones poéticas
 

Teatro:
"La hija de Rappaccini" (1956)
 

En colaboración:
"Cuatro poetas contemporáneos de Suecia" (1963)
"Renga" (1971)
"Hijos del aire" (1979)
 

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