«...Corre aquí aire de frutos,
aire de buenos, aire de bravos». JOSE MARTI
La tierra del Babalawo
Por: María Argelia Vizcaíno
El vocablo GUANABACOA es aborigen y significa:
«lugar alto de mucha agua». Al llegar los colonizadores
españoles encontraron un gran número de indígenas
viviendo en esta zona, por ser un territorio generoso y apropiado,
y al recrudecerse el sistema de conquista, queda este poblado como
«ASILO DE TODOS LOS INDIGENAS QUE ANDAN ERRANTES», refugiándose
en éste los escasos nativos supervivientes de las inmediaciones
de La Habana. La cercanía de Guanabacoa a la importante bahía
de la capital habanera, facilita a la Corona española para
reemplazar los débiles aborígenes, en su mayoría
desaparecidos, e introducir en la zona los esclavos africanos procedentes
de diversas etnias, por eso es que en esta población es donde
primero se sincretizan todas las religiones africanas, manteniendo
su vigencia y expandiéndose a toda la isla y al exterior. Es aquí
donde más agrupaciones mutualistas afrocubanas se crearon.
Uno de los babalawos (máximo líder en la Regla Ocha) más
famoso fue Arcadio Calvo Espinosa, quien en 1949 fundara la «Asociación
de hijos de San Antonio» (cofradía de ayuda mutua) y
fundador y mentor de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, inscrita
en el gobierno provincial de La Habana. Pero a él se le internacionaliza
por la famosa canción de «UN BRUJO EN GUANABACOA»
que popularizara Abelardo Barroso y otros cantantes de la época.
Sin embargo, se desconoce que ese «Brujo» que cobraba...
«1.05... sin contar gallo y paloma... y 4.75 que ya se me había
olvidao», era uno de los hombres más humanos que existieron,
repartiendo cariño y consuelo. Que siendo un hombre modesto
fue una de la personas que más funerales pagara a las familias
pobres y en la mesa de su casa, en la calle Bertematis No. 113 (entre
Luz y Corrales), siempre había un plato dispuesto para el
que lo necesitaba. Se recuerda a Guanabacoa la «brujera»,
por esa canción pegajosa y hasta graciosa, y no se dice que
también es un pueblo de fervor religioso, venerando a Nuestra
Señora de la Asunción, desde el 15 de agosto de
iglesia del Campo Santo, (hoy Calixto García, en el barrio oeste
de la Asunción); allá un humilde indígena nombrado
Jusepe Bichat, convertido al catolicismo, logró gran notoriedad
al entregar su vida a la oración y la penitencia, y clavar
una gran cruz en la loma más alta donde tenía su humilde
choza, de ahí la fama de la Loma de la Cruz. Es bueno recordarles
que en Guanabacoa en 1762, fue donde por primera vez en Cuba se utilizó
«la carga al machete», frente al invasor inglés,
y el Alcalde Mayor, José Antonio Gómez de Bullones, dio brillo
internacional a su pueblo natal con victoriosas acciones guerrilleras,
por eso para honrar a su héroe el pueblo nombró a Guanabacoa
«La Villa de Pepe Antonio». No me gusta que identifiquen
a Guanabacoa solamente como la Tierra del Babalawo. No olviden que
además de santuario de indígenas cuenta entre sus riquezas
con una abundancia de corrientes termales y minerales que gozan de
prestigio salutífero; recogida en acucioso informe por el sabio
prusiano Alejandro de Humboldt. Que fue cuna de patriotas. Donde
existieron el mayor número de instituciones dedicadas al progreso
cultural del país, siendo la continuación cultural artística
de La Habana. Contando con la primera Escuela Normal para Maestros
de Cuba. Rica en talentos. Además de la Tierra del Babalawo,
fue también la de Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Rita Montaner
y la mía.
CUESTIONARIO PARA NO PERDER LA CUBANIA Y PARA
LOS QUE QUIERAN CONOCER
NUESTRAS COSTUMBRES.
ciudades son colindantes, es como decir «no
hay rosas sin espinas».
prestigiosas figuras que asistían a
sus magníficas veladas ¿quién fue el
principal Secretario de la Sección
de Literatura (1878)? Nuestro Apóstol
José Martí.(En este Liceo se
le daba entrada a todos mientras fueran
bien vestidos, no importaba la clase y la
raza, algo extraordinario en
una época donde existían tantas
diferencias de este tipo.)
exhibiciones? Concepción (Concha) Ferrant.
año (1945)? Mario Fernández
Porta.-
«La culminación de todos los
eventos guanabacoenses se concentran en la celebración de
‘La Tutelar’, la fiesta en honor de la Virgen de la Asunción
el 15 de agosto, esta Virgen forma parte de la vida cotidiana de
los guanabacoenses.»
DRA. CONCEPCION LOPEZ(Semanario Libre, de
Miami)
La Tutelar
Suele aplicarse la palabra «tutelar»
a ángeles, númenes y genios protectores, pero en Guanabacoa,
mi tierra natal, se utiliza este vocablo para destacar a la patrona,
guía, que defiende y ampara la villa: Nuestra Señora
de la Asunción de María. Traigo a colación este tema,
porque las fiestas de nuestra patrona fueron de las más llamativas
y muy distintas a las que se realizaban en el resto de los pueblos
de la isla además, ser de las más antiguas. Fue un
15 de agosto de 1578 que un misionero llamado Francisco celebró
la primera misa en la iglesia de Campo Santo (hoy Calixto García)
y Amenidad, Barrio Oeste de la Asunción. Con la cooperación
del protector de indígenas Don Hernán Manrique de Rojas
el 15 de agosto de 1721 (otros historiadores dicen que 1678) y grandes
aportes de otros vecinos, se inauguró la parroquia mayor bajo la
advocación de Ntra. Sra. de la Asunción, apareciendo en su
nicho central una gran imagen de la virgen. Por tal motivo, cuando
en 1743 el rey Felipe V quiso honrar a Guanabacoa con el título
de Villa, otorgándole su correspondiente escudo de armas la
consagró con el nombre de Villa de la Asunción de Guanabacoa.
A partir de 1883, se le dio el título de Camarera de la Virgen a
la Srta. Rosario Lima Renté que vivía en la calle conocida
después de la república como Martí entre Versalles
y San Antonio, allí tenía una réplica de la
virgencita que permanecía todo el año en su capillita. La
Srta. Rosario era la encargada de vestirla, ponerle el manto de terciopelo
azul y oro, llenarla de flores y demás atributos. A diferencia
de otras procesiones patronales la misma imagen que salía a
las calles no era la que se exhibía en la parroquia Mayor, sino
la que permanecía todo un año en el zaguán de
esta casa. Cada 31 de julio, desde el campanario de la iglesia, entre gran
repique de campanas y salvas de voladores se izaba la bandera con
la imagen de la patrona para dar comienzo a las fiestas. El
día 14 salía la procesión de casa de la camarera cargando
el trono sus fornidos hijos, la mayoría hombres de la raza
negra, que al ritmo de las distintas bandas de música que
la acompañaban, y otras veces al repique de los tambores bajaban
la virgen para hacer las reverencias en diferentes puntos, como por
un tiempo que pasaban por el Hospital llevando fe y consuelo a los
que sufrían. Para esto existieron directores o guías
que cooperaban con los cargadores para evitar los accidentes que
podrían ocurrir por las irregularidades de las calles estrechas,
los baches, el fango y la multitud que se concentraba. A las
del público asistente en los carruseles y caballitos de los parques
que estaban en Corralfalso y San Andrés y al l ado de la Parroquia.
Se decía que si a las 12 en punto no explotaban los fuegos
artificiales la virgen lloraba, o sea, que ese 15 de agosto llovía.
(Algo muy frecuente en esa temporada en Cuba). El día 15 más
temprano salía nuevamente la procesión pero ahora de la
iglesia y desde las casas aledañas adornadas con luces de bengala
le tiraban flores, haciendo un largo recorrido que finalizaba en
la concurrida iglesia para concelebrar aquella histórica misa
del 15 de agosto de 1578. Después, se le agregó la
Fiesta de la Octava por un milagro ocurrido a Don Cornelio de Mendoza
que habiendo perdido la visión, se presentó frente
a la imagen de la madre de Cristo para que intercediera por él
ante su hijo. Al poco tiempo, recobró el preciado sentido y en
agradecimiento le dio dos legados, para que se celebrasen dos misas
solemnes, una el domingo siguiente al 15 de agosto y otra el día
que él muriera que ocurrió años después
por el mes de octubre. Convirtiéndose así la festividad
de la Octava en un suceso único de esta histórica villa,
con la que finalizaba el homenaje anual a la Patrona. Este último
domingo regresaba la pequeña réplica de la virgencita en
procesión otra vez a la casa de la camarera, ofreciéndole
una vez más una lluvia de flores desde las edificaciones aledañas.
Nuestra Tutelar es muy milagrosa. Me contó mi hermano q ue
recién llegado a California, se unió a un grupo de
guanabacoenses que cada año celebraban la fecha guiados por
el sacerdote Joaquín Ereu, el catalán maestro de los
Escolapios, que tanto amara a nuestro terruño. Allí oró
porque nuestra familia volviera a estar unida, y seis años después
llegamos mis padres, mi esposo, mi hija mayor y yo, pudiendo compartir
con nuestros hermanos en el exilio nuestra soledad, el amor a la patria
oprimida, pero sobre todo, nuestra fe en la madre de nuestro Señor.-
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