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ALUCINACIONES TRANSVERSALES

La última novela hasta el momento del castellanisimo Delibes, aparte de constituir un valor editorial seguro, se ha querido presentar como un libro que quiebra su trayectoria anterior al sumergirse en un género bastante recurrente en este fin de siglo: la novela histórica.
En realidad creo que no existe alteración alguna en la trayectoria del vallisoletano. Leyendo la novela, Delibes es capaz de transportarnos al fabuloso imperio español del siglo XVI, pero los personajes posiblemente no abandonan nunca el ambiente rural de mediados del siglo XX, paradigmático del resto de su producción literaria.
Fabular el "episodio" de los alumbrados de Valladolid, uno de los escasos episodios heterodoxos modernos de la catolicisima España, es uno de los aciertos fundamentales de esta novela. Y es que nos guste o no, los españoles somos quienes somos debido a todo un proceso histórico que culturalmente nos impregna hasta lo más profundo de nuestro ser.

El contexto de una discrepancia, que puede llevar a seres humanos hasta un Auto de Fe, resulta perculiarmente ilustrativo para enmarcar lo que supone la tolerancia en el mundo actual. En este punto es cuando se transciende el ámbito local para ir hacia los temas universales. Todos vemos diariamente en los medios de comunicación como por discrepancias igual de pueriles se masacran miles de vidas humanas en todos los continentes. Y lo más penoso es que ni siquiera nos inmutamos ante ello.
"El hereje" se presenta como proceso vital completo, que comienza incluso antes del nacimiento del protagonista. Cirpiano Salcedo es el único heredero de una familia pequeñoburguesa castellana. El incipiente desarrollo de la burguesia hispánica se verá fustrado por un inconsistente imperialismo y una mentalidad social donde primará el prestigio - el acceso a la nobleza - frente al desarrollo de actividades productivas. Salcedo será siempre, aún sin saberlo, un individuo que navegará contracorriente. Desde sus intentos de innovación industrial y comercial, hasta el descubrimiento de su propia sexualidad, pasando por el cuestionamiento de los dogmas religiosos, todos son elementos muy de su tiempo, de la Europa de su tiempo. Pero chocan frontalmente contra las bases estructurales y superestructurales de una España con veleidades imperiales.
La perfecta simbiosis entre un rico lenguaje, eminentemente rural y ya practicamente en des-uso, y una constante sencillez y claridad expositiva, junto con una trama bien estructurada, hacen de "El hereje", posiblemente, la culminación que se merece de una obra literaria absolutamente coherente como la de Miguel Delibes.
Fernando Olaya
Enero 1999