Consulta con tu almohada
Ese movimiento nervioso de doblar
las piernas, un movimiento tan femenino, sentada en el sofá, viendo
la televisión, cambiando de canales con el mando a distancia, paseabas
cuando estabas harta de ver televisión por el pasillo, como tratando
de averiguar algo que rondabaen su mente. En la cocina abrías y
cerrabas la nevera, está casi vacío, hace poco fue al supermercado,
pero no supo que comprar. Estás especialmente nerviosa, anoche lo
consultaste con la almohada en la cama, anoche imaginabas momentos placenteros,
anoche leíste un libro de poesía, anoche te asomaste por
la ventana el discurrir hormigueante de gentes por las calles, anoche estaban
especialmente excitadas por nuevas estimulaciones, bombardeos de estimulaciones
callejeras, como en esos lugares con sus luces apagas y enciendes, zonas
juveniles que se veían desde las ventanas, en esa noche de fin de
semana, y en el fondo del
cielo una luna llena, recordaba
al hombre lobo, no supo si recordaba pensar en hombres lobos, quizás
pensaba en hombres lobos, buscando ansiosamente algo por la noche, desde
las doce de la noche, con la luna pletórica, con la luna llena.
Solitariamente, en tu apartamento, sabías que no volvería
tu amante, hace años que no volvía su amante, te sentías
especialmente solitaria, no sabías que hacer, sino pensar... en
ociosidades, no sabías que consultabas con tu almohada, muchas gentes
consultan sus almohadas. Ese doblar nervioso de esas piernas femeninas
exquisitamente depilada, te depilaste anoche con cera, te producía
placer depilarte con cera, como siempre hacías, tu parte velluda
apenas existente por la cera, empiezas a contar las velas que había
bajo un santo en una determinada iglesia de tu infancia, encendías
unas tras otras velas previo pago de una determinada moneda de ínfimo
valor, un precio simbólico para encender velas, cada moneda te permite
el derecho simbólicamente hablando de encender tantas velas, promesas,
muchas promesas, como promesas que pediste anoche a la almohada. Consulta
con tu almohada. Expresión popular, pensabas. Tus cajones de tu
ropero, un cajón para colocar ordenadamente bragas de diversas formas
y colores, y otro cajón para tus sujetadores, y otro cajón
para camisetas, y otro cajón para vestidos, y otro cajón
para faldas, y otro cajón... Y en el ropero hay una barra para colgar
perchas de diversos vestidos de uso frecuente y diario... La cama recién
hecha, solamente doblabas nerviosamente tus piernas, mientras cambiabas
de canales con el mando a distancia. ¿Quién eres realmente?,
pensabas continuamente. Prolongadamente. En ese apaga y enciende de luces
luminosas de las calles, esas discusiones de borrachos en las puertas de
los bares, todo lo observaba desde la ventana de tu dormitorio, cada cual
se tiene su pequeña ventana de la realidad, unas más estrechas
que otras, y hay gentes que realmente, que apenas tienen ventanas para
ver realidades..., ¿Qué consultabas anoche con la almohada?,
recordabas ciertas escenas del pasado, como retroceder cada dos por tres
una cinta de vídeo a cámara lenta para observar y mirar o
ver el más mínimo detalle de esas secuencias de imágenes.
Pensabas en la palabra estimulación. Si no te estimulas, aunque
sea artificialmente, pensabas, te quedas dormida, obnubilada o lo que sea.
Viste una discusión de un adolescente motorista con otro adolescente
motorista, es un choque imaginario, se chocaban, y señalaban con
los dedos índices, preámbulos de una pelea callejera, los
policías, avisados por los vecinos alarmados por ese gran ruido
callejero hacen caso omiso, tienen otras cosas que hacer. Le llegaban a
su oído músicas electrónicas, bakaleras. Cerró
la ventana y echó abajo la persiana. Doblabas continuamente muy
femenina tus piernas, quizás un ofrecimiento a un otro imaginario,
invisible, que construías en tu apartamento, ese otro que observaba
tus movimientos mecánicos, tu doblar de piernas, tu depilación
continua, quizás tu otro imaginario a veces lo proyectaba en tu
almohada, que consultabas siempre, buscar respuesta a tu almohada, consultar
tu almohada... Como muchas. Apagaste la televisión. Te duchaste.
Tu cuerpo totalmente depilado. Desnudo.
Deambulabas por el apartamento.
Por el pasillo. Por el corto pasillo. Como un rito. O una manía.
Deambular por el corto pasillo. Desnuda te introduciste en tu cama, y consultaste
a la almohada. Días tras día.