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Lo que todos debemos hacer

Por Jorge Melendrez

Las noticias que aparecen diariamente en los periódicos locales y que tienen un tinte de carácter informativo sobre casos donde prevalece la violencia, se han venido convirtiendo en “lugares comúnes” y por lo mismo, en aspectos que ya se ven con naturalidad por el hecho de ser cotidianos, sin embargo, en ejercicio de una actitud reflexiva, valdría la pena preguntarse que podemos hacer desde nuestro ámbito y circunstancia para evitar que estos hechos sucedan.

 

Podría decirse que con el fin de evitar la morbosidad que generan éste tipo de noticias, sería conveniente que las autoridades educativas establecieran un código de ética periodística donde sea censurable que los medios informativos le dediquen amplios espacios a la difusión de hechos delictivos, sin embargo, tampoco se puede atentar contra el derecho a la información que ejercen los medios y tampoco, los hechos delictivos se acabarían por el simple hecho de ocultarlos o minimizarlos.

 

La realidad es una, los hechos delictivos y las conductas antisociales se dan dentro de una sociedad que crece en número desde el punto de vista cuantitativo y donde además, prevalecen altos índices de marginación social y de pobreza extrema, por lo que la búsqueda de soluciones debe darse dentro de diversos ámbitos dentro de la sociedad y en la que participemos todos, incluyendo entre todos, al gobierno en sus tres niveles y ámbitos de responsabilidad, a los padres de familia, a los maestros, a las autoridades, a los jovenes, a los medios de comunicación en sus diferentes modalidades, a los organismos intermedios de carácter privado y social, a las instituciones públicas, a la iglesia como institución formadora de conciencias, en fin, a todos, pues el problema no es solo de unos cuantos, es de la sociedad en su conjunto.

 

Concebido el problema de esta manera, entonces habría que conformar programas de carácter específico dentro de cada uno de los ámbitos de quienes participen, así, el Gobierno como autoridad civil, además de mejorar las conductas de los servidores públicos mediante un código de ética para lograr mayor credibilidad, deberán establecer estrategias tendientes a reforzar los programas de prevención del delito, de seguridad pública y de impartición de justicia; los padres de familia por su parte, mejorando sus conductas  cotidianas para ser ejemplo de probidad ante los hijos y además, ejercer ante éstos la autoridad moral vigilando y sancionando sus conductas dentro del hogar y fuera de el; los jovenes, adoptando mejores actitudes ante la sociedad, pues ser jóvenes además de un privilegio, encierra una responsabilidad ante la vida, pues es la edad en la que templa el carácter, dedicando además mayor tiempo al deporte y actividades recreativas, que a los placeres y la vanalidad; la iglesia, como institución formadora de conciencias, modificando y adecuando la doctrina a las necesidades y condiciones actuales de la sociedad, sin perder por ello la esencia de su ministerio; la escuela, entendiendo por esta a toda su estructura curricular en todos los niveles, mejorando los métodos de enseñanza y preocuparse más por la formación real para la vida de los niños y los jóvenes y abandonando actitudes de simulación docente. Y así, podríamos hacer una interminable lista de buenos propósitos y responsabilidades de todos y cada uno de quines participamos en la sociedad en la búsqueda del bien común y de una convivencia sana orientada a preservar los valores fundamentales del hombre; en una palabra, viviendo para la vida y la paz.

 

Tan solo como un ejercicio reflexivo y de manera propositiva, me atrevo a plantear dos aspectos que de alguna manera le dan sustento a los puntos anteriores, uno, relacionado con la responsabilidad del estado en materia de educación y otro, la responsabilidad de la iglesia como institución formadora de conciencias. En el primer caso, considero conveniente que el estado, establezca modelos educativos que esten orientados a mejorar la calidad de la vida y sobre todo, moldear las conciencias del ciudadano, y así como se le invierten recursos cuantiosos para la educación básica, de nivel medio superior y superior a través de subsidios, y también, en institutos especializados en formar para el trabajo, se establezcan programas de carácter extraescolar donde se haga énfasis en aspectos que si bien es cierto corresponden al hogar, quienes deciden formar un hogar no reciben educación específica para ello, pues no existen “cursos especiales” para formar esposos responsables y solidarios y desde luego, padres en el sentido amplio del término, dándose así un círculo perverso donde la familia delega a la escuela la responsabilidad de educar, cuando la escuela solo tiene la obligación de “informar”. Quizá un ejemplo sencillo nos ilustre mejor lo antes dicho; por mucha enseñanza de civismo y de normas de conducta ciudadana que se le imparta a un joven de primaria o secundaria, si dentro del hogar prevalecen conductas de influyentismo, de irresponsabilidad, de ostentación y falta de solidaridad, de constante violación a las normas de convivencia, es lógico que el joven se formara a imagen y semejanza de lo que prevalece en el hogar, dando al traste con los objetivos programáticos de la escuela que se esforzo en darle la mejor información relacionada con “el deber ser” de las cosas.

 

Por lo que respecta a la iglesia, y atendiendo a los principos de la llamada “programación neurolinguistica”, sería pertinente que se planteara una interpretación más positiva de los bien llamados “mandamientos” de la ley mosaica, y cuya interpretación de siglos ha sido resaltando lo “negativo”, es decir, estableciendo prohibiciones como por ejemplo, “no matarás”, “no codiciarás las cosas ajenas”, “no desearás la mujer de tu prójimo” entre otros, que mejor planteados podrían ser: “preservarás la vida”, “compartirás tus haberes”, “venerarás y respetarás la mujer ajena” etc. etc., pues estudios científicos, nos indican que el cerebro no registra la palabra “no” en el nivel del subconciente y por lo tanto, todo aquello que se niega o se prohibe no es bien atendido. ¿Y usted que piensa al respecto? [JM] Desde la Universidad de San Miguel. ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

 

Jorge Melendrez

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Jorge Melendrez y flia.

México

 

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