Cómo vas a comer de mi mano extranjero

     Cómo vas a comer de mi mano extranjero, si te debates contra tu propia sombra en la arena, si despedazado el cuerpo y arrancados los ojos de las órbitas te niegas a entregarte y continúas la lucha.
    No mi amor, no quiero tus despojos, no quiero los miserables restos que pudieron no haberse acobardado, no quiero la última fibra de tu corazón que tal vez siga latiendo ni tu última gota de sangre para beberla en
una copa de cristal.
     Aún mutilado tu cuerpo puede restablecerse. Levántate. El enemigo ya no existe. Los campos han vuelto a ser fértiles y seguros, y no quedan cenizas del fuego que alguna vez los arrasara.
    Puedes volver a ser el héroe y cubrir nuevamente tu rostro con el yelmo de plata. Nadie sabrá de las lágrimas mínimas y el dolor infinito.
      El enemigo se ha quedado dormido como un niño en las entrañas de la hembra y ella lo ha portado maternalmente a su cubil de donde, definitivamente, ya no saldrán las siete cabezas de los cerebros encendidos.
Puedes erguirte entre los humanos porque eres mejor que los humanos y porque ahora eres todavía más sabio.    Pero no cortes flores para el camposanto porque sólo hay ausencias, hay distancias, otro tiempo yotro espacio alimentados deliberadamente por tu miedo.
      Y lo que busques muerto pulsará fuerte debajo de la tierra yendo por un camino muerto en tu memoria.

                                                                                                                       Claudia Benavento
 
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