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Me
gustaría hablar sobre estos ángeles tan especiales y tan maravillosos que he
tenido la oportunidad de conocer al menos una vez en mi vida en circunstancias
muy dolorosas.
Sabemos que el nacimiento y la muerte nos ofrecen
oportunidades para trabajar con estos ángeles de manera curativa. La vida y la
muerte son los umbrales por donde el alma entra al cuerpo físico y sale de él.
Estos ángeles provienen de un orden muy elevado, del rango de cuidadores
celestiales conocidos como los “poderes”.
Ellos ocupan la frecuencia que está por encima del
plano de los arcángeles y sobre los principados. En el arte antiguo se mostraba
con frecuencia a los poderes como rayos. Posiblemente porque utilizan una carga
eléctrica especial para conectar el alma con el cuerpo al nacer y para
liberarla a la hora de la muerte.
Las enfermeras suelen relatar que cuando un paciente abandona la vida se ve como un destello de luz que se desprende de su cuerpo. Estos ángeles del nacimiento y de la muerte son deslumbrantes por su belleza y están rodeados por una intensa aura de luz. Son los seres que vemos antes de nacer y los primeros en recibirnos después de nuestra muerte. Brindan consuelo y una sensación de seguridad a las personas que han partido.


Cuando
un bebé nace, asisten muchos ángeles para recibir su llegada. Además del ángel
de nacimiento, viene su ángel protector , los ángeles de todos los que están
allí presentes, los ángeles de curación y los ángeles de vinculación.
Si participas de un nacimiento, ya sea porque estás
dando a luz o bien porque estás presenciando un parto, invita a los ángeles a
unirse contigo en tu corazón. De esta manera fortaleces la necesidad de que
todo salga bien y que el nacimiento está infinitamente bendecido por su
presencia angelical. En estos casos suelo pedir que los ángeles de la curación
bendigan y guíen las manos de los obstetras para que sea un parto saludable y
sin dificultades.
Asi
como el nacimiento es un nuevo comienzo en la vida , la muerte puede ser un
camino a la evolución espiritual. Permite que el alma que se ha atascado en su
evolución o que haya concluído su misión en
la tierra continúe su viaje para seguir evolucionando, más allá de que
la partida de alguien nos genere mucho dolor, esto debemos aceptarlo como parte
de la evolución espiritual de esa persona.
Si estas cerca de alguien que está a punto de
partir, puedes trabajar con tu ángel y el ángel guardian de esa persona con el
fin de que su partida sea en paz y sosiego absoluto.
Si estas con una persona a punto de fallecer pídele a tu ángel que te guíe en las palabras de reconforte que debes brindarle antes de partir y que te ayude a expresarlas de la mejor manera posible. La transición debe estar llena de paz y si tú estás allí es porque en un plano superior te han elegido para ayudar a esa persona a partir en paz.

El
ángel del perdón
Les contaré la única experiencia que he tenido con los ángeles de la partida.

Hace aproximadamente dos años atrás, moría una de
las personas que formaba parte de mi vida personal a la cual yo quería mucho. Más
allá de dolor de su partida, sabía que esto sería mucho más difícil de lo
que suele resultar un velatorio. Mi tía había partido con mucha tristeza en su
haber, con necesidades afectivas del amor de su hijo, amor que siempre supe que
estaba, pero que muchos dudaban, menos yo. No suelo encargarme de llevar a cabo
un velatario, porque soy algo aprehensiva, suele hacerlo mi madre, salvo que
esta vez mi madre estaba enferma y no podía hacerse cargo. Las posibilidades de
que alguien reemplazara a mi madre eran tan escasas... Sentía que ese día sería
el comienzo de algo nuevo y no sabía qué ni cómo sería, pero todo empezaba
en mi.
Llegué a la casa donde se velarían los restos de mi
tía, junto a mi, mi tío, un ser que amo desde lo más profundo de mi corazón,
lleno de ternura, de un profundo pesar y dolor, muy enfermo. Mi tío es diabético
insulínico, y cualquier emoción fuerte puede ser mortal para él. No me sentía
capacitada para sostener tal situación, sin embargo estábamos allí, él y yo
a solas.
Recuerdo que llevé mi libro de ángeles en mi bolso
para recurrir a ellos cuando me sintiera agobiada y temerosa. Asi lo hice.
Recordé todo y cada una de las palabras que había leído sobre los ángeles de
la partida y rogué por su presencia. Cuando llegó el féretro, mi tío se
descompuso, entró en coma diábetico y sentí que su vida estaba en mis manos.
¿Qué podía hacer yo con tanto miedo y dolor encima?...solo orar, así lo
hice. Llamamos a la ambulancia y lentamente mi tío empezó a recuperar su vida.
"Gracias Señor" dije. Pero aún faltaba lo peor y tal vez lo más
gratificante. Sabía que mi tía había partido con su corazón destrozado
por la presencia de su hijo. Me pregunté una vez más que podía hacer yo aquí, para ayudar a los
deseos de mi tía, al desconsuelo de mi tío y
a mi primo que acaba de llegar al velatorio. Humanamente nada, pero con
la ayuda de los ángeles lograría que esta situación se revirtiera con el
poder del amor. Necesitaba que mi tío y mi primo recordaran que este momento no
eran momentos para reproches sino un momento para volver a estar juntos en la
vida, en el dolor. No fue nada fácil, se los aseguro. Asi que pedí asistencia
angelical y lo dejé en sus manos. Solo pedí que me sacaran las piedras del
camino para lograr este hermoso propósito de unirlos nuevamente en el amor que
yo sabía que existía pero que ellos por desaveniencias familiares habían
dejado de lado.
Me acerqué al féretro y le prometí a mi tía que
se iría en paz, que se quedara tranquila que el amor de su hijo estaba intacto
y le pedí su perdón para con él.
Empecé a orar y le rogué a mis ángeles y a los ángeles
de la partida que me ayudaran. Es el día de hoy que no recuerdo todo lo que
escuche en mi interior. Eran frases dichas con tanto amor...hablaban del amor
del Señor, del poder del perdón, no se cuántos minutos
duró la oración, pero fue muy efectiva y dió sus frutos. Llevé a mi
primo hasta el féretro y le dije que le hablara en silencio a su madre y que le
expresara todo su amor y todo lo que no tuvo tiempo de decirle en vida, sabía
que ella lo escucharía porque el poder del perdón hace milagros. Hablé con mi
tío y le dije que el deseo de mi tía era verlos juntos otra vez, unidos como
padre e hijo en el amor. Vaya si me costó.....le expliqué que un abrazo en
silencio con amor y sin reproches eran mucho más fuertes que tantas broncas y
horas de dolor. Le pedí que aceptara que mi primo se acercara a él y que
dejara quizas solo por ese momento el resentimiento de lado. Me lo prometió.
Busqué a mi primo, lo tomé de la mano y lo llevé ante él. Se miraron , se
abrazaron y lloraron juntos. Pude comprender que esas lágrimas son las lágrimas
que brotan de un corazón arrepentido y lleno de amor, lágrimas que limpiaron
asperezas y que dieron lugar al amor, una vez más al amor.
Di las gracias a todos los ángeles que me habían
sostenido en este momento tan duro, y por la fé que saqué de mis entrañas
cuando en un momento sentí que no iba a poder con esta situación. Lloré
porque el amor de Dios es tan infinito, que me permitió crecer espiritualmente.
Lloré porque pude sentir que mi tía por fin partiría en paz, sabiendo que los
dos seres que más quería en su vida estaban juntos de nuevo, en el amor.
Gracias amados ángeles.......

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