Autor; Miguel Ángel Sánchez Valderrama
Email; MIGUELASV@terra.es
nacionalidad: española
Granada 15 de octubre de 2000
                              INVISIBLES (Diario de Carolina)
Invisibles, le dio por hablar de invisibles. Ya que estaba leyendo una
novela que trata sobre los invisibles, según un camarero de un pub, es
una verdadera pesadilla ser invisible, son gentes que realmente apenas
se ven, y están como disgregado del resto social, un drama. "yo pensaba
que ser invisible era un privilegio, tal como cuenta la novela,
¿leíste?", le dije que no, "pues eso, se trata de uno que es tocado por
una planta extraña y se convierte en invisible, se mira en el espejo y
realmente no se ve reflejada su imagen, un problemón de los fuertes, y
leyendo la novela se trata de algo que afectan a muchas gentes, no es
que en la realidad sean gentes verdaderamente invisibles, yo lo entiendo
como gentes que dificilmente se reconocen en los otros y eso acarrea una
falta de identidad. Así entendí la novela. Voy por la mitad, ¿cómo dices
que te llamas?", respondí que me llamaba Carolina, "ah, sí, Carolina,
pues eso, estuve un fin de semana casi deprimido leyendo esa novela, era
una vía de escape en parte esa novela, ya que estaba un poco deprimido,
el trabajo en este pub como que no me gratifica últimamente, en
principio entraba eufórico, trabajar en un pub era uno de los grandes
sueño para mí, siempre he trabajado en restaurantes y cafeterías
universitarias y hoteles, pero lo que deseaba en el fondo era trabajar
en un pub, en un pub, como este, se cuecen muchas cosas, además no sé si
te has dado cuenta, en este pub se ligan mucho, y vienen muchas chicas,
fíjate en el grupo de chicos aquel que está en aquella esquina sentado
bebiendo cervezas, te está mirando, son chicos que desean experiencias
gratificantes, fíjate en las muchas chicas como tú que hay en este pub,
es un placer trabajar en este pub, pero ya estoy harto, lo mío es no
trabajar, Carolina, cuando termine de trabajar aquí estaré una temporada
en el paro, necesito recapacitarme un poco más, eso, Carolina, la novela
esa de los invisibles, no recuerdo su autor, me dejó desconcertado. Yo
no sé como se la ingenian los escritores, al menos ese tiene mucha
imaginación". El camarero, de unos veinticinco años, hablaba y hablaba
sin cesar, y además me invitaba la consumición, "invita la casa", como
soniquete, "invita la casa", cada vez que bebía botellines de cervezas,
y como no tenía nada que hacer se me ocurrió entrar en ese pub, y el
camarero depositó su mirada sobre mí y ala, verborrea de las buenas,
hablando sobre los invisibles, es alucinante, claro, yo le escuchaba,
por que me interesaba lo que me estaba contando, no había pensado
demasiado sobre los invisibles, he visto películas sobre los hombres
invisibles, pero lo que me hablaba el camarero era otra cosa que por eso
le escuchaba, a pesar de ser un pelmazo, puse atención a lo que me
decía... "el protagonista que progresivamente se iba convirtiendo en
invisible, notaba que asustaba a las gentes, a la familia, su amante le
abandona, su abuelo le grita de casi el susto que le dio, su otros
familiares cree que está poseído por el diablo y hablaban en latín, como
ese de la película El Exorcista, decía... eso de retro o algo así, no sé
latín, pero que bien se saben el latín cuando existe la oportunidad, y
más en esas tierras gallegas donde siempre tradicionalmente, no sabes
tú, existían un culto por esas leyendas y las brujas y cosas así..."
Bueno, empezaba a aburrirme con su rodeo, sabía que en el fondo me iba a
decir algo más... "pues eso, noto que quiero esconderme de las gentes
cada vez más, como ser más invisible, ser menos sociable, no sé si me
entiendes... y como que estoy muy alejado de la vida humana, una
separación brutal de "la vida", eso lo siento, no sé... y me dio una
depresión fatal, hay que ver cómo muchas veces leyendo la novela muchas
veces se siente identificado con el personaje, con el drama del
personaje, por que lo que describe uno siente que lo ha vivido. De vez
en cuando, para olvidar, me atiborro de pastillas, me da igual, anfetas,
o barbitúricos, según el momento, no sabes Carolina, que en este pub uno
conoce el tema de las pastillas, circulan a doquier, y sin darse cuenta
se topa con pastillas y otras drogas, pero como estamos de moda con eso
de las pastillas... no sabes Carolina que muchas gentes se esconden tras
su secreto, qué digo, ya no sé que digo, Carolina, eso, Carolina,
¿leíste el otro día un informe sobre las drogas?, que una barbaridad de
gentes de diversas edades toman drogas legales o ilegales, aunque yo no
distingo las legales de las ilegales". Es increíble, por qué el camarero
me cuenta esas cosas como vómitos de palabras, es increíble, tuve que
hacer ligeros movimientos corporales para no despertar demasiado
antención en mí, hice ciertos movimientos impersonales, fui al baño,
hablé con un grupo de desconocidos, para que el camarero no se fijara
demasiado en mí, encontraba un lugar ideal en mí para descargar todas
las palabras que tenía acumulado en su cuerpo, esa era la imagen que
tenía de él, que tenía demasiadas palabras acumuladas en su cuerpo, le
caricaturizaba así en mi imaginación, y dale con lo de "invita la casa",
me bebí cinco cervezas, me pidió la dirección cosa que me negué, le dije
(le engañé) que vivo en pensión y que me largo al día siguiente a otra
ciudad, y que no tengo residencia fija. "Invisibles. Conforme iba
avanzando la novela, el protagonista no se veía solo, había más
invisibles por ahí..., esa sensación de no identificarse en el otro es
un problemón, te lo juro, lo he escuchado en la radio el tema de la
identificación...".  En una de las caras de un pilar que hay en el pub,
hay un cartel publicitario de un taller literario, que dice algo así
como "Literatura Basura, Vomitemos Juntos" Le pregunté al camarero eso
que vi en el cartel, cuyo dibujos aparecían personas desfiguradas,
vomitando palabras, me dijo que se trata de un taller literario que ha
montado clandestinamente un grupo de anarquistas, pero que ese taller no
existe ya, ya que les acusan de pedófilos, pornógrafos y terroristas y
de estar fuera de ley. Esa fue la respuesta. Por cierto, me costó mucho
trabajo salir del pub, pero con el pretexto (volví a engañarle) de que
me esperaba un novio me fui, cogí un taxi y fui a mi piso. En realidad
no sabía como dialogar con el camarero, no sé si soy algo invisible,
pero si tengo mucho comportamiento de evitación, si supiera cómo
dialogar con el camarero podría ser algo divertido, el camarero, veía en
sus ojos, es en el fondo una buena persona, pero bueno, tuve que ir por
que realmente no conozco las verdaderas intenciones de los otros, en eso
me asusta mucho las gentes, me hizo reflexionar el tema de los
invisibles, ya que muchas veces yo me comporto como "invisible", o a
veces gentes que no quieren para nada estar conmigo... Realmente tengo
que hablar el tema con un amigo psicoanalista, pero me da cosa eso del
psicoanálisis, lo mismo me tumbo en un diván. Siempre lo digo. Ya tuve
varias sesiones, definitivamente voy al psicoanálisis, no por cuestiones
personales, sino para comprenderme y comprender más ese misterio de la
condición humana.


 

                                          VÉRTIGO
No sé si habrás visto la película "Vértigo", de Alfred Hitchcock, es la
primera palabra, el título de la película del mago del suspense, que se
me vino a la cabeza, esas secuencias, cuando adquirió el vértigo,
persiguiendo a alguien en el tejado de una casa, y de repente la imagen
sucesiva de lo que es el vértigo. Tengo vértigo. Admiro a los
trabajadores que trabajan en la construcción y a gran altura y en el
borde del edificio se ponen a colocar ladrillos, o los trabajadores
"tejeros" que se dedican a colocar tejas en la cubierta, esos no suelen
tener vértigo, se supone. Yo realmente he rechazado trabajos de
"alturas", por mi vértigo. Y los que hacen puenting es algo increíble.
Pero recordaba algo que pasaba con un buen amigo del trabajo, perito de
la construcción, que estuvimos dando vueltas por habitaciones de las
casas, y nos asomamos por las ventanas para tener una visión general de
la marcha de la obra, observar la urbanización a "vista de pájaro", como
él llamaba a eso. Bueno, un día estuvimos casi a veinte metros de
altura, nos asomamos a una de las ventanas con casi nulas protección de
seguridad, insistía en que hay que extremar las medidas de seguridad y
precaución en la obra, cosas que apenas existen, por dejadez. Los
trabajadores de las cubiertas no llevan arnés de seguridad, se niegan a
ponerse arnés de seguridad, como me dijo el perito de la construcción.
La verdad es que hay muchas causas en la cual no se respetan normas de
seguridad. Me hablaba de eso mientras nos asomamos a la ventana a gran
altura, le dije algo relacionado al vértigo, su extrañeza a mi
acercamiento a la ventana me incitó a explicarle, tengo miedo a las
alturas, me produce vértigo, pero lo veía demasiado exagerado mi
vértigo, le pregunté si tenía miedo a las alturas o vértigo, me dijo que
solamente le impresionaba las alturas pero no tenía vértigo.
 Algo se coló en mis palabras que se traducía por ¡tírate al vacío!,
estuve pensándolo continuamente, no comprendí como se me colaba esas
palabras que algo tenía que ver con el hecho de conminar a mi buen amigo
perito de la construcción a que se tirara al vacío, y efectivamente, dio
un salto y se sentó en el alféizar de la ventana, ¿qué haces?, pregunté
alarmado, y di un paso tremendo de frente para atraparle, pero me
produjo un tremendo vértigo, como en el protagonista de la película esa
de Hitchcock que dije, vi el rostro de mi compañero y buen amigo perito
de la construcción, un rostro que denotaba sosiego y sorpresa, con una
gran mirada despierta, "no me pasa nada", pero era tan fuerte ese
mensaje que se coló sin saber por qué en mi conversación sobre el
vértigo, ese mensaje que he dicho, la de ¡tírate al vacío!, que se tiró
al vacío y calló al suelo pavimentado de espaldas, un golpe seco, su
cara miraba al cielo, observé forzando tremendamente mi vértigo su
cuerpo yacido en el suelo, no gritó, supe que murió en el acto, me
produjo una fuerte impresión, y un fuerte dolor por la pérdida de un
gran amigo. Me desperté del sueño, fui al trabajo, y comprobé que mi
gran amigo, para mi mayor alegría, sigue en su puesto de trabajo y
compartiendo ratos buenos. Por que en el sueño tenía un gran dolor por
la pérdida de un gran amigo. Me dije, me puse a pensar sobre el poder
hipnotizante de las palabras... Al menos quienes están en posesión de la
auténtica Palabra. Hay quienes hablan y quienes parlotean.
Pero cuando voy por las obras de construcción, observo, es una realidad
diaria, que muchos hacen caso omiso a las medidas de seguridad, y cuando
veo a los otros casi al borde del vacío, me puse a pensar continuamente
sobre la palabra vértigo, y me acordaba mucho del sueño que tuve anoche.
Y además cada dos por tres de vez en cuando sale en televisión la
noticia informándonos de la alta siniestralidad laboral en la
construcción y otras actividades laborales. Una gran tasa en comparación
con los otros países europeos en cuanto a víctimas mortales y graves a
causa de la siniestralidad laboral. Son palabras del telenoticiario. Fui
a una obra de edificación de entre otras obras y crucé un gran puente de
hierro, y observé como muchos practican el puenting. Bueno, realmente me
da mucho vértigo la sociedad esta. Vértigo.
Le comenté todo eso a mi gran amigo perito de la construcción mientras
sonreía de mi exageración sobre el vértigo y cada vez más se asomaba al
vacío de la ventana...


Pececitos de colores
En ese riachuelo había pececitos de colores, observábamos los meandros
de ese riachuelo, nos parecían algo artificial, averiguamos de donde
provenía el discurrir del agua, el origen de ese pequeño manantial,
seguimos el rastro, encontramos el origen, alguien del centro escolar
dejó un ligero discurrir de agua a partir de un grifo de agua, nos
parecían absurdo, pero lo cierto es que había pececitos de colores, y
eso nos avivaban la imaginación elevado a la enésima, incluso uno de
nuestros compañeros de clase, el "escalera", larguirucho y algo delgado,
atrapó varios pececitos y la guardaba en una bolsa de plástico
transparente lleno de agua. Pececitos de varios colores, de esos que las
gentes compran en las tiendas de animales domésticos, para tener su
acuario personal, en muchos hogares hay acuarios, y los diseñan tan
creativamente que entra en juego la imaginación, nuestra imaginación
infantil nos dio por pintar en folios de papel con lápices de colores
pececitos de colores, pero los maestros de escuelas no nos recomendaban,
no era bien visto esa clase de creatividad, de pintar, dibujar, lo suyo
es aprender las matemáticas, las oraciones gramaticales, las ciencias
naturales, la ética y moral, las reglas gramaticales, el dictado de un
trozo literario de alguien célebre, el buscar palabras en los
diccionarios, los animales vertebrados e invertebrados, los tiempos
verbales, y así y asá, y volvamos otra vez, pero era complicado crear,
pero no sé que historias, hubo una nueva renovación pedagógica en la
cual decían que habría que dejar riendas sueltas a las imaginaciones de
los niños, que los niños pinten, canten o jueguen, forma parte del
repertorio pedagógico, no sé si influido por Freud, hubo un vuelco
histórico a la hora de enseñar a los niños.
"Escaleras", un mote que se le quedó inscripto en el cuerpo, como una
marca de identidad, "escaleras" vendía pececitos de colores, nos dimos
cuenta que esos pececitos de colores del riachuelo artificial era
propiedad de "escaleras", le dio por depositar unos cuantos pececitos de
colores en el riachuelo, y a parte tenía unos cuantos pececitos de
colores en bolsas de plásticos llenas de agua, "escaleras" salió algo de
su anonimato, alguien se angustia cuando no se es conocido, cuando se es
un número, uno más de los miles de niños que había en ese centro escolar
apartado de la ciudad, salto a la fama el "escaleras" por el asunto de
los pececitos de colores, no olvidé cómo de repente saboreó su propia
fama, disfrutó por momentos ser hablado por otros, ser escuchado por
otros, ser uno más entre otros, ser mirado por los otros, no lo olvido,
su cara regocijada, su risa feliz, por momentos disfrutaba el dulce
sabor de ser héroe de pandillas, ya que siempre en pandillas hay héroes
y algunos luchan a base de puñetazo para ocupar o reocupar el puesto de
líder. Son cosas de niños, pero no lo podemos obviar, la lucha por el
poder se gestan desde nuestra niñez. Cuando jugamos a pistoleros e
indios, influido por el cine, nos disfrazamos, jugamos con disfraces...
"Escaleras" pavoneaba, chuleaba, por que tenía pececitos de colores,
algunos nos dimos cuenta de eso, creo que era "una pasada", "escaleras"
por momentos disfrutaba de ese protagonismo, todos oíamos mentar al
"escaleras", incluso los maestros de escuelas con fuertes carcajadas o
risotadas mencionaba al "escaleras", pensaba que todo eso era un momento
irreal, fantástico, mágico, frente a una fabricación de "realidades" del
centro escolar, son momentos mágicos, como en momentos mágicos que crean
los actores de teatros cuando representan, improvisan, mimetizan,
pantomizan, etc. "Escaleras" disfrutó de sus momentos mágicos, con sus
malditos y preciados pececitos de colores, formábamos corrillos
alrededor de él por el asunto de los pececitos de colores, nos chiflaban
los pececitos de colores, son bonitos, algunos de extrañas formas, y
todos los pececitos no son iguales, son diferentes, en cuanto a tamaños,
formas y coloraciones...
Semanas posteriores no hubo pececitos de colores en ese riachuelo
artificial, y nadie hablaban de "escaleras", y "escaleras" tuvo
problemas con determinados compañeros, perdía protagonismo, perdió el
puesto de líder de pandillas, faltaba a clases, tenía problemas
familiares y con los maestros de escuelas... A pesar de ser un compañero
de clase, apenas me dirigía la palabra a él, además el siempre se
sentaba solo y apartado frente al pelotón de compañeros, algo me
extrañaba de él, no sé de qué. No supimos más de sus pececitos de
colores. Alguien preguntó por los pececitos de colores, "escalera"
destronado de todos sus poderes imaginarios, dijo: "Los pececitos de
colores, imbéciles, están debajos de la escalera". No supe el
significado de su respuesta. Tampoco esa otra, tratando de despistar las
curiosidades nuestras, que dijo una vez a bocajarro: "Los pececitos de
colores si no están debajo de la escalera pues está metido dentro de una
nevera industrial gigante que está en la cocina del centro". Querían
jugar con nuestras curiosidades o deseos, querían que fuéramos a esa
gran nevera industrial, abriéramos la puerta y nos metiéramos a buscar
los pececitos de colores, y él cerrara la puerta y nos dejaran encerrado
entre esas carnes colgadas en perchas, y nos congeláramos de miedo.
Realmente en grupo estuvimos imaginando increíblemente sobre esa gran
nevera industrial, paseamos por el comedor, por la cocina, los cocineros
nos expulsaban, preguntábamos, y bueno, no sé que historias me separé
del grupo, supe que algo peligroso iban a realizar, me enteré por lo
bajo que alguien se quedó encerrado buscando pececitos de colores en esa
gran nevera industrial... "Escaleras" fue ignorado, castigado,
represaliado, apartado, "escaleras" nos ignoró desde su supuesta
superioridad, nos tomaron el pelo a todos, al centro escolar por
completo con el asunto de los pececitos de colores, supe en mi
imaginación que era un modo de rebelarse contra el centro escolar, un
modo de avivar nuestras imaginaciones para romper la fábrica de
"realidades" del centro educativo, transformar la educación, supe que
era un modo de salir del anonimato, un modo de romper la cohesión
"artificial" del grupo creado por el centro escolar, y desarrollar lo
auténtico de cada nosotros, eso lo supe por que me lo comentó él varios
años posteriores, que era un modo de dar un jaque mate a las autoridades
del centro escolar, y se inventó ese juego de los pececitos de colores.