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La meditación, medicina del alma
Por Jorge MELENDREZ, desde México
Hirim
¡Los problemas existen, ni quien lo dude.! Nadie, absolutamente nadie esta exento de tener algún problema; lo importante en cada caso son dos cosas, una, la actitud ante el mismo y dos, la disposición de enfrentarlo. No todas las personas adoptan la misma actitud, algunos, simplemente los ignoran, otros más tratan de solucionarlos aunque no hacen lo suficiente, y los menos, son quienes los enfrentan como si estos fuesen un reto a vencer. Estos últimos son quienes adoptan la decisión de solucionarlos y analizan todas las posibilidades antes de emprender una acción resolutiva.
Esta clase de hombres, son de manera natural de carácter proactivo y siempre hacen hasta lo imposible por ir en busca de las soluciones y nunca esperan que otros hagan lo que les corresponde. Son seres con el carácter templado, prestos para la acción y sobre todo, con una clara visión de lo que quieren y como van a lograrlo. No son de los que dicen: "Si tu problema tiene solución, para que te apuras, y si no la tiene, ¡también! ... para que te apuras."
Los seres humanos de esta estirpe, están siempre preparados para enfrentar los obstáculos y emprender la lucha, saben que no tienen una eternidad para tratar de solucionar los problemas y en consecuencia, han buscado de manera previa desarrollar el potencial que tienen dentro de si mismos. Son conocedores de sus habilidades y sobre todo de sus fortalezas.
Templar el carácter no es fácil, se requiere de muchas horas de trabajo interior, fortaleciendo su temperamento y por lo mismo, el carácter que los distingue. En cierta ocasión leí algo que es atribuido a Goethe, que a la letra dice: "Yo respeto al hombre que sabe a ciencia cierta lo que desea. La mayor parte de todo el perjuicio en el mundo nace del hecho de que los hombres no conocen suficientemente sus propios objetivos. Han emprendido la construcción de una torre y no invierten más trabajo en los cimientos que los que sería necesario para erigir una choza."
Es indudable que esta ha sido una de las mas grandes preocupaciones del hombre, pues ya en el siglo XVII, Goethe, en su máxima obra Fausto, escrita alrededor de 1774, reflejaba las inquietudes y la lucha del hombre con su propio yo, la lucha del hombre contra sus instintos y sus ser material.
No hay duda que alcanzar un estado de excelencia requiere de muchas horas de trabajo, pero de trabajo serio y programado, de profundo interés por llegar al fondo de los problemas y todo ello se logra de una sola manera, a través de la reflexión y el análisis y esto solo lo pueden lograr quienes han aprendido a meditar, a buscar dentro de sí mismos las respuestas, a escudriñar dentro del alma para encontrar, como decía Platón, la esencia del conocimiento adquirido en el "Topus Uranus", lugar mítico al que este filósofo de la antigua Grecia le atribuía la virtud del conocimiento intrínseco.
Los seres humanos de este y los siglos que han transcurrido después del nacimiento de Cristo, han estado enfrascados en una lucha permanente entre el bien y el mal, y por lo general, desde las armas más rudimentarias hasta el napalm y los cohetes teledirigidos usados en la guerra del golfo, es el mal y la destrucción lo que ha acompañado al hombre; son muy pocos los que se han aventurado a buscar el bien y la salud del alma y el espíritu, son muy pocos los que alzan su voz de paz en medio de la guerra y la barbarie.
Victor Frankl, escribió durante su cautiverio en un campo de concentración, "...nunca debemos olvidar que también podríamos encontrar significado en la vida, incluso cuando confrontamos una situación de desesperanza, cuando se enfrenta un destino que no puede ser cambiado. Porque lo que importa es ser testigo del potencial único del hombre en su mejor momento, lo cual significa transformar una tragedia personal en un triunfo, convertir los propios predicamentos en logros de la humanidad. Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación-solo piense en una enfermedad incurable como lo es el inoperable cáncer- se nos lanza el reto de cambiarnos a nosotros mismos. Victor Frankl escribió este párrafo inspirado seguramente en Dostoievsky, escritor de su preferencia, que en cierta ocasión escribió: "Solo hay una cosa que temo: no ser digno de mis sufrimientos."
Ante todo lo anterior, vale la pena empezar a meditar, pues la meditación es como una medicina para el alma. ¿No lo cree usted así, amigo lector? (JM) Desde la Universidad de San Miguel. Tel 16-15-05 y 16-19-76.
Jorge Melendrez
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