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Se ha dicho últimamente en CNN , refiriéndose a los atentados terroristas de E.U, que en muchas ocasiones la realidad imita a la ficción. Bueno, han hablado de canciones pésimas, de películas pésimas, de poemas pésimos, y por supuesto, de Nostradamus. Sin embargo, nadie ha tomado en cuenta el poema EXIT 79 DEL QUEENS BOULEVARD de Paul Alvarez. A primera vista el poema puede parecer escrito por uno de los terroristas que se estrellaron contra las torres gemelas. (Por cierto, en esos días Paul sentía pánico, ya que quizá la CIA lo pudiera andar buscando. Se mantuvo alejado por un tiempo de los mormones, y es tanto el pánico, que aún mantiene su teléfono desconectado.) Sin importar esto les puedo jurar que cuando Paul vio el atentado se arrepentió de su actitud moralista de mandar a drogarse a una sociedad con la que no estaba de acuerdo en un grito lorquiano-maldororiano-Ginsbergiano que uno nunca sabe en que puede parar, y fue en esto lo que paró, así como Gary Snider que continúa proponiendo que se destruya Nueva York y se alce un bosque en su lugar. Pues bien , el Paul se arrepintió de su actitud moralista de mandar a drogar a una sociedad que aborrece , poco después que vio el segundo avión estrellándose en el edificio. Me imagino que la conciencia le habló con la voz en que tantas oportunidades le he comentado en tono de broma, escribir un poema significa enfrentarse a lo que uno escribe, por lo que vas a tener que enfrentarse a todas esas personas cuando toquen a tu puerta. Sin embargo, no pienso que deba arrepentirse de nada. Sería como que Rimbaud o Van Gosh se lamenten por haber predecido las guerras mundiales en sus obras. Lo que quiero decir, y esto es lo importante del asunto, cuando Paul estuvo parado en el EXIT 79 DEL QUEENS BOULEVARD gritó un poema que reflejaba lo que estaba ocurriendo a su alrededor y lo expreso en un poema violento y desgarrador en que ordena a drogarse a las personas que van y vienen por el EXIT 79 DEL QUEENS BOULEVARD, y ya. Si hubiera hecho lo contrario entonces no sería un poema, puesto que la poesía es decir las cosas sin importar que tan mosntruosas sean.
Gracias a Dios que no lo hizo desde el WORLD TRADE CENTER, ya que a esta hora se encontraría asesinado o siendo interrogado en una habitación oscura por el FBI.
Frank L. Báez
EXIT 79 DEL QUEENS BOULEVARD
Hay veces en que es necesario ver la sangre transformándose en camino, en un grito desesperado por caer y romperse en mil cosas anegadas por la memoria, hay veces en que es necesario comerse las uñas y los párpados y los ojos de quien se ama, hay veces en que es necesario drogarse debajo de los puentes, drogar a los abandonados, a los idiotas, a los que pierden una librita de más todas las tardes, a los sedientos que se olvidan de su sed para quedar abrazados, a los que se quedan parados enfrente de los especiales de 99 centavos, a los que piden todo el día y la semana, a los que recogen la basura, los preservativos, las ratas muertas, a los que miran sin ser observados, a los que vomitan sangre en las mañanas, a los que lloran porque dicen no saber qué pasa, a los que leen su nombre en la quinta página del Times, a los que estuvieron esparcidos como una imagen en un espejo roto, a los viejos cirujanos y sus alcanfores, a los arquitectos que no cuelgan su diploma, a los obreros que dicen trabajar 16 horas y en realidad son más, a los que no llegan a su casa, a los que están a punto de morir en el bar por no pagar o por el fulano que le queda al lado, a los meditabundos sin futuro, a los que saludan con muerte en las manos, a los hediondos a gasolina, a los que estuvieron golpeando a Antonin Artaud cuando murió con un zapato en la mano, a los que no van a morir y se irán en pena, a las que maman pingas en los asientos traseros de los Ford’s, en la semioscuridad de los baños públicos, en los callejones, en el subterráneo, a las putonas que suben las escaleras, a los hijos de puta, a los que no cierran la puerta a ninguna hora, a los que abren puertas y olvidan cerrar las puertas, a los de una pierna, a los que salen con revistas para quizás luego revisarlas en los trenes, a los que catalogan de psicópatas en los noticiarios, a los que violan en las esquinas forzosamente, a los que le gustan ser violados en las esquinas forzosamente, a las que hacen striptease, a los que prestan, a los ignorados, a los buscavidas, a los hipnotizados, a los que aguardan en los ascensores, a los que salen de la nada en pleno día, a los que nunca se olvidan, a los que usaron lentes de contacto el mes que nos vieron y hablaron y siguieron de largo, a los que toman el autobús y se pierden, a los que se pierden de una vez y para siempre, a las que hunden las uñas en la espalda de su amante, a los que son besados, a los que esperan el beso, a los que arrebatan el beso, a los que dicen hasta luego y adiós, a los que no se arrepienten, a los amigos que vinieron, a los que cantan de repente en un taxi, a los que van a la playa a enterrarse o ahogarse, a los que nos salvaron sin querer, a los que les dijiste y te dijeron, a los que planifican tener hijos sin casarse, a los que pasan y no te reconocen, a los que no reconoces, también a los que se hacen pajas, a los mas jóvenes, a los mas tapones, a los que sudan repitiendo "esta es mi sangre", a los paramédicos, a los hackers, a los que se meten una escopeta en la boca, a los que le ponen puntos suspensivos a su vida, a los que oran de madrugada cuando sueñan con América y de noche cuando se levantan, a los asmáticos, a los que no respiran más, a los que mastican nubes, a los que montan a caballo, caen, se inmovilizan, envejecen, montan en la brida, oyen relinchos y fallecen, todo eso en medio de la quinta avenida, a los que quieren suicidarse en Agosto, a los que no saben aguardar, a los que no escucharon el silbido del tren y de la aurora boreal, a los que no le duele que le saquen sangre, a los que se derrumban en los hospitales, a los que se levantan aún estando en la cama como en el cementerio, a los que leen periódicos y no vuelven a leer más periódicos, a los que podría haber asesinado, a los que vieron una, dos, tres veces mis rostros sin mascaras, a los que me recordaron un instante después de la muerte, a los que me vieron agonizando y no dijeron nada ni se miraron sus caras asombradas, a los que quemaron y escondieron mis ojos, a los que creí, a aquellos en que me ví, a los que atentaron contra mí, a los que no buscaron nada nunca en mí, a los que he traicionado, a los que por amor se entregaron a mí,
a los que por casualidad se entregaron a mí,
a los que por venganza se entregaron a mí,
a los que por entregarse se entregaron a mí
PAUL ALVAREZ
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