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Una voz en el desierto

Por Jorge Melendrez

Una de las más grandes responsabilidades que tenemos los padres con relación a la educación de los hijos, es que debemos enseñarlos a distinguir entre lo que es bueno y lo que no lo es, así como también, entre lo que sirve para hacer el bien y lo que se utiliza para hacer el mal.

Es bueno que los hijos aprendan a desarrollar sus habilidades y con ello su potencial para desenvolverse en la vida cuando ya no estén tan cerca de nosotros por el hecho de que sus alas empezaron a crecer, y  por ley natural, deban de volar solos.  Los padres debemos de aprender también a soltarlos para que adquieran confianza en sí mismos. Esta es la única forma de educarlos para la vida, cualesquier otra manera, es hacerlos dependientes y cómodos ante situaciones cotidianas.

No hace mucho tiempo un padre de familia se quejaba de que su hijo no participaba en las tareas del hogar y que solo pensaba en sí mismo y en sus diversiones. Ante esta lamentable situación, me atreví a preguntarle sobre cual era la explicación que él le daba a este hecho, respondiéndome que todo era por la influencia que sobre él ejercían sus amigos, y además, por el hecho de que por su propia naturaleza, su hijo siempre había sido muy indolente.  ¿Cómo la ve usted? Me dijo el padre de familia, ¿Qué cree usted que debemos hacer?.  ¡...Bueno, le dije, a estas alturas es poco lo que se puede hacer, pero debemos de partir de la premisa de que no todo esta perdido, y que su hijo sabrá entender que vivir en familia es vivir en una comunidad donde cada uno de los miembros tienen una determinada obligación, sin embargo, -añadi -, esta obligación debió ser enseñada desde que el hijo era pequeño, en la edad en la que los padres podemos influir en ellos a través de una pequeña regla de compensaciones, es decir, yo te doy para tus gastos, pero tu ayudas en las tareas de la casa, entre otras de igual significado. ¡Si ¡, me dijo, estoy de acuerdo, pero en este momento, ¿que debo hacer?. En ese instante me acorde de una carta juvenil que cita María Pliego Ballesteros en su libro: “Los valores y la Familia” (Editorial MI-NOS) y que a la letra dice: “ Quise calor humano y me dieron un biberón,/ Quise tener padres y me dieron juguetes,/ Quise hablar con alguien de mis inquietudes y me dieron un libro,/ Quise aprender y me dieron calificaciones,/ Quise pensar y me dieron conocimientos,/ Quise una visión amplia de las cosas y me dieron un punto de vista,/ Quise tomar decisiones y me pidieron docilidad,/ Quise amar y me dieron reglas,/ Quise una profesión con sentido de la vida y me dieron un puesto ejecutivo,/ Quise felicidad y me dieron dinero,/ Quise libertad y me dieron un coche,/ Quise esperanza y me dieron miedo,/ Quise cambiar el mundo y recibí compasión,/ Quise vivir y ...”

¡Entiendo, me dijo! Hoy he aprendido una lección.  ¿Quiere decir que la forma en que eduque a mi hijo desde pequeño, es la razón por la cual el se comporta de esta manera?, ¿Significa acaso que haber sido siempre complaciente fue la razón para no enseñarle el valor de las cosas?, ¿Quiere decir, entonces que haberle quitado las piedras del camino, solo sirvió para hacer de él una persona cómoda, incapaz de ver por sí mismo.? ¡Así es, en efecto!  Los padres tenemos la buena actitud y además, el legitimo derecho de desear lo mejor para nuestros hijos, partiendo casi siempre de la premisa de que “no queremos que ellos sufran las limitaciones que nosotros tuvimos”, sin embargo, en esa muy legitima aspiración, caemos en el error de limitarlos en sus capacidades de búsqueda y hacerlos dependientes de terceros. No los ayudamos a que se les temple el carácter.

A los hijos debemos criarlos con mucho amor, a vivir en familia, con mucho respeto a su individualidad y a que aprendan a valerse por sí mismos. La fórmula, como ven, es muy sencilla, sin embargo, parece que son frases que se gritan en el desierto, pues de generación en generación, seguimos cometiendo los mismos errores sin aprender la lección. ¿Y usted, como ha criado o está criando a sus hijos?  (JM) ...Desde la Universidad de San Miguel. E-mail: univsanm@docs.ccs.net.mx   Tels. 16-15-05, 12-90-22.

 

Jorge Melendrez

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Jorge Melendrez y flia.

México

 

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