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PARAISOS BIODEGRADABLES

SPANISH FILMS VERSUS

"BARRIO"
Mientras que los Estados Unidos han convertido sus películas urbanas de temática marginal en un auténtico género, en el resto del mundo estas historias no suelen rebasar el estadio localista que las engendra. Los chicos del Bronx se han hecho famosos en el mundo entero, mientras que los de Vallekas no pasan de ser meros españolitos. Pero esto no se corresponde, a lo peor casi nunca, con el tratamiento de argumentos universales.
Lejos de planteamientos de sus predecesoras en el cine español, aunque sin despreciar la deuda con ellas, en "Barrio" se ha producido una transmutación de objetivos que la convierten en un producto único. Ya no estamos ante héroes efímeros de un telediario, ni frente a producciones impregnadas de moralina, sino que una nueva perspectiva, más totalizadora, de la problematica suburbial se materializa en la pantalla.
La fina ironía, la de la vida misma, que recorre todo el metraje de esta cinta es uno de sus valores fundamentales. La mirada inocente de tres adolescentes que despiertan a un mundo de perdedores, es más un aprendizaje que un trauma psicológico. Esta no es la historia de una rebelión sin sentido, sino la toma de conciencia de la propia personalidad en un entorno hostil. La variedad de soluciones que apliquen los protagonistas serán, precisamente, parte de la riqueza y autenticidad del planteamiento
En el plano cinematográfico hay que destacar el flash-back final que cierra la historia de una manera, sencillamente, deliciosa. Trabajar con actores noveles se supone un tarea difícil, pero Crispulo, Timy y Eloi merecerían otra oportunidad en este mundillo por lo sobresaliente de sus actuaciones, muy bien arropadas por secundarios de toda la vida. La hermana, Maieta Orozco, es simplemente una delicia. El tratamiento de las imágenes y una perfecta arquitectura interna complentan sus méritos
Si su primera obra "Familia" ya apuntaba interesantísimos planteamientos y una imaginación desbordante, con este film se confirma la llegada de un nuevo director de cine que, sin duda, que habrá que marcar muy de cerca.

El señor Auster es un reputado escritor, al que no critico en esta faceta por no haber leído sus libros, que un buen dia se encontró arrastrado por la vorágine del septimo arte. Tras colaboraciones excelentes en las aclamadas "Smoke" y "Blue in the Face", en las que oficiaba de co-director y/o guionista, se lanza ahora a la dirección en solitario.
Esta película, por llamarla de algún modo, es sencillamente una tomadura de pelo. O más finamente, una porquería. La gratuidad, que en algunos autores puede llegar a la categoría de arte, es aquí simplemente el único recurso con el que se cuenta para introducirnos en una historia de amor de lo más ñoña.
Toda la cinta es triste, muy triste. Pero no debido a lo que en ella se nos cuenta, sino por las ganas de llorar que le entran a uno cuando tras los primeros veinte minutos adquiere la certeza de que allí no va a ocurrir nada. Por lo menos nada que tenga el menor interés.
Hervey Keitel es, posiblemente, uno de los mejores actores de los últimos años. Pero además es, normalmente, una garantía de calidad a la hora de seleccionar un filme. Su facete de productor y su apoyo a experiencias innovadoras y nuevos talentos, su buen hacer en el mundo del cine, han debido de ser traicionados por un leve pecado de amistad. Esta es la única explicación que encuentro a su participación en tramaño desaguisado. Idem por Lou Reed.
Confundir el sentido poético con la instulticia o la interpretación con el estreñimiento, son cosas que pasan, incluso a menudo, en el llamado septimo arte. Aprovecharse de la expectación que levantan trabajos, que se me antojan, ajenos es una felonía. Lástima de 750 pelas (unos 5 dólares al cambio) y de las dos horas perdidas. La verdad, no me queda absolutamente ninguna gana de leer un libro de Paul Auster -por mucho éxito que tenga-.