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En el tren. Abril. 1913

Este poema pertenece al libro "Campos de Castilla", que en general podemos
convenir que responde al deseo de reflejar los sentimientos íntimos del poeta a
partir de una visión de la naturaleza contemplada como una sucesión
temporal de diferentes estados anímicos.
Se observa un evocación del paisaje soriano partiendo de la
observación directa del muy diferente marco de la ribera del Guadalquivir. Es
interesante apreciar como esta última, de un riqueza natural más exuberante,
se ve superado por el recio ambiente castellano, que provoca en el interior del poeta una
respuesta más activa, a pesar del distanciamiento espacial.
También hay entre estos dos lugares una relación puramente temporal expresada
en torno a la llegada de la primavera, que no se produce al unísono en los dos lugares.
Este puede ser el eje del poema, estableciendo un claro contraste entre la vida cotidiana y la vida
interior del poeta, sin llegar a encontrar un punto de confluencia.
Todo el poema gira alrededor de elementos exteriores pertenecientes a la Naturaleza, presentados
en una cierta idealidad poética. Pero no son paisajes idílicos a la manera pastoril,
sino que reflejan una disposiciones concretas del autor con aquella tierra.
Si hubiera que efectuar una estructuración del poema, creo que existen tres elementos que la
configurarían. Se trata de tres verbos en primera persona del presente (miro, sé, pienso),
que reflejan la evolución del poema desde el plano más racional y real hacia otros más
íntimos y evocadores. Y todo ello para llegar a la confesión más explícita de la
última estrofa donde se declara abiertamente la deuda del poeta con aquella tierra añorada.
Adentrándonos en el plano métrico, los versos que utiliza el autor son de 14 sílabas o
alejandrinos, estructurados en serventesios (ABAB), y donde la rima es siempre consonante y llana.
La fuerte carga poética que impregna toda la composición no se logra a partir de ampulosidades o
rebuscamientos léxicos, sino que un lenguaje sencillo es elevado y sublimado mediante la acumulación
de elementos y su correcta matización. La adjetivación, aún siendo primordial no es excesiva,
viendose contrapesada por la enumeración de sustantivos de gran carga cromática o plástica
- montañas, serrijones, lomazos, parameras - . Los verbos se convierten en el leve hilo conductor que engarzan