Yván Silén

 
 

Me sublevo, Señor
 

Me duele, Señor,
tu carne como un disparo.
Y te duelo, Señor, como si fuera
la carne oscura de tu Hijo...

Porque llueve sobre mi lengua
como si estuvieran lloviendo cristales
sobre tu lengua:
la lluvia canta sobre los sueños,
y los sueños cantan sobre la lluvia
en los callejones de los besos:
las palabras son remotas y
los senos oscuros,
casi crustáceos
(cangrejos, langostas rojas,
larvas lilas, erizos,
algas grises)
que llueven remotos
del cielo hasta tu lengua,
y llueven de tu lengua
contra el cielo
todo el insomnio,
mientras mi "I Ching" es novedoso
en la mano del que juega
ajedrez
contra la muerte.

Me duele, Señor, tu carne
como si fueran los peces podridos de mi mesa.

Y yo te miro,
espantapájaramente,
como un homeless,
como un buzo
que parece un Cristo
te miro sepiamente,
en el deseo Tuyo
de las cosas agrias:
como una carta de amor, te miro,
como unas botas de vaquero, te miro,
como esos senos desgarrados de mujer
(en la mujer que se desgarra por los besos).

Y mi falo,
mi cruz de Elfo,
late inmisericordemente vidrioso,
fusco, vicioso y
polifémicamente
santo
 maldito,
  pío,
como musgo d'espejo roto,
como lapa del alma,
añejo,
estillado,
clavado
a la cruz
de tus milagros.

Porque peligrosas
son las canciones
 del corazón enamorado
en donde las lapas d'Elfo sueñan
como latas filosas del ángel que roña,
y sueñan las canciones
como aspas de mogo
de ángeles ciegos, filosos,
abismados
do los sapos engreídos,
soberbios, Tláloc
e infinitos
cantan en el corazón
de los poetas.

Es como si el mar
se hubiera caído del cielo
huérfano de sí,
abandonado,
remoto, y
el mar se cae
como lo espejos de las sibilas rotas
en fuego del amor,
furiosas,
pavesas,
encendidas
(ascua del cielo
contra las brasas de la tierra:
lascivia del agua y
obscenidades del fuego
--sicigia d'Elfo contra los hombres--),
como el amor,
así también la neblina de la bruma
contra los barcos encendidos,
neblina de arena,
de caracoles huecos como muertos,
d'estrellas novas
o enanas
a la velocidad de la luz
de los que cantan,
cuando los marinos insomnian
aburridos,
sifilíticos,
en las tabernas del cielo
y de las putas.
 

Los cangrejos son el falo lila
de un príncipe llamado Yván, o
de un príncipe a la deriva
contra los jueyes de las lunas lilas,
en donde saja el cielo hasta la cruz,
debajo de tus pies también
sangra la noche como el mar
y los peces que sisan rojos de alba,
y sangran aún los marinos
como los sueños de las mujeres
en flujos de lunas azules
y del Cristo-Buzo
en el crúor de su carne
a la deriva de los besos
que sajan las rosas
como lirios
y también como puñales.

Estoy umbroso,
zaceado todavía,
como los días fuscos y tétricos,
 como los espermatozoides
de tu risa más oscura.
Azorado estoy, Señor,
contra los labios rosas de tus besos,
estoy negruro,
efímero,
ido,
más remoto de luz que Tú,
más semen azul que Tú,
y más leche de noche
y más añil de semilla de crema,
como esa tinta de óleo Tuyo en la boca d'ella,
que aúlla y pide auxilio contra ti,
cuando sangra de amor de tus tetillas,
cuando sisas crayolas machacadas de su seno
y tienes hemorragias de peces
y de panes y de vinos
en todos los océanos de tu muerte,
como si estuvieras herido del falo, Señor,
en la gracia infinita de los peces.

Y así es tu voz
grabada en la boca mía,
así es tu muerte
filmada ya
en la muerte mía
(héroe, Tú,
del corazón abandonado por los sueños)
sólamente
como sombra de amor golpeada,
alquilada,
vendida,
hipotecado, Tú,
cuando yo canto y río
heterosexualmente
en la foto de tu Antihéroe
ahorcado
en las plazas falsas
de las
nazidemokracias
del mundo.

(¡Yo me sublevo, Señor,
con la ira tuya!
¡Yo incendio, yo saboteo los taxis,
los hoteles, las guaguas!
¡Preparo molotov
contra los que asesinan tu nombre
y me enfrento
cristianamente
a los tanques de cartón,
a las televisiones irreales de los que insomnian,
a la policía neonazi,
a la prensa lacayista,
a los presidentes idiotas
de las repúblicas idiotas
que adoran nabucodonosormente
a los Estados Unidos,
a los que colaboran,
a los mercenarios, a los
que trafican y prostituyen tu nombre
espantapájaramente oscuro
como si fuera posible
picar tu lengua,
en memoria tuya,
y repartirla,
miserablemente,
pedazo a pedazo
entre los pobres!)

Yo también,
aún yo mismo,
oigo tu canción amontonada
por los subways
que avanzan haciendo ruido hacia la muerte.
Y'oigo tu canción
en las mujeres amontonadas,
que orinan en sus retretes
sórdidamente:
salitre puro,
olor de mar,
té de Dios
que beben los viudos, los marinos,
los suicidas del ocaso,
las niñas del alba rota
y las mujeres amarillentas
que portan las amapolas incendiadas
en los cabellos
(como si estuvieran cayendo
nuevamente las Torres Gemelas)
como una vulva de cristal contra la tierra,
o esas copas que s'estrellan
contra el suelo de Manhattan.

Me desquicio, Señor, de amor
en el exilio de tus sueños.
Me descarno, me descompongo de ti
amontonado
en la befa de los hombres.
Y, tú, idealizado,
como yo furioso,
en la penumbra mía,
como una Barbie de niña albina, rota,
Tú, como una indiecita peruana,
atravesada de alfileres, Tú,
como un Buzo atravesado de peces,
rezas con mi boca,
y con mi boca besas,
escupes,
maldices,
como si fueras, Tú,
¡oh, Dios!,
esa niña sidista
que maldice y golpea en los espejos.

Los subways, Señor, avanzan lentos
por la lingua mía.
Los subways espejean en las ventanas
do t'escribo mi nombre,
mi apodo,
mi seudónimo
de todos esos poetas que empujan
por la lengua el nombre tuyo,
el escándalo de ser hombre,
mientras otros escriben por mí
contra ti mismo todo el amor
y todo el furor de mi ternura.
Y te veo, Jesús,
(incandecentemente
cuando el subway que avanza por tu sueño)
despierto,
arrebatado, Tú,
umbrío mío, umbroso,
casi gongoriano, Tú,
como una estatua
con el falo de Dios erecto
contra los sueños que avanzan
en los vagones míos,
donde muchos yo,
demasiados yoes,
brindan por ti y te saludan
terroristamente
con tu ojo roto
y con tu lengua rota
en las cráteras del amor
y la soberbia.

Crucificado Tú a mi yo
(y yo a tu yo),
me levanto,
y creo en ti cuando estallen todos las edificios,
todos los puentes de los asesinos
que organizan
la muerte por el mundo.
Yo creo en ti
cuando tu lengua crucificada de Buzo
deje de lamerme y deje de lamerte,
y se vierta en la liberación
de la Patria Latinoamericana,
y se desgarre, y
regrese repleta de héroes, y
orgasme yo políticamente
en la resurrección de tu carne
(todo el crepúsculo del alma tuya
orgasme yo:
todos los candelabros erectos de tu luz)
y en las oraciones púrpuras de mi lingua,
do te bebo
y te trago
y te recuerdo,
eucarísticamente, Señor,
en el escándalo de tu carne molida,
como si te hubieras matado de amor
delante de los tanques, o
en la sonrisa d'ella,
como si te hubiera matado de asombro
contra tus huesos que laten
como escorpiones
y príncipes amontonados
en la caricia de tus manos;
como marinos frívolos y violentos
que sueñan el dolor Tuyo
y el dolor mío
(y te hubieran matado de amor)
en el residuo de mi corazón amontonado,
de mi sueño izquierdo y
de mi canción izquierda
que llora por ti toda la noche,
que insomnia por ti
(toda la guerra de liberación)
en la boca del poeta
coronado.

Soy feliz, Señor,
siniestramente y oscuro
soy feliz por ti,
como si mi lingua estuviera
clavada
a la lingua de tu cáliz de lata,
como si tu cáliz,
falo mío,
estuviera crucificado,
picado,
clavado,
exhibido
al vino de una vulva
enamorada.

Me duele, Señor, tu carne oscura
(la patria oscura también me duele),
tu vértice,
y la carne d'ella
como si fueran los peces
que se pudren en las lunas blancas,
lunas d'esos junios oscuros
a la orilla de los botes olvidados.

Crucificado, Señor, estoy
al rifle tuyo d'espinas rosas,
cuando arrastro la cruz de la carne mía,
porque me duele
el peso de mis huesos,
 ¡tanto!,
me duele el prepucio de tu carne,
como me duele
!tanto!
el peso de tu amor,
y me duele
absurdamente,
frenética,
oscura
la carne de tus sueños
a la deriva de mis muertos,
y me duele
(tanto más
y tanto menos),
como si yo mismo repartiera,
pedazo a pedazo,
luna a luna,
los sueños siniestros de tu carne
cuando caigan nuevamente,
frenéticas y oscuras
las Torres Gemelas
de Manhattan.
 
 

*****
 
 
 

17 de marzo del 2002
Nueva York
 

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