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EL CEMENTERIO
"Los hombres de la selva son más conscientes de los fantasmas que de los dioses, y los fantasmas de las personas muertas están más cerca de ellos que
de cualquier divinidad que habita allá lejos, en el cielo".James Wellard.
Felipe decidió adentrase en la Ciudad de los Muertos. Caminar por
las calles que se iluminan con
la fluorescencia de los cadáveres. Buscar,
entre los pasillos bordeados por
cuerpos en descomposición o descompuestos,
aquel lugar dónde yacían
Irene y Raúl, tras el trágico accidente que sesgó
sus vidas.
Le dio un vuelco el corazón cuando se arrodilló ante la tumba.
Le
embargó la impotencia por
lo que no tenía remedio. Dejó la cabeza reposar
sobre la lápida y se dejó
arrastrar por un tornado. Se encontró flotando
hacia un resplandor rojo. Era
algo insólito, llegaron a su mente palabras de
Hemingway: " Mi alma... salió
de mi cuerpo como si alguien se sacara del
bolsillo un pañuelo de
seda, tirando de él por la punta".
Una Irene tierna y dulce se aproximó a él hablándole misteriosa:
-
Ya soy un enigma más sobre la tierra. Recuerdas aquella película
que
tanto nos gustaba: "El Rey Arturo
y los Caballeros de la Mesa Redonda".
-
Mitos sobre el Rey Arturo buscando el Santo Grial. - contestó
Felipe, maquinalmente, sin salir
de su asombro; los ojos de Irene le
indicaban que prosiguiera -. Aquella
vasija utilizada en la Última Cena que
contenía Sangre de Cristo.
Aquella espada mágica, Excalibur, que Arturo
tuvo que extraer de un yunque
de piedra para ser Rey. Los mágicos engaños de
su hermanastra Morgana que le
dio un hijo y superó todos los encantamientos
de Merlín. Y, Elaine de
Astalot, cuyo amor correspondió a Sir Lancelote y
cuyo cuerpo fue trasladado misteriosamente
en una barca a la Corte del Rey
Arturo. Todo era hechizo. Las
gentes y los objetos moviéndose mágicamente
de un lugar a otro. Elaine de
Astalot, rodeada de inexplicables apariciones
y desapariciones. - Ensoñó
Felipe -.
-
La copa y la lanza de los romances griálicos, - continuó
Irene-.
Hombre que perdido, pisas la tierra,
acude al significado de los ritos, que
te muestran el estado de unión
entre lo mortal y lo divino.
- Tienes razón, soy un hombre perdido desde que tú no estás.
-
Cauldron -explicó Irene-, significa caldero. Una realidad física
en
la que se inicia un culto, bajo
el cual, el candidato deberá de ser
asesinado para luego renacer.
En numerosas narraciones celtas aparecen los
calderos, con brujas que preparan
brebajes mágicos; las suponen
originalmente diosas, simbolizan
la feminidad, la sexualidad, la fertilidad.
En la iniciación a las
ceremonias se utilizaba un caldero y una lanza; son
la copa y la lanza de los romances
griálicos. Posiblemente simbolicen el
logro de la máxima ambición
a través de los tiempos: la visión del Santo
Grial.
-
Jamás se me habría ocurrido interpretar la tradición
del
recóndito culto celta.
- Contestó apático Felipe -.
-
¿Sabes a ciencia cierta, qué buscaban el Rey Arturo y los
caballeros
de la mesa redonda?. - Insistió
Irene, sin tener en cuenta la desidia del
hombre -. ¿Era el
Santo Grial?. O, ¿acaso, era la espiritualidad de la
Humanidad?.
-
No sé. Sin ti y el niño carezco de materia y de espíritu.
No soy
nadie.
-
¡No te puedes hundir!. Experimenta el rito del Santo Grial. Revive.
Visualiza el castillo, explora
con la imaginación. Haz viajes que nadie te
pueda creer, en los que entrelaces
tradiciones y vulgaridad. Muéstrate como
una expresión alegórica
de lo desconocido.
- Hoy, soy el propio desconocimiento. - Reveló el hombre -.
-
Es el momento de que regreses a tu cuerpo. - Se resignó Irene -.
No
olvides los principios de estas
leyendas.
Irene desapareció poco a poco, sus contornos fueron haciéndose
confusos, su volumen semitransparente,
su túnica azul fue aclarándose; se
esfumó en neblina, lentamente,
empezando por la cabeza y terminando por los
pies, como se disipan los fantasmas.
Hemingway añadió: "Mi alma.... revoloteó a mi alrededor
y regresó a
mí, y ya no volví
a estar muerto".
Felipe tuvo la infalibilidad de que la muerte no era el final de
todo. El hombre recogió
la demencia; desgarrado, rugió el nombre de Irene y
de Raúl, mientras, le robaba
las flores a los otros muertos del cementerio,
para depositarlas allí,
dónde la mujer y el hijo reposaban eternamente.
Después, como un perro
negro lloró cara a la luna.
*******
El invierno es crudo para el que no tiene en dónde
guarecerse. Había perdido
el tren de su paso, bebe y vagabundea, vagabundea
y bebe. Va entrando la noche,
le van echando de todas las tascas en dónde ya
no toma más que el vino
barato de los beodos. Cuando cierra el último antro
en que le permiten la bebida,
camina sin dirección mientras observa la
huella de sus zapatos rotos sobre
la escarcha de las aceras.
En el oscuro amanecer, descansa en cualquier portal abierto
del viejo Madrid. Apoya la espalda
en un rincón cuyas paredes rezuman moho y
orín. Sobre el hombre se
desprenden escombros y abandono.
Felipe se asombró con una caricia en su frente; Miró sesgado,
halló
unos ojos negros entre una capa
de pintura decadente tras la noche.
-
Te puedo dejar que subas a mi cuarto. - Dijo la cara de colores
entremezclados-.
-
No pago.
-
Si quisiera dinero no te hubiese ofrecido cobijo.
La voz de la mujer era cascada, de tabaco y alcohol.
Ella le precedió subiendo las escaleras. Podía ser una
anoréxica o una drogadicta
de mediana edad. Tal vez fuera una vieja
decrépita. En cualquier
caso, acaparaba degeneraciones y desengaños.
Felipe despertó cuando entró la luz del día sobre
la cama.
El cristal de la ventana estaba
polvoriento y el amanecer se presentaba
velado. Se hallaba en un cuarto
mugriento. Bajo las sábanas manaba el olor a
sudor de cuerpos añejos
en la noche; el soplo del aseo matinal de su
compañera inauguraba el
día.
- Tú y yo somos una mierda.
Nada. -Expresó, lozana e
irreconocible, la muchacha que
Felipe urdió anoréxica, drogadicta o tal vez
vieja decrépita, unas horas
antes.
- Nada. - Él hizo eco -.
- Tienes unas manos infrecuentes, unos
dedos especiales. Por
ello te invité a subir
a mi cuarto.
- ¿Sólo por eso?. - Preguntó insolente el hombre -.
La muchacha hizo caso omiso a la provocación. Continuó con
lo que quería contar.
- Las manos definen a los hombres,
en ellas va escrito el
destino. Las tuyas son poco características.
Anoche lo intuí; hoy lo aseguro
porque conozco su tacto. ¿Quién
eres tú?.
- Nadie. No soy nadie. - Algo en la
voz de la chica le recordó
a Irene -. Corredor de bolsa,
eso es lo que fui un día.
- Explícate bien. - Jovial la
muchacha añadió -: No necesito
que te adornes. Di lo que siempre
se ha dicho, carterista de guante fino.
-
Ahora, desde la lejanía de aquellos tiempos, supongo que no andas
muy descaminada. Se me podía
haber llamado así.
-
Me has convencido dándome la razón. No robas bolsos a las
señoras ni
carteras a los caballeros.
Ambos callaron, como si encontraran placidez quemándose en las
llamas del infierno.
- ¿Cómo te llamas?. - Rasgó el silencio Felipe -.
- Pilar. - Contestó espontánea
-. Eso es, tú me puedes llamar
Pilar.
- ¿No es tu auténtico nombre?
- Lo es. Precisamente por eso, tú
eres de los pocos que me
puedes llamar así. No lo
conoce cualquiera.
Sin restos de maquillaje su rostro emanaba el mohín inocente
de un niño, de Raúl
pensó el hombre. Las ropas de la noche estaban dobladas
en la única vieja silla
que tenía el cuarto. Vestía un uniforme de colegio
de pago. Era una niña,
apenas una adolescente, concluyó Felipe.
- ¿De dónde sacaste ese uniforme de colegio de monjas?.
- De debajo de la cama. - Rió la muchacha -.
- ¿Qué dirán tus
padres? No has aparecido por tu casa en toda
la noche.
- Nunca llego pronto a mi casa. En
cualquier caso, no dirán
nada. Nunca se enteran si estoy
en casa o no. Ellos, viajan o cumplen con
sus compromisos sociales, ya sabes,
cenas, fiestas.... Aunque estén aquí,
tampoco aparecen por casa
hasta altas horas de la madrugada. Yo soy libre.
- Ponte en que se enteran. - Insistió Felipe -.
- ¿Quién se lo va a contar?.
- Un chulo, por ejemplo. - Afirmó severo el hombre -.
- Temen a mi padre. Es un gran... abogado.
¡Ya no te doy más
pistas! No olvides que quién
abra la boca será el primer pillado. - Amenazó
Pilar -.
- ¿Que haría tu padre contigo?. - Perseveró el hombre -.
- ¡Qué pregunta! Alardearía
justicia. Me dejaría en las
puertas de un correccional. -
La chica puso voz ronca y gesto huraño - "aquí
dejo a mi hija, es una puta".
No me preocupa, de los correccionales se sale.
- ¿Por qué llevas esa vida?
- Me aburro. Me gusta la aventura prohibida.
Busco hombres
interesantes. De vez en cuando
encuentro alguno, a ti por ejemplo. Realmente
es la primera vez que tropiezo
con uno así. ¿Por qué me rechazas? ¿Por qué
deambulas? ¿Mataste a tu
mujer?
-
Nunca podría estar contigo. Me remuerde la conciencia por la muerte
de mi mujer y de mi hijo. - El
hombre se abatió con sus palabras -.
-
Eres como una novela policiaca, ¡más intrigante aún!.
Seguro que
tenías una amante,
te acosaba hasta la locura. ¿Los mató tu amante?.
-
¡Qué imaginación!. No. Murieron en el coche, donde
viajábamos. Irene
sigue viviendo en otras dimensiones,
de otra manera. Yo hablo con ella. La
percibo en otra latitud. Es mi
único amor, un espíritu.
El hombre sonrió.
-
¡Uf! ¿De verdad que no me estas contando una novela?. ¡Estás
casado
con un fantasma!. ¿Se te
aparece a menudo ella? .
- Sólo fue una vez, en el cementerio.-
Felipe se envolvió de
ternura-. Sé que siempre
está a mi lado, me acompaña y observa. Algún día
volveremos a estar juntos.
- ¡Cuando tú mueras! ¿Buscas la muerte?
-
Todo me da igual, tan sólo quiero estar con ella y olvidar; dejar
de
recriminarme la culpa de su muerte.
¡Si fuese posible retroceder al pasado!
-
¡Uf! ¡Eso es muy complicado! ¡Me voy!. La clase de baile
es lo único
que controla mi madre. Una sola
falta a su dichoso ballet y se me puede
echar a perder la vida. Quédate
aquí el tiempo que quieras. No vengo a
menudo por aquí. Fue una
casualidad encontrarte ayer. Estando tú volveré con
frecuencia. Este cuartucho lo
tengo para alguna noche loca como ésta, para
íntimos amigos como ya
lo eres tú, o incluso para meditar.
- ¿Cuántos años tienes?. - Curioseó Felipe -.
-
Dieciséis. No importa. Es como si hubiese cabalgado dos siglos.
Mi
gran temor es la muerte y entre
insensateces pierdo la macabra idea. Para
colmo te encuentro a ti, con una
mujer que te persigue después de la muerte.
Lo peor es que entiendo tu historia
y no dudo de ella. A veces me sumerjo en
un mundo irreal, una fantasía
y, estoy tan viva en ese mundo como en éste.
Es como si el cuerpo estuviese
detenido en un punto dentro de un espejo y, a
partir de ahí proyectase
en cualquier dirección, o al tiempo en todas,
nuestra vida.
-
Tendríamos vivencias infinitas. - Especuló el hombre
-. Así que
comprendes que mi mujer resurja
tras la muerte.
-
Si. A menudo, mezclo alucinógenos y alcohol, me transporto
a un
mundo, no sé en que parámetros,
con imágenes extrañas, se que están ya
vividas o las conozco aunque me
falte vivirlas. Mi descalabrada vida
presente es la que parece irreal.
- ¿Por qué te sientes tan desgraciada?
-
Porque me siento ficticia. No me importaría estar muerta si con
ello, fuese el fantasma, que tu
adoras
-
Eres egoísta. Si me tuvieras, aspirarías a más. Te
gustaría ser una
araña - ironizó
Felipe- tejer telas en los rincones para atrapar en ellas
las almas como si fuesen moscas.
Pilar se fue, dejando un portazo tras sí.
Si en un principio Felipe se sintió un pederasta junto a ella,
pronto comenzó a ser Pilar
la única razón en su vivir. En la muchacha se
unieron el afecto por Irene,
la devoción por Raúl. Todo lo recopiló Pilar
durante un tiempo.
*******
Un recuerdo puede mejorar con el paso del tiempo y alegrar.
Un recuerdo también puede
ensombrecerse con el tiempo y entristecer. Un
recuerdo se puede arrinconar en
la mente, relegarse.
Irene y Raúl habían sido su vida real. Felipe no les quería
olvidar, al contrario, quería
mantenerles vivos en su mente. "Resucitar
recuerdos" era su obsesión.
Le martiriza el hecho de que la muerte de sus
dos seres queridos, no le
mantuviese tan roto el alma como destrozada la
vida, a pesar de sus esfuerzos,
en su memoria se iban difuminando, se
perdían.
Al llegar la noche, veía a Pilar con la ingenuidad de Raúl,
con la
dulzura de Irene. No eran ellos,
era Pilar.
Con el sueño, los tentáculos de la noche crecían
y ahogaban a
Felipe como una mala hierba. El
coche se le fue, no sabe si alguien le
golpeó, si se deslizó
sobre el hielo o si le durmió el cansancio que
despertaba con la Siniestra.
Oscuridad y Noche se unen y engendran sus pesadillas. La Muerte y el
Sueño en el ámbito
de la Noche se ríen de él.
Enoc, escuchaba el habla de los ángeles recibido a través
de
visiones en una bola de cristal.
El Patriarca "caminó con Dios, y no fue
porque Dios se lo llevó",
no sufrió una muerte física, su cuerpo fue
ascendido a los cielos. En su
eternidad habla con los ángeles en su propia
lengua, la enoquiana.
Al hablar con Irene, Felipe creyó ser el hombre que encontró
un
mágico vidrio y en cuanto
tuvo en sus manos aquella bola de cristal, se dice
que los ángeles rebelaron
el lenguaje enoquiano a un humano, por primera
vez. Junto a Irene, reconoció
la lengua enoquiana, se sintió aprisionado en
un cristal bajo un estado paranormal
en que el ojo de la mente apresa pasado
y futuro.
En ese estado de psicosis en el que bregaba, se permitió
deducir los cinco cuadrados escritos,
procedentes del lenguaje de los
ángeles: la Tabla de la
Tierra, Pilar; la Tabla del Aire, Raúl; la Tabla del
Fuego, Irene; la Tabla del Agua
y la Tabla del Espíritu, él mismo, diluido y
peregrinando en pena.
Tuvo la seguridad de que el futuro es lo que ya antes
sucedió en el vidrio. Todo
está relacionado, la bola de cristal es la araña
que teje telas y aprisiona almas.
Al despertar, Felipe corrió hacia el cementerio. Sobre el
mármol que cubría
los restos amados, caían reflejando un círculo, rayos de
sol. Se formaba una bola cristalina
de la que brotaba desde su centro, la
figura de Irene recorriendo mil
direcciones dentro de la concavidad.
-
Irene - alucinaba el hombre -, tu sabes que Pilar no es Raúl
ni tú.
Aunque en ella está mi
consuelo porque guarda una esencial similar a la de
vosotros dos.
Irene se personificó entre nubes, y su voz surgió de ultratumba:
` ... y la diosa Aurora se representaba con sus `Caballos de
Luz`, contrapuestos a los ´Caballos
de la oscuridad`. La vida para los
cátaros era un eterno conflicto
entre la Luz y el Dios Bueno, y, la
Oscuridad y el Dios de este Mundo
al que muchas veces nombraban como el
Monstruo del Caos. Es curioso
que para los cátaros, el Dios Bueno no fuese
todopoderoso'.".
- Tu me guías, Irene. - Susurró Felipe -.
-
`... Los cátaros eran del ejército de la Luz. Un dios de
naturaleza
malvada dominaba el mundo de la
materia. El otro dios, pura bondad y
espíritu era el auténtico
Dios para ellos. Los plenamente iniciados en la
fe, enseñaban a los demás
que el deber de la persona era regular su vida, de
tal modo que quedaran libres las
partículas espirituales atrapadas en sus
cuerpos físicos por la
esclavitud de la materia. Los Perfecti o iniciados en
la fe cátara, fueron víctimas
de sangrientas cruzadas.....
`... El castillo de Montségur fue la última fortaleza
cátara. Cuatro iniciados
atravesaron el cerco de las fuerzas de asedio. Se
llevaron `el tesoro de los cátaros´.
A la mañana siguiente el resto de los
guardianes de la sabiduría
secreta se rindieron. Sin juicio fueron quemados
en la hoguera. El catarismo no
había quedado extinguido. El tesoro estaba a
salvo. Se cree que ese tesoro
es el Santo Grial y libros con grandes enigmas
ocultistas. Los videntes creen
que los cátaros siguen entre nosotros,
custodiando una sabiduría
secreta´.
Irene fue cayendo en el epicentro de una multitud de
circunferencias que jugaban a
ser hélice. Una tras otra, todas las Irenes
que se multiplicaban dentro de
la bola de cristal se eclipsaron en el
vértice de la espiral,
un eco liberaba su voz: " Un espejo conjuga presente,
pasado y futuro. Frente a un espejo
se concentran atenciones y se pronuncian
hechizos. El Oráculo de
Patras se basaba en el sistema de los espejos
mágicos. Un cristal es
magia, una botella de agua pura descubre rostros y
escenas. Abre las cerraduras de
los secretos del cosmos".
******
Al regresar al cuartucho de Pilar, el hombre, no supo el
porque, aceleró su paso
para entrar en el oscuro portal y subir sus
escaleras.
En un rincón, sentada en el suelo, Pilar lloraba; su cabeza
sobre las rodillas, con los brazos
abrazaba las piernas. A Felipe le
compungió su llanto. Ella,
en ese estado, le traía la desdicha de Irene, el
desgarro de Raúl.
Se agachó frente a la muchacha y abrazó su cabeza.
- ¡Vamos, vamos...! ¿Qué ocurre?
-
Vienes de conversar con tu esposa ¿verdad?. Traes el perfume de
la
inmortalidad y un brillo arcano.
-
Si. - Respondió el hombre -. He vuelto a entrever las dos caras
de
mi alma.
-
Yo se que no estás loco. Estoy convencida de que la muerte no es
el
final, la conciencia humana, los
deseos sobreviven a la desaparición física.
-
Es una relación que sobrepasa a la muerte, supera la percepción
de
los cinco sentidos, multiplica
las vivencias.
Pilar se quedó sonriendo, después dijo melancólica :
-
Amar puede ser dicha o dolor. En cualquier caso, el amor impregna la
existencia, le da candor.
-
Yo, antes, era más materialista, jamás me hubiese planteado
incógnitas del ser, búsquedas
más allá de la realidad. Leía agnóstico y
divertido manuscritos desde la
Edad Media reconocían la materialización de
espíritus; Entre las diversas
descripciones se hablaba de un hedor
nauseabúndo, de olor a
tumba, de un tacto frío, incluso, ver llorar lágrimas
calientes y frías a los
espectros mientras suplican oraciones para ser
liberados del Purgatorio. Me parecían
quimeras, ilusorias y amenas. Aunque
es cierto que nada de esto se
dio en Irene, ella surge angelical, al
comprobar que regresar de la muerte
es factible , se hacen posibles todas
las posibilidades de apariciones.
¡Los cátaros estaban convencidos de que
regresábamos a la tierra
una y otra vez!.
-
Tú eres el principio de lo que experimentas. ¡Yo te envidio!.
No se
puede estar bien si no se está
enamorado de nadie ni nadie está enamorado de
ti.
-
Bonitas palabras que creo recordar de Goethe. Eres muy joven, no
debes hablar así. Comienza
a apreciarte.
-
¡Hay mucho tiempo! Si los cátaros tienen razón y,
regresamos a la
tierra una y otra vez. Háblame
de tu mujer...
Pilar perdió la mirada. Su rostro tenía aún la pasta
del
maquillaje nocturno y su sonrisa
estaba aviejada. Se tumbó en las sucias
baldosas sobre las que había
estado sentada, enredaba con sus pies, quitando
y poniéndose los zapatos
mientras escuchaba a Felipe.
-
¡Una raya!. -Lanzó de sopetón la chica -. ¡Me
apetece una raya!
Tengo heroína ¡Anímate
conmigo!. Después actuaremos como viejos y conocidos
espíritus.
- No. Yo no. Superé antiguos vicios.
- Bien, yo sola, ¿lo ves? Como
siempre sola. No estoy
enamorada de nadie y nadie está
enamorado de mí. Miento, te amo. Mi amor por
ti no es espiritual peor aún,
es platónico y aunque rehuyas un contacto
conmigo, me entrego a ti con devoción.
Te deseo como hombres desearon el
Santo Grial. Si te tuviera, es
posible que te dejara de amar. Estuviste en
lo cierto al decir que soy egoísta,
como una araña que le gusta tejer telas
en los rincones para atrapar en
ellas a las almas como a moscas. No temo la
soledad; tarde o temprano, por
un motivo o por otro, todas las personas se
encuentran solas.
Sobre un pequeño espejo, la chica trazaba una línea con
polvo blanco. Felipe la observaba
sin querer ver.
- ¿Por qué eres tan escéptica?
-
Aunque siempre estés acompañado, y en el mejor de los casos,
aunque
tu tiempo transcurra siempre con
gente a tu alrededor, a la muerte avanzarás
sólo.
- Si, estás en lo correcto.
-
No hables con esa infalibilidad. Tu eres la excepción. Ella te
acompañará cuando
te llegue la hora.
-
Yo sólo me encuentro purgando la remisión total o parcial
de la pena
del mundo en que habito. De una
forma u otra, para el perdón de mis pecados
me enfrento en soledad.
-
¡Paga indulgencias!. Con dinero te dan la absolución de los
pecados,
ó por lo menos eso se hacía
antiguamente, ahora no se de que va. - Pilar
aspiró el polvo blanco
derramado sobre el pequeño espejo -. Yo ni siquiera
me planteo el pecado. Las mariposas
van de flor en flor; yo voy de hombre en
hombre. Aspiro a caricias generosas
y gratuitas, que no me pidan nada a
cambio, al contrario, soy yo la
que pongo precio. Algunos me dan asco, han
pagado y yo les obsequio con su
mercancía. Por mucha repugnancia que me den,
por el mero hecho de sentir algo,
ya me considero persona.
Pilar monologaba con cierta incoherencia. Felipe se echó
sobre el camastro.
-
Sensibilidad, nadie la quiere. Hoy se pisa fuerte sobre el asfalto,
sobre los demás. "No dejarse
comer" ordena mi padre. Cultura, arte,
raciocinio; ni una sola caricia
con la que puedas llegar a ser blanda; ésta
puede conducir al fracaso. Una
ilusión de futuro son los pájaros que tienes
metidos en la cabeza. Hay que
ahuyentarlos. El pasado también se olvida,
pasado está. Las gentes
corrientes no creen en la huella de los cuentos que
contaron sus abuelas, se ríen
cuando lloras por aquel chico que te rompió el
corazón con quince años.
Yo quiero tener un amor como el tuyo, vagando en
la eternidad. Mis padres por ejemplo,
me desbordan, no transmiten nada, su
preocupación por los trajes,
por las marcas, "así hay que coger una copa",
de esta otra manera el cuchillo
y el tenedor. ¿Hijos? No más que me
desfiguro", suelta mi madre. No
tengo el recuerdo de un beso de mis padres
cuando me iba a la cama. Con trece
años tuve a Anastasia, mi perra. No me
gusta hablar de ella porque aún
la quiero. Le llamé Anastasia porque mi
nurse contaba que Anastasia
llevó una vida triste. Que nadie supo si
estaba viva o muerta. Que fueron
muchas locas las que quisieron ser
Anastasia, que Anastasia era un
misterio.
Cuando empecé con la droga, Anastasia me miraba con pena. Un
día le inyecté una
dosis para que se divirtiera conmigo. Murió. Mi husky
siberiano de ojos azules, murió.
La enterré en el jardín bajo los rosales.
Murió feliz, tan feliz
como me había encontrado yo. Lo preferí así, antes
que verla mirándome afligida.
Su desaparición fue un misterio en mi casa.
Al igual que la zarina, nadie
tuvo la certeza de su muerte ni de su vagar
oculto y errante. Mi madre creyó
verla un día, entre perros abandonados,
vagabundos.
Para consolarme de la falta de Anastasia, mi padre compró un
canario. Era un animal insolente,
trinando cuando le venía en gana. Abrí su
jaula, se fue. No le soportaba.
Meses más tarde, sobre la sepultura de Anastasia encontré
una urraca herida. La subí
a mi habitación y la cuide. Quería a mi urraca
porque su chirrido brotaba del
alma. Cuando emitía sonidos parecía dejarse
en ellos las entrañas.
Mis padres le odiaban porque era un animal negro y
creían en la mala suerte
que éstos auguran. Mi padre tiene conmigo lo que
merece; mató a mi pájaro
un día de lluvia. Él pensaba que yo no estaba en
casa; sin embargo, yo miraba desde
la ventana a mi urraca posada en la tumba
de Anastasia. Bajé corriendo
al primer disparo; mientras descendía las
escaleras de mi chalet, atronó
la segunda, la tercera..., no sé cuantas
balas más. Yo me sentí
el tonto de la película "Los santos inocentes", con
mi animal en los brazos y gimiendo:
"Milana bonita.... Milana...". Aprendí
que no hay imbéciles, que
los menos listos conocen otro calibre en la vida:
el amor.
Felipe estaba desasosegado, con malos presagios. El típico portazo
con el que la chica abandonaba
el cuarto le sobresaltó. Felipe encontró la
agenda de Pilar sobre la mesilla.
En ella, su dirección y teléfono.
Anteriormente, no había
olvidado algo que la delatara. En un arrugado
billete de autobús, Felipe
anotó sus señas. Intuyó que algo no tenía
remedio. Saltó del jergón
en el que permanecía sentado y descendió las
escaleras hasta el tétrico
portal. Un recinto más lúgubre que nunca, con el
cadáver aún tibio
de Pilar.
El hombre pisó la jeringa tirada al lado de la chica y salió
a la calle. Salió a una
primavera en que las ramas de los árboles habían
ahorcado a sus propios frutos,
en que el trino de los pájaros era atezado,
en que un perro negro con encrespado
aullar, tornaba cárdena el mundo.
******
Había muerto Pilar, la muchacha que tenía el rostro de
Irene, el gesto de Raúl.
La razón de ser de Felipe sobre la tierra. El
billete de autobús con
el teléfono de Pilar, arrugado en su bolsillo, le
arrasó el poco aliento
que le quedaba dentro del cuerpo. Felipe se sintió
arrastrando la maldición
de Caín.
Instintivamente, al día siguiente buscó un periódico
y
dentro de él una noticia:
"La hija de un prestigioso abogado madrileño
aparece muerta en un portal.....
La joven, cuyos datos la familia ruega se
mantengan en silencio, era una
brillante estudiante cuyo único
entretenimiento, alejado de sus
libros, consistía en clases de
ballet......... Se desconocen
las causas de su muerte. La policía no
descarta un crimen......." . Sin
embargo el hombre se bloqueó, no quiso
admitir que esos hechos implicaban
a Pilar. Solo conceptuaba que Pilar había
muerto con los rostros de
Irene y Raúl.
******
Volvió a la ciudad de los cuerpos físicos en putrefacción.
Quitó
todas las flores secas que él
mismo un día había robado de otras tumbas y,
almacenado sobre la sepultura
de Irene y Raúl. Se sentó sobre la losa que
cubría los entrañables
cuerpos, le hubiese gustado organizar una pira con
aquellos ramos secos , pero con
eso no lograría cambiar su pasado.
Irene apareció inmaterial y real, como sólo pueden hacerlo
los
fantasmas.
- Llevo la desgracia a todo ser que
se cruza en mi camino.
¿Por qué a ti te
llevó la parca? El futuro está escrito. Dicen que un
hombre, puede tener todas las
libertades, yo sólo le encuentro una: la de no
conformarse con su destino. -
Meditó Felipe -. Aún así, hay que acatarlo.
-
No seas fatalista, mírate frente a un espejo con tu imagen de
reverso frente a ti. Piensa que
el destino lo has elegido tú. Que las
victorias son los regocijos seleccionados,
que las frustraciones son, en
realidad, las victorias
escogidas por tí. ¡Has sido libre! tú has elegido
lo que estás viviendo,
o lo que vas a vivir.
-
¿Un plano espiritual?, ¿un mundo invisible?, o , ¿una
relación
tiempo y espacio que los hombres
no concebimos? .
-
El tiempo coartada indefinible. Un instante por pequeño que sea
sólo se puede definir a
través del pasado que le precede y del futuro que le
sigue. Se elimina el tiempo
y con él el espacio, la materia y también el
vacío. Fecha y hora no
serian más que un transporte, sobre la posición de
los astros en el instante mismo
en que se cronometran. Lo que es verdad para
los astros lo seria también
para el corpúsculo de la materia. Ahí tendríamos
las dos caras del tiempo y de
la materia, los dos puntos de vista, una misma
realidad en el punto en que se
definen dos realidades existentes y no
existentes.
-
Volvemos al principio. - El hombre se desesperó -. Unos parámetros
ignorados.
-
Son las ideas desnudas viajando a mayor velocidad de la luz, a
través de una medida fuera
de la comprensión humana. Pensamientos
revoloteando en la atmósfera
y siendo recogidos por cada ser vivo,
continuándose en la naturaleza.
Cada hombre, sin saberlo, tiene latente toda
una vida psíquica colectiva.
-
Me es muy dificil continuar con esto, es vivir una utopía que me
arrastra - expuso el hombre -.
-
Entiéndete como un cúmulo de seres. Tan involuntario e inconsciente
trasmisor, como destinatario;
Acéptate dentro de un mundo ultraterrenal y
estar viviendo tus propios deseos.
-
La muerte puede ser el descubrimiento de la vida. - Dedujo Felipe -.
Irene, otra vez, se fue haciendo
transparente y confusa, se esfumó en
neblina.
Felipe se quedó sentado sobre el sepulcro. Algo sobrenatural le
abrasaba ya no le importaba ser
un solo individuo o una colectividad de
entes. Poseía una fuerza
lo suficientemente grande para tallar mentalmente
su cuerpo y proyectarse
en otro plano. Aún le quedaba la duda ¿cúal era la
existencia real?, ¿la poseída
cuando la creía tal? ó ¿la que poseía en la
incertidumbre?
Se cotejó con almas del
mundo de los muertos y supo que eran criaturas
hermanadas con él. Era
un fantasma más, una de esas sombras que deambulan en
viejos castillos, en cementerios,
manando de un oscuro poder psíquico, de un
sol negro.
Para Felipe, el mundo de los vivos era un mundo embrujado por
espectros, con el suficiente poder
para influir en cualquier eventualidad
sin respeto a las leyes naturales.
Una manifestación inmortal, podía
aparecer en cualquier momento,
revestir cualquier forma.
Entonces vio que Irene enlutada
y llorosa se acercaba con Raúl al sepulcro
y depositaba frescas flores en
la losa. Les acompañaba Pilar. Tan sólo
entonces comprendió que
iban en busca de su hija, de Pilar, cuando sucedió
aquel funesto accidente en que,
el muerto había sido él.
CARMEN FRONTERA QUIROGA
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