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APUNTES SOBRE LA MEMORIA
Frank l. Báez
A cada instante aparecen en las revistas científicas los últimos descubrimientos y experimentos que se han realizado con el fin de entender lo que es el funcionamiento de la memoria. Sin embargo, aunque hoy en día se conocen las áreas en que se encuentra la memoria y una serie de funciones, todavía no hemos podido comprender lo suficiente. Existen un sinnúmero de enfoques al respecto, que van desde el psicoanálisis hasta los enfoques actuales de las teorías cognitivas, pasando por descubrimientos neurológicos, etc. No obstante, en esta oportunidad quisiera obviar tanto los enfoques tradicionales como los descubrimientos vigentes, y escribir de la memoria como la conciben los artistas. Así que me he propuesto comparar la memoria, de la manera en que se presentan en tres escritores, que de una forma u otra, los considero afines en el tema: Charles Baudelaire, Marcel Proust y Julio Cortázar. No trato de hacer un despliegue de lo que es la memoria en cada uno, sino explicar el por qué los considero afines en lo que se refiere a la memoria.
En la obra de Baudelaire la memoria juega un papel fundamental. Se ha escrito muchas veces que uno de los grandes méritos de Baudelaire fue traer de vuelta las analogías. Y en cierto sentido me encuentro identificado con esa observación, pues una de las premisas que utilizaré para unificar lo que significa la memoria en los escritores antes citados son las analogías. En muchos poemas de Baudelaire se puede notar como desde el primer verso, el poema se va preparando para desembocar poco a poco en un mar de recuerdos. Por eso es que muchos de sus poemas, empiezan con el había una vez o en una noche, que coloca al lector en el plano de la narrativa para luego adentrarlo en el plano poético. También es muy frecuente que la mención de objetos e incluso, la mención de partes de la fisonomía humana, arrastren al poeta en el torbellino de los recuerdos. A esta habilidad los psicólogos la llaman sinestesia. Sin embargo, esta habilidad fue muy utilizada por los alquimistas y explicada por el místico danés, Swedenborg, que la nombró correspondencia. Swedenborg en su libro Maravillas del cielo y el infierno, la definió de la siguiente manera: "Todas las cosas pertenecientes al mundo natural (es decir al cuerpo, y a los sentidos y a su operación), que derivan del mundo espiritual (es decir, de la mente, y el entendimiento y la voluntad) se llaman correspondencias". También se conocen como analogías, y de esa manera las nombraré en lo adelante.
Para Marcel Proust – el antepasado espiritual de Baudelaire, como el mismo se definía - la memoria es el eje principal de su obra. Proust distingue dos tipos de memoria: memoria voluntaria y memoria involuntaria. La memoria voluntaria es la que va ha estar limitada por la conciencia. Por lo que el recuerdo voluntario, no sería más que aquel recuerdo en que las informaciones que nos proporciona sobre el pasado no conservan nada de éste. Esto se debe a que la memoria estaría influida por lo que son la inteligencia, la percepción y el lenguaje. De esta forma, la memoria voluntaria va a ser una memoria que se transformará acorde con el transcurso del tiempo y la experiencia. En el otro extremo se hallaría la memoria involuntaria. Este tipo de memoria es la que nos interesa, puesto que es la que más se asemeja al mundo de las analogías. Proust escribió acerca de la memoria involuntaria lo siguiente: "...la mejor parte de nuestra memoria está fuera de nosotros, en una brisa húmeda de lluvia, en el olor a cerrado de un cuarto o en el perfume de una primera llamarada: allí donde quiera que encontremos esa parte de nosotros mismos de que no dispuso, que desdeñó nuestra inteligencia, esa postrera reserva del pasado, la mejor, las que no hace llorar una vez más cuando aparecía agotado todo el llanto".
Por Baudelaire y por muchos pasajes de En busca del tiempo perdido podemos argumentar que lo que hace desbandarse la memoria involuntaria es el perfume. No por otra razón, Baudelaire se decidió finalmente a bautizar su libro como Las flores del mal. Cualquiera que le eche un simple vistazo se puede percatar de los perfumes que se desprenden de uno u otro soneto, de los aromas evocadores como navíos que lo conducen a los horizontes huidizos, así como los efectos alucinantes que poseen la cabellera de Jeanne Duval, el almizcle, el incienso, la carroña, etc.
Lo otro que podemos señalar es que la textura de la memoria es la música. No hay que ser experto en música para darse cuenta como muchos poemas de Baudelaire y como las oraciones largas de Proust se hallan influenciadas por lo que es la música Wagneriana. No es más que esa música Wagneriana que evoca las grandes efemérides, que celebra la vida y lo grandioso que es el abrir los ojos ante las maravillas del mundo, la que flota de tanto en tanto en la prosa de Proust.
Al otro lado de esto, pudiéramos colocar a Cortázar. Todas las personas que han leído alguna vez Rayuela conocen la influencia que el jazz de mediados y finales de los cincuenta tiene en la obra. Esencialmente, por el bop. El bop se diferenciaba del jazz tradicional en que se tocaba a una velocidad doble, en que se utilizaba mucho la improvisación y que se caracterizaba sobre todo en el tratamiento del ritmo. Lo que caracteriza alguna prosa de Cortázar, y especialmente, su tratamiento de la memoria, es el ritmo del bop. Mientras que en Marcel Proust se trataba de la búsqueda de sus paraísos perdidos lo que suponía los viajes metafísicos de la memoria, en Cortázar es lo insignificante, lo inostentoso, lo perecido que la hacen volar. Proust escribió lo que sigue en alguna parte de A las sombras de las muchachas en flor : "Pero lo que no pude comprender, y dejé de averiguarlo más tarde, fue el por qué me produjo tal sensación de felicidad el retorno de una imagen tan insignificante". Aquí vemos como Proust considera que evocar lo cotidiano y lo insulso es una pérdida de tiempo. En Cortázar sucede todo lo contrario. En el primer capítulo de Rayuela el protagonista hace la siguiente reflexión: " yo aprovechaba para pensar en cosas inútiles, método que había empezado a practicar años atrás en un hospital y que cada vez me parecía más fecundo y necesario." Y más adelante, en referencia abierta a la obra de Proust: "convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes efemérides del corazón y los riñones..." Aquí se puede ver como de una misma manera de abordar la memoria, se trata de alcanzar diferentes resultados. Lo que demuestra la importancia de lo que sería el ritmo de una época, es decir, como el ritmo que caracteriza una época va a explicar los bamboleos y el fluir de la memoria.
En conclusión, la memoria es quizá la función más importante que tiene nuestro cerebro. Tratar de analizarla desde cualquier punto de vista siempre va a ser fecundo, puesto que aunque a veces no podemos apresarla científicamente, la memoria siempre se va a caracterizar por preservar la identidad del ser humano. Por lo que recalcar la importancia de las analogías como acto poético, y de forma similar, la de la música como textura de la memoria, pueden ser muy determinantes para entender su funcionamiento.
Frank L. Báez
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