Eduardo Curbello                                                 (Uruguay)
 
 
 
 
 

                                      1.
 
 

Acaricio en su cabeza la cabellera del aire

La infancia de su piel me lanza la última moneda directamente a los ojos

Carezco de remedio para encubrir mi enfermedad

La neblina, en mis pestañas, ha llorado todo el tiempo

¿Y si no tuviera hija?¿Y si todo fuera una imagen irreal, un capricho vertido

              sobre la mirada de todos?

¿Y si no tuviera ojos? ¿Y si no existieran los demás, ni la velocidad de su

              pequeño paso, en este atardecer, bajo la lluvia? Sobre la arena

debo asumir el deterioro de la luna para que ella crezca


 
                                 2.
Perdón a todos. Escapo del silencio. Hablo

para una niña que merece más que un poema

Un manojo de mis mejores días, merece

que un hombre como yo

quiera arrojar su luz de padre encima de su mesa
 

                          3.
 

Extiendo el mantel de mi amor y aguardo

el reconocimiento de sus ojos a la hora de la cena

y arranco de mis labios y arrojo hacia los suyos

la esperanza

                            4.
 

Un día no estaré – creo que ella, ni siquiera, lo sospecha

Mientras me alcancen las manos acercaré mis dedos a los suyos

y como quien ama con rabia cerraré mi puño y golpearé los ojos del sol
 

                           5.
 
 

Toco sus dedos y en el baúl de la memoria un recuerdo se hace trizas en

             mis manos. Huérfano de refugio, corro bajo el techo de la niña

cuyo nacimiento me probó la inexistencia de la muerte. Ella está sola

mirando hacia el rincón donde los grandes no comprenden lo que pasa

Entre sus pies está dando a luz el asesinato envejecido de mi tiempo

Pienso en lo irrepetible, en lo inmaduro de la fruta, lo fácil de olvidar. Ella

empezó, en este instante, a organizar el dibujo que yo, ignorante de mi

             vida, derrumbé

                                        6.
 
 

¿Nunca podremos con el ingenio inmaduro de la rosa? Jamás

alojaremos en el lugar exacto nuestros errores

El dinamismo de las horas, obligatoriamente, nos agranda el cuerpo

Parados en un planeta que, rodeado de aire, mira

con lástima nuestra lágrima de adulto y nosotros

incansables de apoyar nuestro pie encima de ella

                             7.
 
 

Inundada de saliva la boca, el alimento

en la mesa del que muere sin saber que arderán sus ojos

en los ojos de otra vida

encomendemos al futuro

lo que le corresponda de silencio



 
 

                                                     1.
 

Quiero aplacar el cristal que se ha roto dentro de mi cuerpo. El vientre de una copa mordida

                              por una mujer, los añicos transparentes de una lágrima

 con los cuales, ella maravilló

los destruídos huesos y músculos que me ha dejado, la pobre consistencia en mi estación de

                              pie

que tambalea

como la vara de mimbre que ha hecho de mi cuerpo

desde que dejó en mi mano

la palabra del adiós en un pañuelo con su nombre
 

                                                        2.

¿Ha muerto adentro de mí el deseo? Acaso ¿pretendía dibujar en la cara de aquella mujer la

                                   palabra infinito?

Revolverme en su nariz y ser su olor. Eso quería

Escapar corriendo de su boca

como lucho, ahora mismo, por hacerlo del abandono

sentado a la mesa de un restaurant

despilfarrando pasos que me conducen a las entrañas del bocado que ella

en este instante, mastica
 

                                                       3.

Se deslizó a mi lado con la frialdad de un cuchillo. Como una hogaza muerta de pan

apretó de rodillas los dientes. Mientras me dejaba el adiós definitivo, quitaba el alimento de

                                              mi boca y yo, sorprendido, esperando

a que llegaran a mi cuerpo los huesos de la inanición
 


ASOMBROS
 
 

                                                             1.

Moriremos cuando el hambre ataque y dejemos de ser

la temblorosa mirada del Hombre a horcajadas frente al espejo del asombro, los rastros

                        de mil días de penurias, los pensamientos reducidos a polvo

a los pies de una escalera en marcha
 
 
 

                                                             2.

Se quisieron como el primer día. Biselaron poco a poco sus rostros con la mano del

                         tiempo

golpearon puertas y abarrotaron de arrugas los almanaques raídos por las lágrimas
 
 
 

Porque la mirada del olvido son los ojos de la muerte, dijo ella

Llevo en los labios, eternamente, lo que hemos dejado de ser

para ser lo que somos
 
 
 

Porque el espejo del asombro los había desgastado hasta terminar con el último miedo
 
 

                                              3.

El navegante regresa en un tumulto de olas. Detrás de sí, el tiempo de la aventura

los besos robados al azar que lo arrojan

a la lengua de una mujer que le muestra que debajo de un lunar

se refleja el asombro

la renegrida apertura de los ojos de la muerte, los mares remotos

en los pechos alicaídos

donde el navegante clava el hacha de su boca
 
 

                                        4.

Cayeron lágrimas de hombre

encima de la foto que ella firmó con las iniciales

de su apellido. En el trazo de crayon

el absurdo mar de la duda los empujó a naufragar

eternamente reflejados en el agua, como corresponde

a los navegantes culpables

el S.O.S. llega tarde

a la cama de los indecisos
 
 
 

                                           5.

El frasco con flores junto a la vela encendida nos indica el final de la noche

Los niños, fuera de peligro, ya no se ahogarán en el charco de la indiferencia
 

                                                                          Eduardo Curbello
                                                                                         Uruguay


Tu opinión o comentario
Poesia Narrativa Ensayo
La tertulia
Avisos Ejercicios
colectivos
Concursos enlaces Chat