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Voluntad, fortaleza y perseverancia
Por Jorge MELENDREZ, desde México
Hirim
Amigo lector, alguna vez te has preguntado: ¿cuáles son los límites de tu capacidad ante el éxito o el fracaso? Si no lo has hecho, vale la pena que reflexiones sobre ello, pues significa, de alguna manera, que empiezas a conocerte a ti mismo y sobre todo, a saber de lo que eres capaz de soportar y en consecuencia, de lograr. Esto último también significa, desde otro punto de vista, que empiezas a tomar conciencia de tus propias fuerzas y debilidades, las que deberás tener muy presente cuando tengas que enfrentar las vicisitudes de tu vida.
No es nada nuevo que el hombre debe de enfrentar de manera permanente situaciones ante las que debe de tomar decisiones y lo que es más importante, emprender acciones en uno o en otro sentido buscando arreglar aquéllas que puedan ser solucionadas o bien, atenuar las cuya solución cae dentro de otros ámbitos externos y por lo mismo ajenos al hombre mismo.
Aquí toman importancia estas tres excelentes virtudes, la voluntad, la fortaleza, y la perseverancia, una, para que te ayude a mover las fibras de tu conciencia y te atrevas a tomar decisiones factibles, otra, que te ayudará para tener las fuerzas suficientes para ponerlas en marcha, y la última, para no desistir en el empeño y llegar hasta el final del camino. La voluntad es el vehículo en que te mueves, la fortaleza es el combustible que mueve al vehículo y la perseverancia eres tu mismo frente al volante. ¡Así de sencillo!.
Quién renuncia a la búsqueda de logros, es un acomodaticio, es incapaz de grandes acciones y por lo tanto, siempre espera que los demás realicen el esfuerzo de hacer lo que le corresponde, en una palabra, es un espíritu falto de iniciativa, mientras que aquél que se fija metas, y objetivos, y hace hasta lo imposible por lograrlos aún a costa del dolor que le pueda causar llegar a obtenerlos, es un ser lleno de voluntad, fortaleza y perseverancia, en hombre de carácter, un ser formado para la acción, en una palabra, un hombre seguro de si mismo. Aquí, el género es lo menos importante, la lección se aplica por igual a hombres y mujeres.
Recuerdo ahora que en el primer párrafo del excelente libro del maestro José Ingenieros, intitulado El Hombre Mediocre puede leerse una idea que en si misma, aislada del contexto de todo su contenido, tuvo hace mas de cuarenta años y aún tiene, un valor muy especial para la formación de las conciencias de las juventudes de este fin de siglo; no en vano fue proclamado en Argentina, su patria, como el maestro de las juventudes latinoamericanas. Dicho párrafo dice mas o menos así: "Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, es que llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones, por lo que debes custodiarla, pues si la dejas apagar, no se reenciende jamás; y si ella muere en ti, quedas inerte para siempre."
Puede verse la profundidad de la idea desarrollada por Ingenieros, y que de alguna manera tiene una relación muy estrecha con la necesidad que tienen los jóvenes de hoy de conocerse a si mismos para templar su carácter y con ello, ser capaces de grandes acciones. Esta idea es algo que poco es tomada en cuenta en los tiempos actuales, donde prevalece la comodidad y el relativo esfuerzo, sin embargo, ello no significa que no sean valores vigentes.
Al respecto, es útil recordar una pequeña historia que relata la presencia de éstas tres virtudes en la persona de Sir. Edmund Hillary quién en un dìa como hoy, 29 de mayo pero de 1953, conquistó la cima del Everest por vez primera. La historia señala que éste hombre ya había tenido un primer intento en el año anterior en el cual había fracasado, sin embargo, en una reunión en la que fue invitado de honor por su hazaña frustrada, con toda su insatisfacción pero con su alto espiritu de grandeza, se paro en medio del escenario, lejos del micrófono , con voz sonora y los brazos en alto, dijo:
"¡Everest!, ¡Everest! ¡Me venciste en esta ocasión, sin embargo, yo te ganaré en la próxima, porque tu ya creciste todo lo que podías... pero yo sigo creciendo!.
Un buen ejemplo de perseverancia, unido a una ferrea voluntad y una fortaleza a toda prueba, lo que prueba la veracidad del aforismo popular que reza; "El que persevera, alcanza". ¿No lo cree usted así, amigo lector?
Jorge Melendrez
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