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AGONÍA
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Acostado pensó en la arena, en la tierra, en el lodo.
Cerró los ojos.
Pensó en su corazón
y oyó los latidos retumbando en sus oídos:
sintió como bombeaba sangre,
sangre que regaba su cerebro,
cerebro que le recordaba la arena, la tierra y el lodo.
Contó los latidos:
sesenta en un minuto ahora
y ochenta
y noventa en un minuto después.
Agitado abrió los ojos.
Se sentó al borde de la cama
y pensó en la arena,
en la tierra
y en el lodo.Ochenta y volvió a acostarse
solo para levantarse
de la punzada de dolor que le atravesó
del pecho al cuello, todo.Se incorporó.
Quiso correr, pero en su mover
su dolor se aplacó.
Pulso noventa y poco ahora
y ochenta y setenta y algo después.Volvió a su lecho, respiró.
Pensó en su respirar:
inspiró, espiró,
inspiró, espiró,
inspiró, espiró,
inspiró,
espiró.
Casi se durmió.
Cerró los ojos.Ojos pesados como cubiertos de tierra
garganta raspada de arena
espacio espeso de lodo, todo.Y recordó: inspiro, espiro,
inspiro, espiro,
inspiro, espiro. Si no inspiro y espiro
no respiro:
no debo dormirme.Pero se durmió.
Y se olvidó de respirar:
noventa, ochenta, setenta y algo
sesenta, cincuenta ahora
cuarenta y treinta después.
Veinte, diez y menos y todo.Cerebro de tierra, arena y lodo.
Miguel Á. López
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En la piedra, en el árbol, en el plástico, en el cartel:
a veces pareces ser pero sé que no eres ni ella ni él.Y si fueras, seguro que no serías
(tú mismo -bien lo sabes!- me lo dirías)
lo que muchos sin vergüenza alguna
-nacidos y renacidos- mentan boquiabiertos Él.Aquí en hueso, sangre y pensamiento,
como tú a la piedra y al árbol,
muy en mí te siento.Muchas veces a mis preguntas
y casi siempre a mis quiero que,
tú respondes (no, no me miento).
Pero te lo juro, de verdad: no te comprendo.
Aunque sí, ¿me crees?, muy en mí te siento.Y si algún día entendiera el dolor de la piedra
o supiera que le habla el árbol al viento
no me lo creería,
lo obviaría (te lo juro, de verdad).
Aunque sí, ¿me crees?, muy en mí te siento.No quiero que seas y así no serás.
Y si por un débil instante quisiera que fueses, así serás:
porque muy en mí te siento.Para tí la piedra, para mí el plástico.
Para tí el árbol, para mí el cartel.
Para tí la simple y bella concreción
y para mí, tú: mi absurda y necesaria creación.Eso creo. Pero no es temor:
temor el tuyo,
que muy en mí lo siento.
Miguel Á. López