HUMPHREY BOGART

Algunas cuestiones:

SIEMPRE NOS QUEDARA BOGART: FOTOS

Lo que nos dice Maruja Torres: COMENTARIO

A Humphrey Bogart le ocurre lo que al Cine: se ignora la fecha exacta en que nació; es centenario, y parece que nos haya acompañado desde siempre. Una nueva biografía resulta oportuna, y mejor si es la más completa, pero a Bogart no se le celebra literariamente solo cuando irrumpen entre nosotros los libros que cuentas o descuentan su vida. Bogart está en mucho de lo que leemos: en el género policiaco o en la novela negra; y en algunos relatos clásicos de Hemingwai. Porque lo que confiere a este actor, o , mejor dicho, a este personaje del cine, una extraordinaria modernidad, una capacidad indefinida para perdurar, es que encarnó mejor que nadie al hombre de este siglo, forjado en las trincheras de guerras engañosas y decepcionantes posguerras; inevitablemente descreído y, pese a todo, con cierta humedad romántica en el fondo de los ojos, un melancolico brindis por el amor perdido.

Tengo ante mí un retrato que le hizo Yousuf Karsh en 1946. La silueta evanescente del humo de un cigarrillo a medio consumir brota de sus manos expresivas. El mira más allá del humo, y su especial cabeza, el pelo ya escaso, la frente fruncida y un leve trazo irónico en sus labios, todo eso no me habla de él, de Bogart, sino de cuantos hombres fue en la pantalla. Del que al final de Casablanca parte a luchar por una causa; y tambien del que, en Cayo Largo, viene de hacerlo y se encuentra con que en su país siguen triunfando los truhanes de siempre. Del que creía en el periodismo en El Cuarto Poder y del que sólo creía en su barca y su botella en La Reina de Africa.

Quizá porque, pese a sus numerosas intervenciones anteriores en películas poco memorables, el verdadero Bogart cuajó para siempre en su madurez, al incorporar al Rick de Casablanca, nos evitó que le recordemos como un joven optimista o esperanzado. Un laborioso y poco brillante pasado compuesto por intervenciones pequeñas, y casi siempre haciendo de malo para la Warner, seguramente le otorgó suficiente amargura, junto con otros accidentes de su historia, como para la imagen que por fin consiguió transmitirnos no contuviera ingredientes banales.

Para su suerte y la nuestra, le tuvimos a este lado del paraíso, en donde conviven vigorosamente la falta de fe en el ser humano y la búsqueda irrenunciable de la integridad, valores de sobria expresividad como la amistad y el amor verdadero (esté donde esté), y el consuelo que aportan a la condición humana la existencia del alcohol y cigarrillos.

Que Humphrey Bogart ocupe semejante lugar en nuestro imaginario es logro tan cinematográfico como literario: es arte. Cualquiera que haya sido su vida.

PULSA AQU

01/06/99 16:31