Pablo Mora , nació en Santa Ana del Táchira   (Venezuela), en 1942. Graduado en Letras en la
  Universidad Cátolica "Andrés Bello" en l966.
Obtuvo doctorados en Psicopedagogía y en Periodismo en Italia. Ejerció el magisterio desde
1969 y la docencia universitaria desde 1973. Profesor Titular Jubilado de la Universidad Nacional Experimental del Táchira(UNET), de la que fue Director de Cultura. Perteneció a la
 "Cueva Pictolírica" de San Cristóbal-Táchira-Venezuela. Miembro de la  Asociación de Escritores del Estado Táchira, de la Sociedad Bolivariana, del Circulo de Escritores de Venezuela, del Grupo Literario "El  Parnasillo" y del Taller Literario "Zaranda". Ha  publicado 6 Poemarios bajo el nombre de ALMACIGO, varias plaquettes y un libro de  ensayos: CUENTA ABIERTA.
 Obras suyas han sido traducidas al vascuence y al italiano. Otras aparecen en las Antologías:
 "Poetas de América le Cantan a Bolívar", "Antología de la Rosa", "El Soneto en Venezuela" y "Sonetos a Bolívar". Su obra aparece reseñada en: "Diccionario General de la Literatura Venezolana" y en "Bibliografía y Hemerografía del Estado Táchira". Colabora en  diarios tanto del país como del Táchira. Premio en la Mención Poesía de la I Bienal Nueva Esparta de Literatura (1991), Venezuela., con su obra: "De La Noche Insomne". Su más reciente poemario se intitula "Asombro al descubierto" de Ediciones Mucuglifo, Editorial Venezolana,  C. A., Mérida, 1996. Éste junto con su Antología "A coro en el asombro" (1998) se encuentran  disponibles en Internet. Premio en la categoría  Ensayo con su obra "La Razón del Tiempo" en Concurso de la Gobernación del Estado Táchira, Venezuela, 1998.
 
 

Autoantología

                                                                                       Pablo Mora

PARA RECOGER  la rabia y la ternura de los sueños. Para escudriñarle los
secretos a las piedras. Para adentrarnos en la memoria de los soles para recordar la vida de
alguien que se llamó Fray Luis y era poeta. O María Bonita a secas. Para encontrarle los
quinientos y tantos sinónimos a eso que llamamos elegir.

Para llegar al corazón del hombre que nos mira desde arriba, de la estrella. O desde abajo, nos
grita, nos pide le ayudemos

Para afinarle la guitarra a alguna tarde. Para dar con el nombre esacto de las cosas. Para
descifrar la semiótica de las flores, las estrellas, los temblores y los pobres.

Para levantarse a las tres de la madrugada a torear la muerte, llena de una larguísima tristeza
con tantos pasos para dar con uno.

Para sabernos vivos todavía “bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento
alto y de luceros”.

Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito más de vida. Para burlarnos de
las comillas de modo que el plagio siga siendo eterno, consubstancial al hombre.

Para saludar a la nieve allá en Saluggia o recordar que a veces el azul está de luto. Para sentir
los taladros de la muerte o las pisadas nocturnas del labriego o los pasos de Dios sobre el
planeta.

Para saber que al hombre lo vigila el corazón. Para convencernos que roja será la rosa en el
azul del sueño. Para llegar al mar y a tanta llamarada viva.

Para caer en cuenta que calladamente, todo, el hombre va dejando. Para acompañar la vida a sol
y sombra, donde sea preciso. Para confiar en la vida repentina o en “la dicha de vivir
completamente”.
 

Para dar con la lluvia deshojada. Para la soledad, el musgo, el conticinio Para cobijar el soñar
de la demencia.

Para la verdad que sólo conocen las estrellas. Para vigilar nuestra rebelde sembradura. Para el
fogonazo o la luz total de nuestras cosas.

Dicho entre comillas, para revelar el mundo, el hombre; para protegernos de la muerte con
pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tenga que inventar cada día.

Para contarle a Manuel Felipe que nadie le canta a la neblina o apenas si se ven las mariposas.
Para caer en cuenta de la nada.

Para que el niño de la Tierra tenga al lado de un Platero su guitarra. Para que la ancha pena
dolorida se esfume diariamente en la alegría.

Para entonar el sideral concierto del turpial. Para alojar en el alero a la antigua serenata.

Para que a Jara lo lleve una paloma entre sus alas. Para abrirle las puertas a la noche por donde
pase la ilusión del alba.

Para que el arco iris vesperal al hombre de la estrella nos remonte. Para que la aurora sea capaz
de convertirse en Dios. Y el canto de la alondra instaure la alegría en el viejo dividive.

Para que el arma se deponga pronto y se empuñe la paz de la mañana. Para que cese el cósmico
dolor de la galaxia. Para que a tantas guerras desbocadas las detenga un bordón adormecido.

Para saber que está completamente prohibido llorar sobre los vivos y menos aún sobre los
muertos.

Para abrazarnos a la Paz desde las barricadas de la guerra. Para prestarle al Comandante su
montaña, su sierra, sus morteros; su soledad, su naufragio, sus planos, sus trincheras, sus
secretos; su escondite, sus manos, sus portentos; para empuñar fusiles nuevamente.

Para prestarle su mochila, su escopeta, su carabina, su boina, su barba, su estrella, su bandera o
arrechera; su revólver, su camisa, guayabera y documentos.

Sus  botas, su pistola, su dolor, su ternura, su sonrisa, su tormento y recovecos; su frente, su fusil
y sus morteros; su fuerza, su foco, su asma, su garganta y su pañuelo.

Su morral, su memoria, sus veredas; su nobleza, su magia y suerte y comunión y poesía y espera;
el tiempo que le falte para una Nueva Era.

Para respirar juntos el silencio del silencio del silencio del silencio del silencio...

¡Para esa Gruta Clara y Luminosa!  ¡Toda nosotros, toda violencia, toda muerte!
Para la aspiración. Para la espiración. Para la queja, la aflicción, para el deseo. Para que sople
el viento blandamente.

Para respirar el aire que quedó en la infancia. Para juntar todos los pasos y oír la algazara de
los sueños. Para los silencios de las sombras que esconden a su Dios. Para el azul que
ennegrece en las colinas. Para la aldea sin molinos, para sus casas de cal, sus cafetales, sus
veredas, sus esquinas, húmedos de llorar por dentro, de tanto ser testigos.

Para el silencio de la arboleda. Para espiar cada aurora y comprobar claramente que el día no
existe, que la noche se apoderó del mundo.

Para enredar las trinitarias con el melindre, la harina y el azúcar del silbido penetrante de la
flauta pequeña de los ángeles. Para cantarle a la fogata. Para la serena mirada de la abeja en
medio de la plegaria de la violeta y el responso de la araña. Para ese párpado de hormiga que
apenas somos.

Para el letargo de las horas, donde yacen el alarido, la conciencia, las carnes vulneradas.
Para despertar a latigazos el silencio.

Para los estambres, las astillas y estallidos.

Para estrenar truenos, trenos, trinos, tiros,
   franjas, fraguas, fragores, fogonazos...
 
 
 

                                      HICIMOS LA MOCHILA

    y nos volvimos vagabundos
Apoyamos las palabras sobre la sangre
Cargamos los dados en la apuesta
Arrestamos al viento al sol las mariposas

Supimos del alma del silencio
               de la piedra que alguna vez fue estrella
                             del sagrado terror de la locura

Fuimos un retrato del alma de la tierra
Dejamos pasar la noche por encima de nosotros
mientras las islas no se cansaban de bañarse

Nos hicimos a la lluvia
        Matamos la tristumbre
  Rompimos alfileres paraguas y repisas
    Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas
                                  Echamos un vistazo al mundo

Nos provocó quedarnos solos en la tierra

           Faltó ponerle trampas a la muerte
 
 

TRAVESÍA

Amplio solar de pena y amargura,
recinto para el llanto y la alegría,
larga tonada, larga travesía.
Viejo estribillo en clave de ternura.

Duro aguijón para la suerte dura,
ardua vereda la de cada día,
ancho portón para la misma vía,
hondo estallido en tiempo de premura.

Ruta sin fondo en la lejana infancia,
donde el azul peregrinaba un día
sin darnos cuenta de su gris fragancia.

Lanza en ristre, con firme rebeldía
va nuestra vida en fúlgida arrogancia
componiendo su propia sinfonía.
 
 

PENUMBRA

De un tiempo acá las noches no son mías,
las aspas del insomnio se han varado,
porque un lúgubre viento huracanado
me dejó solamente con mis días.

De tarde en tarde van mis rebeldías
tras el antiguo puño alucinado,
donde siempre sus furias han anclado,
y en alto empuñan nuevas acedías.

Del brazo del amor que la convida ,
por calzadas de gritos en penumbra,
huérfana de la noche va mi vida

tras un amanecer que al fin alumbra
un día con la noche esclarecida
de azul mañana que la fe vislumbra.
 
 

REGRESO
 

Hoy entreabrí la puerta de la infancia
con la nostalgia vuelta hacia la cuna
y no encontré ni un rastro de la luna
que ayer nomás iluminó mi estancia.

Hoy me inundó la mar de la distancia
al evocar mi vegetal laguna
y en la vieja resaca una por una
fue anclando sus pisadas mi inconstancia.

Hoy me perdí en las ruinas de mi ayer
en busca de un alero, de un cimiento,
de un mango, un cafetal o mi nacer

 y al verme en los umbrales de mi aliento
 honda desolación cruzó mi ser:
 oí que sollozaba mi lamento.
 
 

LA  MANO
 

Salve, mano, alfarera de mis versos,
por quien recobran mis sonetos vida
en el cuarto anular de la partida
y en el sexto pulgar de sus reversos.

Salve, meñique, y sus acentos tersos
y tú esdrújulo índice en salida,
donde cabalga siempre en embestida
la furia de mis ritmos circunversos.

Mis dedos, mis cordiales camaradas,
silenciosos orfebres de mis rimas,
se saben de memoria mi universo.

Tal vez cuando se escuchen las palmadas
con que llame la muerte allá en sus simas
esté mi mano componiendo un verso.
 
 

UMBRAL

Empieza por abrir la soledad
Convéncete del viaje hacia la sombra
Anda de tempestad en tempestad
Adopta la locura de los pájaros

Que vuelvan los caminos a encontrarse
Que haya un tiempo de lluvia floreciente
Nada importe que el viento nos arrastre
Nada exista por dentro de la muerte

Vayamos al misterio como el río
Fijemos a los sueños su mirada
A lomo de coraje y de esperanza

En el canto de todos todo es sueño
Todo es muerte en la vida de los hombres
Todo termina al comenzar la sombra

                                                 MARIELENA

                                                Marielena es una india
                                                con un lunar más grande que la luna

Marielena es luna llena
A Marielena la descubrí a media noche en la espesura
con estos ojos que no eran míos

Marielena es una yegua
descalza entre la espuma
Tiene palmas tiene lunas
Me recuerda el nombre de la noche
    de la copa
    de los vinos
    de la América

Marielena se levanta a la hora de los vientos
                     en medio de mis ojos

Marielena se agiganta
         se recuesta
                  se acurruca cada noche en los rastrojos
            de mi alma

Marielena   puede ser la noche
  puede ser la muerte
  puede ser la calle
  puede ser el sueño
  puede ser la estrella

Marielena  no tiene ausencia
  no tiene casa
  no tiene nada
  no tiene raza

En este instante huele a Marielena
 
 

Marielena el universo
iluminado de estrellas
Marielena casi yo
y yo casi Marielena

Marielena   mi garganta
  mi ronquera
  lo que ha sido
  lo que era

Marielena  casi gruta
  casi era
  todo y nada
  dulce entrega

Marielena   fuiste mía
  fuiste bella
  fuiste pura
  fuiste estrella

Marielena   en esta grada
  siempre sube
  siempre baja
  siempre sabe
  siempre nada

Marielena  Marielena
cada noche cada cuadra
cada pena cada nada
cada rato cada plaza

¿Marielena?  ¿Marielena?
¿Marielena, dónde estabas?
¿Marielena, tu cobija?
¿Marielena   tu  mirada?
 
 
 
 

Marielena   amor ardiente
  siempreviva
  margarita
  madrugada

Marielena   silla y cuero
  pasto y barro
  la que escucha
  lo que canto

Marielena  es una máscara
     una estrella
   casi todo
   todo ella
   una adivinanza

Marielena   solitaria
  casi llena
  casi nada
  todo huella

Marielena   este vaso
  esta plaza
  cuesta arriba
  nunca baja

Marielena   es este bote
  rema y rema
  aquí en mi alma
  aquí en ensueño

Marielena una cualquiera
Marielena capitana
de este sueño y este barco
     de hojalata
 
 
 

Marielena   chubasco
  lluvia seca
  sol mojado
  primavera

Marielena   crudo  invierno
  dura espera
  allá a lo lejos
  aquí en la vera

Marielena es este César
             este Pablo
    este pasto
    esta estera

Marielena es esta angustia
     esta arena
     este trago
     esta pena

Marielena es esta tarde
Esta tarde es Marielena
Esta tarde es esta tarde
Marielena es Marielena

Marielena es lo que quiero
Lo que quieras es Marielena
Marielena es un pedazo
Marielena es Marielena

Marielena es lo que grita
Marielena polvo y agua
Marielena la que ensancha
el cielo de su enagua
 
 

Marielena es una india
     una luna
     una niña
     simple espuma

Marielena es un descubrimiento
   una mina
   un invento
   una puta
   digo
   una diosa vagabunda

Marielena   está durmiendo
  está soñando
  está creando
 

Marielena está  marielenando

Marielena es tuya mía nuestra
Marielena tarde y siempre
Marielena está distinta
Y sigue siendo nuestra

Marielena está aquí
donde el río inunda su nombre
Donde Marielena está estamos todos juntos

Marielena no está aquí donde estuvo
donde no supe conocerla
Marielena está donde la espera la acompaña
   y yo con ella

¡Es decir Marielena está conmigo!
¡Marielena está contigo!
¡Mi alma toda está con Marielena!

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