Cómo
vas a comer de mi mano extranjero, si te debates contra tu propia sombra
en la arena, si despedazado el cuerpo y arrancados los ojos de las órbitas
te niegas a entregarte y continúas la lucha. No
mi amor, no quiero tus despojos, no quiero los miserables restos que pudieron
no haberse acobardado, no quiero la última fibra de tu corazón
que tal vez siga latiendo ni tu última gota de sangre para beberla
en una copa de cristal.
Aún mutilado tu cuerpo puede restablecerse. Levántate. El
enemigo ya no existe. Los campos han vuelto a ser fértiles y seguros,
y no quedan cenizas del fuego que alguna vez los arrasara. Puedes
volver a ser el héroe y cubrir nuevamente tu rostro con el yelmo
de plata. Nadie sabrá de las lágrimas mínimas y el
dolor infinito.
El enemigo se ha quedado dormido como un niño en las entrañas
de la hembra y ella lo ha portado maternalmente a su cubil de donde, definitivamente,
ya no saldrán las siete cabezas de los cerebros encendidos. Puedes erguirte entre
los humanos porque eres mejor que los humanos y porque ahora eres todavía
más sabio. Pero no cortes flores para el camposanto
porque sólo hay ausencias, hay distancias, otro tiempo yotro espacio
alimentados deliberadamente por tu miedo.
Y lo que busques muerto pulsará fuerte debajo de la tierra yendo
por un camino muerto en tu memoria.