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Sobre la miseria humana
Por Jorge MELENDREZ, desde México
Hirim
No hace muchos días, en una misa de domingo, leí una historia muy hermosa y aleccionadora que a decir verdad, me dejo pensativo, -lo que finalmente son la razón de ser dichas historias- tanto que hoy la traigo a cuento por el hecho de que con frecuencia observo a mi alrededor que la conducta de los seres humanos son con mucho, alejadas de las buenas lecciones que la religión nos enseña.
La historia trata de un viejo mercader que siendo muy rico, acrecentaba su fortuna como prestamista, cobrando intereses muy altos aprovechándose de las necesidades de la gente que lo buscaba. (Cualquier parecido con la realidad actual es mera coincidencia) Al morir, este hombre fue llevado a la presencia de los ángeles encargados del proceso de vida eterna, y pudo constatar que en la sala de espera, había muchas personas conocidas, pobres a quien en más de alguna ocasión les prestó algún dinero y a quienes nunca les perdonó ni un solo día de moratoria.
Se dio cuenta también que los ángeles eran muy esplendidos al momento de designar la eterna morada, pues podía percibir que asignaban grandes mansiones, con bellos jardines, música celestial, y muchas otras comodidades que pensó para sí mismo: ¡Vaya, después de todo no esta tan mal haberse muerto, parece que aquí se la pasan muy bien.! Añadiendo a sus pensamientos, el hecho de que si a aquellos pobres hombres y mujeres que habían vivido en la miseria en la tierra les tocaban grandes mansiones, a él quizá le estaría reservada la más grande y mejor, pues había sido un hombre rico e importante.
Llegado su turno, un ángel lo llamó y le dijo: -- ¡Ven conmigo al lugar que será tu eterna morada; llevándolo por lugares oscuros, sin vegetación, de espacios lúgubres y de malos olores donde le asignó un pequeño espacio entre cuatro paredes donde había un destartalado camastro y le dijo: --Aquí será tu morada por los siglos de los siglos, y además, tendrás que trabajar en penitencia por tus pecados. -- ¿Pero como, le dijo el viejo prestamista al ángel?, -- ¡ No puede ser, si yo fuí un hombre muy importante allá en la tierra!, añadiendo: -- Además, yo he visto que a otros les ha dado lugares majestuosos, y yo te puedo pagar incluso más que ellos. -- ¡Así es, en efecto, sé que puedes hacerlo con el dinero que les quitaste a los demás!, Le dijo el ángel. Pero aquí en el cielo la calidad de la morada no se compra con dinero, sino con las buenas obras que se hayan hecho allá en la tierra; y aquí, en tu archivo personal, no encontramos antecedentes de buenas obras realizadas y por lo tanto, con lo que hiciste que fue prácticamente nada, solo te alcanzó para esto que te asignamos. ¡Esto es lo que te mereces!
La historia tiene varias lecciones, todas ellas importantes y cada uno de nosotros debe de reflexionar sobre las que mejor se le acomoden, pues ¿quien tiene mejor conocimiento de uno mismo, si no es que uno mismo?.
La reflexión debemos de hacerla con la más pura de las intenciones, apegándonos en estricto sentido a nuestros principios éticos, morales o religiosos; despojándonos de cualquier actitud de complacencia o justificación, tal y como si estuviéramos frente al tribunal del juicio final, donde no tendremos oportunidad de mentir ni de sobornar a nadie y donde además, nos recordarán cada uno de nuestros actos en la vida, los buenos y los malos, incluso aquellos que por conveniencia hemos mantenido en el olvido pero que en el archivo celestial están siempre actuales y vigentes.
Hoy, que aún estamos con vida, tenemos la oportunidad de meditar acerca de nuestras conductas y en consecuencia, cambiar lo que tengamos que cambiar, para bien nuestro aquí en nuestra morada terrenal, atendiendo al principio de la excelencia humana, que señala que por cada buena acción que hagamos, recibiremos beneficios multiplicados, y además, también atendiendo al beneficio de vida eterna que es posible podamos recibir, pues hasta ahora nadie ha demostrado lo contrario y sigue siendo "un acto puro de fé"; y que tiene relación con otra historia, la de un ateo que en el lecho de su muerte dijo: ¡ Sí, me arrepiento pero pensando para si mismo:, ¿... pues y que tal si sí hay cielo? ¡En nuestras manos está cambiar nuestras conductas apegadas a la miseria humana ! [JM] Desde la Universidad de San Miguel. e-mail univsanm@docs.ccs.net.mx Tels. 16-15-05 y 16-19-76.
Jorge Melendrez
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