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Frutos de la misma semilla
Por Jorge MELENDREZ, desde México
Hirim
Dijimos en nuestra colaboración de la semana pasada que las personas de calidad son aquellas que cultivan el hábito de la humildad y que además, se dan de manera incondicional. Dijimos también, en una clara justificación de las debilidades humanas, que Dios, no buscó hacer del hombre pléyades de santos, pues de otra manera, no nos hubiese dado el libre albedrío al habernos hecho a su imagen y semejanza, es decir, llenos de perfección.
Por lo anterior, le recordamos a nuestro amigo Coronel, - no es del ejército- que le toca al ser humano decidir el como conducir su vida, si por el lado de la perfección, ejerciendo su derecho inalienable de ser santo, o por el lado de la imperfección, renunciando a ese preciado derecho. En una palabra, el hombre es ante si mismo, el arquitecto de su propio destino, en ello radica la libertad otorgada por el altísimo.
Si la elección es por el camino de la imperfección, al hombre aún le queda el recurso del arrepentimiento, y ante esta situación, Dios es el único que perdona; pero si se elige el camino de la perfección, aquí podemos encontrar dos frutos de la misma semilla, quienes verdaderamente dedican su vida hacia la santidad, y aquellos que viven dentro de normas y valores éticos, con sobriedad, humildad, honestidad y buenas costumbres.
Los primeros, los que tienden a ser santos, trabajan mucho en su vida interior, son altamente espirituales, su norma de conducta es la moral, y sus metas son las virtudes. Están llenos de vida religiosa y donde se paran, es un espacio lleno de luz.
Por otro lado, quienes tienden a ser seres humanos de calidad, viven conforme a las normas éticas que la sociedad y el derecho imponen y cultivan los valores como parte de su esencia terrenal. Están llenos de bondad y de sentido de justicia, y donde se paran, dan ejemplo de sobriedad y sobre todo, de educación y atenciones hacia los demás.
Estos últimos, son más fáciles de encontrar, quizá ante la presencia de Dios consigan la santidad, sin embargo, conviven entre los hombres estando expuestos a los pecados cotidianos. Estos hombres cultivan el valor de la temperancia, pues son fuertes ante la adversidad y la oportunidad de cometer errores, y si caen, si se dejan llevar por las circunstancias, saben reflexionar y reanudar el camino de la perfección.
Por su parte, quienes viven y actúan en una constante vida espiritual, son seres mas cerca de lo divino que de lo humano y su fuerza radica en la oración perfectamente conectada con el ser supremo. Estos últimos son mucho muy difícil de encontrar, son como dijimos en nuestra reflexión anterior, varones como el Santo de Asís o Santa Teresita del Niño Jesús.
En los años recientes hemos conocido a hombre de la misma semilla de santidad, más identificados con nuestro tiempo, mas humanos, mas justos, más entregados a nobles causas, Llenos de sabiduría y del don de Dios, pero sin embargo, muy cerca de los hombres mismos; Aquí brillan con luz propia Ghandi y a la Madre Teresa de Calcuta.
Una pequeña fórmula para mejorar la calidad de nuestras actitudes y buscar tener calidad de vida, es centrar nuestra atención en hacer crecer las virtudes opuestas a nuestros defectos, en lugar de luchar por atemperar éstos últimos.
Si nuestro ego es la gula, debemos trabajar en la sobriedad, si nuestro ego es la avaricia, debemos cultivar el desprendimiento, si es la pereza, la laboriosidad, y así, en poco tiempo, veremos que por ser frutos de la misma semilla, nuestra vida se llenara de más sobriedad y tranquilidad con nosotros mismos, y en consecuencia, seremos más tolerantes con los demás. ) Y usted, ya identificó sus egos ? [JM] Desde la Universidad de San Miguel. e-mail univsanm@docs.ccs.net.mx Tels. 16-15-05 y 16-19-76.
Jorge Melendrez
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