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1.
Acaricio en su cabeza la cabellera del aireLa infancia de su piel me lanza la última moneda directamente a los ojos
Carezco de remedio para encubrir mi enfermedad
La neblina, en mis pestañas, ha llorado todo el tiempo
¿Y si no tuviera hija?¿Y si todo fuera una imagen irreal, un capricho vertido
sobre la mirada de todos?
¿Y si no tuviera ojos? ¿Y si no existieran los demás, ni la velocidad de su
pequeño paso, en este atardecer, bajo la lluvia? Sobre la arena
debo asumir el deterioro de la luna para que ella crezca
2.
Perdón a todos. Escapo del silencio. Hablopara una niña que merece más que un poema
Un manojo de mis mejores días, merece
que un hombre como yo
quiera arrojar su luz de padre encima de su mesa
3.
Extiendo el mantel de mi amor y aguardo
el reconocimiento de sus ojos a la hora de la cena
y arranco de mis labios y arrojo hacia los suyos
la esperanza
4.
Un día no estaré – creo que ella, ni siquiera, lo sospecha
Mientras me alcancen las manos acercaré mis dedos a los suyos
y como quien ama con rabia cerraré mi puño y golpearé los ojos del sol
5.
Toco sus dedos y en el baúl de la memoria un recuerdo se hace trizas en
mis manos. Huérfano de refugio, corro bajo el techo de la niña
cuyo nacimiento me probó la inexistencia de la muerte. Ella está sola
mirando hacia el rincón donde los grandes no comprenden lo que pasa
Entre sus pies está dando a luz el asesinato envejecido de mi tiempo
Pienso en lo irrepetible, en lo inmaduro de la fruta, lo fácil de olvidar. Ella
empezó, en este instante, a organizar el dibujo que yo, ignorante de mi
vida, derrumbé
6.
¿Nunca podremos con el ingenio inmaduro de la rosa? Jamás
alojaremos en el lugar exacto nuestros errores
El dinamismo de las horas, obligatoriamente, nos agranda el cuerpo
Parados en un planeta que, rodeado de aire, mira
con lástima nuestra lágrima de adulto y nosotros
incansables de apoyar nuestro pie encima de ella
7.
Inundada de saliva la boca, el alimento
en la mesa del que muere sin saber que arderán sus ojos
en los ojos de otra vida
encomendemos al futuro
lo que le corresponda de silencio
1.
Quiero aplacar el cristal que se ha roto dentro de mi cuerpo. El vientre de una copa mordida
por una mujer, los añicos transparentes de una lágrima
con los cuales, ella maravilló
los destruídos huesos y músculos que me ha dejado, la pobre consistencia en mi estación de
pie
que tambalea
como la vara de mimbre que ha hecho de mi cuerpo
desde que dejó en mi mano
la palabra del adiós en un pañuelo con su nombre
2.
¿Ha muerto adentro de mí el deseo? Acaso ¿pretendía dibujar en la cara de aquella mujer la
palabra infinito?
Revolverme en su nariz y ser su olor. Eso quería
Escapar corriendo de su boca
como lucho, ahora mismo, por hacerlo del abandono
sentado a la mesa de un restaurant
despilfarrando pasos que me conducen a las entrañas del bocado que ella
en este instante, mastica
3.
Se deslizó a mi lado con la frialdad de un cuchillo. Como una hogaza muerta de pan
apretó de rodillas los dientes. Mientras me dejaba el adiós definitivo, quitaba el alimento de
mi boca y yo, sorprendido, esperando
a que llegaran a mi cuerpo los huesos de la inanición
1.
Moriremos cuando el hambre ataque y dejemos de ser
la temblorosa mirada del Hombre a horcajadas frente al espejo del asombro, los rastros
de mil días de penurias, los pensamientos reducidos a polvo
a los pies de una escalera en marcha
2.
Se quisieron como el primer día. Biselaron poco a poco sus rostros con la mano del
tiempo
golpearon puertas y abarrotaron de arrugas los almanaques raídos por las lágrimas
Porque la mirada del olvido son los ojos de la muerte, dijo ella
Llevo en los labios, eternamente, lo que hemos dejado de ser
para ser lo que somos
Porque el espejo del asombro los había desgastado hasta terminar con el último miedo
3.
El navegante regresa en un tumulto de olas. Detrás de sí, el tiempo de la aventura
los besos robados al azar que lo arrojan
a la lengua de una mujer que le muestra que debajo de un lunar
se refleja el asombro
la renegrida apertura de los ojos de la muerte, los mares remotos
en los pechos alicaídos
donde el navegante clava el hacha de su boca
4.
Cayeron lágrimas de hombre
encima de la foto que ella firmó con las iniciales
de su apellido. En el trazo de crayon
el absurdo mar de la duda los empujó a naufragar
eternamente reflejados en el agua, como corresponde
a los navegantes culpables
el S.O.S. llega tarde
a la cama de los indecisos
5.
El frasco con flores junto a la vela encendida nos indica el final de la noche
Los niños, fuera de peligro, ya no se ahogarán en el charco de la indiferencia
Eduardo Curbello
Uruguay![]()
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