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La humildad: una virtud clave

Por Jorge Melendrez

 

Cultivar la humildad no es tan solo un acto de desprendimiento de cosas materiales que nos pertenecen, sino la aparente contradicción de tener que negarse a uno mismo, desprendiéndose de su ser íntimo sin legar la auto estima, ayudar a los demás sin dejar de recibir para dar, acusar sobriedad dentro de la sabiduría y sobre todo, amar a nuestros semejantes de manera desinteresada e incondicional.

 

La humildad es una de esas virtudes que se nutre abundantemente de otras para llegar a ser manifiesta. Entre estas, podemos citar a  la mansedumbre, la modestia y la flexibilidad, virtudes todas que requieren de alta dósis de energía positiva del ser humano, para llegar a consolidarse, pues los vicios opuestos están muy arraigados en nuestra vida cotidiana que prácticamente funcionan como contapeso en la conducta y comportamiento que no permiten su manifiestación.

 

En efecto, regularmente somos enérgicos en nuestro trato, no buscamos comprender a los demás; somos tambien inflexibles ante nuestras posturas, las que consideramos siempe superiores y mejor que las del resto de las personas; somos soberbios por naturaleza, pues no aceptamos nuestros errores y tenemos la tendencia a ver siempre y únicamente los errores de los demás. Y que decir de inmodestia y la presunción, pues por regla general tenemos la tendencia a demostrar o presumir de nuestros haberes, resaltándoles y siendo excluyentes con los de los demás. ¡ ... Actitudes humanas cotidianas y permanentes!.

 

Como podemos ver, la humildad es una de las virtudes más difíciles de modelar y adquirir, pues requieren del cultivo y práctica de otras tantas como las ya descritas, a las que podríamos añadir a la sobriedad y el desprendimiento como virtudes morales adquiribles, así como la fé, y la caridad como virtudes teologales o infundidas directamente por dios, por mencionar tan solo algunas.

 

La humildad es, dentro de las virtudes morales o adquiribles, la que más trabajo cuesta modelar, pues se requieren altas dósis de amor y entrega a la vida y al servicio de los demas, que prácticamamente se requiere una vida como la de la madre Teresa de Calcuta o la de Mahatma Gandhi.

 

Ya lo he contado aquí antes, es una pequeña historia referida a un hermano de la orden Franciscana que vivió en vida monástica por mas de cuarenta años de su vida, haciendo el bien y ayudando a los demás de manera permanente. Así vivió, ganándose el respeto y reconociminto de sus demás hermanos, los que sin saberlo, cultivavan una semillita de sobervia en el corazón de aquel noble Franciscano, pues en el lecho de su muerte, dando gracias al señor, dijo: ¡...Gracias Dios mío por haberme dado la oportunidad de ser el más humilde y desprendido hijo tuyo en esta orden religiosa!.   Y en ese preciso instante, el señor que lo miraba le sususrró al oído: ¡ Arrepiéntete hijo mío  de tu sobervia !.

 

Dios es justo y en esta vida no nos pide ser santos y totalmente entregados a él; para serlo, envia a este mundo a las almas excepcionales. Dios tan solo nos pide que seamos humanos y virtuosos, gente de bien y de hábitos en constante perfectibilidad, que si caemos sepamos levantarnos, que oremos cotidianamente y seamos respetuosos con los demás seres humanos, Es muy poco lo que nos pide, y la virtud de la humildad, es la clave para alcanzar la cercanía de dios. ¿No cree usted?. [ JM] Desde la Universidad de San Miguel. Tels: 16.15.05 y 16.19.76  e-mail: univsanm@docs.ccs.net.mx.

 

Jorge Melendrez

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Jorge Melendrez y flia.

México

 

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