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EL EVANGELIO DE LAS MARAVILLAS de Arturo Ripstein
La última película del prestigioso director mexicano es un ejercicio de hipérbole barroca en grado sumo. Una impresionante puesta en escena transporta al espectador a los confines de la miseria mística donde los personajes no son sino caricaturas de nosotros mismos.
La acción transcurre en el interior de una secta milenarista, cuyos integrantes creen en la próxima llegada del fin del mundo. Los parias de la tierra buscan, mediante la creación de la Nueva Jerusalem, construir un paraiso que los acerque sin vacilaciones al juicio final.
La configuración de una nueva sociedad en miniatura, tendrá como base la interpretación personal que sus gurús hagan de las escrituras, incluso de manera cambiante y contradictoria. Asi, en un ejercicio metacinematográfico, los personajes reinventan la estética bíblica partiendo de la imagen que reciben de las viejas películas de Hoollywood. Esto da lugar a una patética y sobrecargada escenografía que se instala permanentemente en el "horror vacui" como hilo conductor del film, donde los personajes también tratarán de llenar sus vidas de ilusiones y esperanzas.

La organización social de tipo militarista, en cuarteles o barracones, según la función que cada grupo desempeña, es harto interesante. Destaca, sobre todo, el cuartel de las magdalenas, donde la máxima de que "el que no peca contra dios, no peca" hace posible reequilibrar la sociedad sexualmente. Esta máxima es llevada todavía más allá, con un planteamiento curiosísimo,cuando la nueva y joven profeta mantenga relaciones con todos los hombres de la comunidad sinn perder su virginidad. Eso sí, por una causa elevada.
Un planteamiento narrativo de gran interés es la compartimentacón en cuadros o pequeños fragmentos, titulados sugestivamente, y que hacen posible un flasblack muy original que presenta en varios cuadros y desde puntos de vista dispares, tiempos coincidentes de la incorporación de varios personajes al grupo.
Los veteranos Katy Jurado y Paco Rabal dotan al conjunto de la experiencia y consistencia necesarias que los más jovenes, donde destaca la sensualidad e inocencia de una desconocida Edwarda Gurrola, rematan con brillantez. Lástima que un desarrollo demasiado simbólico no la hagan excesivamente apta para veleidades comerciales.
Fernando, Octubre 98
