Reflexiones...

 

 

La voz del enano

 

 

 

Por Jorge MELENDREZ, desde México

Hirim

 

En nuestra vida cotidiana, permanentemente nos enfrentamos ante situaciones en las que es necesario tomar decisiones; algunas de carácter trascendente y otras no, pero sin embargo, cada una de ellas implica, por regla general, cambios en el rumbo de nuestra vida, de tal manera que estas decisiones deben de tomarse con alto grado de madurez y con el valor y la responsabilidad de asumir los riesgos que ellas implican.

Por otro lado, el ser humano es temeroso de todo aquello que desconoce o bien de situaciones que se presentan en determinadas circunstancias que no entiende o no tiene muy claro cada una de las variables o sucesos que requiere analizar, por lo que entonces debe de poner en juego todas sus aptitudes y capacidades reflexivas con el fin de tomar la mejor decisión. El temor al fracaso es situación común, más, sin embargo, no debe ser una limitante para esconder la cabeza y dejar de actuar.

Normalmente las decisiones implican optar por dos o más alternativas, a veces un Sí o un No; y en este último caso, la decisión deberá ser siempre producto de una actitud seria y razonada y nunca por el temor de equivocarse. Aquí radica el nivel de madurez y confianza que el hombre tiene de sí mismo.

Por otro lado, es importante hacer notar que siempre al poner en juego nuestras capacidades de razonamiento y análisis, tenemos junto a nosotros una voz interior, la que nos guía hacia una u otra alternativa, por lo que es primordial que aprendamos a distinguir el tono de voz que escuchamos, ya que así como nos habla nuestro yo audaz y reflexivo, también nos susurra al oído un personaje perverso, un ser aparentemente mítico, pero que sin embargo es real por su capacidad de convencimiento y el poder que puede ejercer sobre nosotros con sus argumentos basados en su personalidad mediocre. Este personaje es el enano mentiroso, el enano enredista, el enano indeciso y temeroso, el enano abúlico y comodino, en fin, simplemente enano, ya que siempre esta tratando de enredarnos con sus razonamientos falaces de fracaso anticipado, sin permitirnos actuar y asumir los riesgos naturales que estamos obligados a tomar como parte de nuestra vida.

Una de las cualidades, si es que puede llamársele así, es que este maligno personaje es un enano persistente y no nos deja en paz hasta que logra su cometido: reírse de nuestros propios fracasos. En ese sentido actúa como un diablillo que busca siempre nuestro mal y el de quienes nos rodean.

Ante tales situaciones, lo único sensato es cerrar la frecuencia en la que nos habla el enano, y abrir ampliamente la de nuestro gigante, el que quiere vernos siempre feliz y animoso, lleno de vitalidad y de sueños y anhelos positivos, de metas y objetivos de triunfo, el que nos hace sentir que todo el realizable, que nada es difícil si ponemos todo nuestro empeño y entusiasmo, el que nos eleva hacia las alturas y nos deja recrear nuestra imaginación con logros factibles, y sobre todo, que nos hace ver la vida con entusiasmo y optimismo positivo y con sentimientos de ayuda hacia nuestros semejantes, ese gigante es nuestro ángel guardián, un ser dimensionado en la presencia del creador y que por instrucciones del mismo, no nos dejara caer en el error de actuar conforme a la sugestiva voz del enano malicioso. ˇ Cuidado, este enano no duerme.!

 

Jorge Melendrez

Hirim

 

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